| Artículos | 01 FEB 2007

Mejorar la red inalámbrica

Tags: Histórico
Juan Blázquez.
La actual tecnología wireless se revela como una buena alternativa para el despliegue de redes de pequeño-mediano tamaño, pero no siempre funcionan correctamente. Seguir unas sencillas recomendaciones en su despliegue y mantenimiento, permite afinarlas y obtener mejores rendimientos.

Las ventajas y beneficios que plantean las redes inalámbricas frente al despliegue convencional basado en cable, resultan muy atractivos para solucionar multitud de situaciones de forma limpia y sencilla. La proliferación de este tipo de redes así lo evidencia. Sin embargo, hay ocasiones en las que no se consiguen los resultados esperados y sus beneficios se diluyen en conexiones lentas y multitud de incidencias de funcionamiento que desesperan a usuarios y técnicos de soporte. La facilidad de despliegue de estas redes, básicamente pinchar y empezar a funcionar, hace que se pase por alto considerar aspectos sencillos, pero básicos para conseguir una red wireless afinada que cubra las expectativas que llevaron a su instalación. A la hora de plantear el despliegue de una nueva red inalámbrica o revisar la que ya está montada, valorar cómo resolver algunos detalles de este tipo de instalaciones puede evitar muchos problemas y sentar las bases para conseguir los mejores rendimientos posibles.
Uno de los primeros aspectos a considerar en la búsqueda del mejor rendimiento de las conexiones inalámbricas está en el tipo de dispositivos que se utilizan, la tecnología o estándar sobre el que están construidos las tarjetas de red, puntos de acceso y resto de componentes implicados en este tipo de redes. La tecnología wireless en vigor actualmente parte del estándar 802.11b para obtener velocidades de operación que oscila entre los 2-5 Mbps. Los dispositivos con el marchamo 802.11g proporcionan un acho de banda significativamente superior, hasta 5 veces más, mientras que con los componentes que ya es posible encontrar según las especificaciones del inminente estándar 802.11n permiten alcanzar velocidades que duplican a esta últimas. Siempre hay que considerar que sólo en condiciones ideales de funcionamiento las conexiones inalámbricas pueden alcanzar el límite teórico que establece cada estándar. Para las redes inalámbricas de nueva creación, la propia dinámica del mercado “obliga” a adquirir la última tecnología, por lo que en este caso no hay demasiadas dudas sobre qué se ha de comprar. Cuando se trata de mejorar lo ya instalado, sí hay que valorar el impacto que la tecnología utilizada tiene en la respuesta que obtiene el usuario. Nada se puede hacer para mejorar la velocidad tope en dispositivos 802.11b. Hay que plantearse actualizar los componentes más antiguos por otros de tecnología más reciente, pensando en comenzar por los puntos de acceso, routers y repetidores, aquellos componentes que marcan el ritmo de las conexiones, para seguir con los dispositivos finales, equipos de escritorio, portátiles y otros. Una actualización que puede abordarse de forma escalonada y sin miedo a que aparezcan problemas de compatibilidad, puesto cada nuevo estándar en sus especificaciones obliga a mantener compatibilidad con los anteriores. Es posible conectar dispositivos 802.11g con 802.11b y lo mismo ocurrirá con 802.11n, respecto a los anteriores.

En aras de la compatibilidad
Sí es importante, aunque pueda parece un detalle nimio, intentar que todos los componentes utilizados sean del mismo fabricante. Los estándares garantizan que las tecnologías sean abiertas y que los dispositivos con distinta manufactura puedan conectarse. Sin embargo, en la práctica, la libertad de los fabricantes para implementar las especificaciones de los estándares puede provocar problemas de “entendimiento” entre componentes de distinta marca. Normalmente suelen ser problemas de negociación a distintos niveles, que no impiden la conexión, pero que provocan que no se produzca en las mejores condiciones y el rendimiento se resiente, respecto al que cabría esperar teóricamente. Además, los fabricantes suelen desarrollar tecnología propia en exclusiva, algoritmos de funcionamiento, drivers y otras técnicas, para mejorar las prestaciones de sus productos, capacidades que se pierden cuando se interconectan con dispositivos que no tienen las mismas posibilidades. La red inalámbrica rendirá con componentes que puedan dar lo mejor de sí mismos, lo que se consigue cuando todos ellos tienen la misma manufactura.

El poder del software
En este sentido, también tienen una gran influencia los drivers y firmware que hacen funcionar a los distintos componentes. Un controlador obsoleto o incorrecto para una tarjeta de red penaliza sensiblemente su funcionamiento. Interesa cargar los drivers de la propia marca, evitando, en la medida de lo posible, aquellos otros más genéricos, como los que puede incluir el sistema operativo. Instalación que se ha de hacer siguiendo las recomendaciones que para su instalación y configuración hace el fabricante. Y mantenerlos actualizados. Los fabricantes renuevan periódicamente los drivers para corregir fallos de funcionamiento detectados y mejorar sus prestaciones, por lo que interesa visitar periódicamente la sede web de los fabricantes para comprobar estas actualizaciones o suscribirse al servicio de difusión que muchos de ellos tienen para avisar de estas novedades. Recomendaciones que son extensibles para el mantenimiento del software que se integra en los routers, puntos de acceso y repetidores, que les hace funcionar, conocido como firmware. Cada marca se preocupa de renovar este software, aunque con menor frecuencia, y conviene incorporar las actualizaciones que se liberen para mejorar distintos aspectos del funcionamiento de los dispositivos. Estas actualizaciones suele ser una operación sencilla y perfectamente documentada por el fabricante, que puede ser emprendida sin necesidad de unos conocimientos técnicos profundos.
Por otra parte, la cobertura de la red, la calidad de la señal, obviamente, también incide y mucho en el rendimiento de la red. Las distancias que se han de cubrir resultan cruciales en las redes inalámbricas y una señal pobre retrasa ostensiblemente la transmisión. Por ello, los puntos de conexión, ya sean puntos de acceso como tal o routers, conviene que estén ubicados en un punto central del espacio físico que se deba cubrir, para conseguir que la señal se difunda en todas las direcciones correctamente y, muy importante, libre de obstáculos que puedan provocar interferencias u obstrucciones a la señal. No interesa que los dispositivos que marcan el ritmo en la red inalámbrica se encuentren mal ubicados, encerrados en habitaciones u ocultos entre el mobiliario. Estos dispositivos normalmente vienen equipados con antenas que difunden su señal en todas direcciones, por lo que no es buena idea colocarlos en paredes que dan al exterior, cerca de donde no hay dispositivos inalámbricos que conectar o rodeados de estorbos, puesto que así, se pierde parte de la señal. Un archivador metálico en el radio de acción de estos dispositivos puede ser un obstáculo insalvable y los usuarios que se encuentren en esa trayectoria pueden tener muchos problemas para conectarse en buenas condiciones.

Buscar mejoras en la señal
Si las condiciones del espacio físico donde se debe instalar la red inalámbrica no dejan más opción que convivir con obstáculos y otras circunstancias materiales que entorpecen la señal, hay que valorar la posibilidad

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