| Artículos | 01 ABR 1999

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Un ambicioso proyecto multinacional ha requerido el desarrollo de nuevas tecnologías informáticas, tanto de hardware como de software, que están creando un nuevo estándar de análisis de datos astronómicos de tal complejidad, que podría utilizarse en otros proyectos científicos.
Las siglas "SDSS" (Sloan Digital Sky Survey) albergan uno de los proyectos internacionales más ambiciosos: la observación y cartografía astronómica de nuestro Universo, en el que participan más de un centenar de astrónomos de EEUU y Japón con un único telescopio. Este ingenio, que no es el más grande del mundo (2,5 metros de diámetro) pero que ha sido construido con las más avanzadas tecnologías y que dispone de novedosas plataformas informáticas, está situado en el observatorio de Apache Point, en Nuevo México, y el objetivo es determinar la posición y el brillo de doscientos millones de objetos. De momento hay resultados, pero hasta el año 2005 no habrá concluido el estudio, que contendrá diez veces más información que todos los actualmente disponibles. Los expertos estiman que, en su fase final de datos, habrá más registros espectrales de galaxias y estrellas que todos los publicados en la historia de la ciencia. La información que se generará rivalizará en cantidad (quince millones de bytes) con la que contiene la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
En el escenario del proyecto y a modo de actores principales figuran, además del centenar de investigadores, siete universidades de EEUU, así como la NASA, el Departamento de Energía, la Fundación Nacional de la Ciencia y un consorcio científico japonés. La cartografía del proyecto "Sloan Digital Sky Survey" proporcionará imágenes en cinco colores, para conseguir una panorámica en tres dimensiones de una cuarta parte del Universo visible. Algunos de los impulsores de este descomunal proyecto no dudan en asegurar que será una guía de campo del Universo, que se utilizará en el futuro por los astrofísicos. Así las cosas, cuando dispongan de un catálogo de todos los objetos que componen una fracción significativa del Universo, los investigadores podrán observar cómo se distribuye la materia en tres dimensiones en el cosmos, y profundizar en el conocimiento sobre los mencanismos físicos que convirtieron una "sopa" primordial de materia en la primera red de galaxias surgidas tras la gran explosión ("Big Bang"). Una de las principales innovaciones del telescopio de Apache Point es su cámara digital, considerada como uno de los instrumentos más complejos hasta ahora desarrollados para la captación de imágenes astronómicas.
El telescopio de Nuevo Mexico incorpora dos avanzados espectrógrafos, que han sido diseñados y construidos por investigadores de la Universidad Johns Hopkins. Con ellos se obtiene información sobre la composición química y distancia de las fuentes astronómicas analizadas, permitiendo fijar sus posiciones de manera tridimensional en el espacio. Los dos espectrógrafos del telescopio, situados en su parte trasera, exigieron tres años de trabajos ininterrumpidos, y una inversión de unos ciento cincuenta millones de pesetas. Para realizar cada observación, los científicos sitúan una placa de aluminio mayor que una pizza entre los espectrógrafos y el telescopio. Las placas presentan diminutos orificios, que están alineados con una increíble precisión respecto a las posiciones de las galaxias y otros objetos que son observados. Cuando la luz atraviesa cada uno de estos agujeros, se recoge en cada caso por una fibra óptica que la transporta a los espectrógrafos. Los datos se graban por los sensores informáticos de luz (CCD) para su posterior almacenamiento en potentes ordenadores. El volumen de información que se consigue de esta forma es tan inmenso, que ha presentado grandes problemas a los investigadores para su rápido análisis y distribución. Este proyecto ha requerido el desarrollo de nuevas tecnologías informáticas, tanto de hardware como de software, que están creando un nuevo estándar de análisis de datos astronómicos de tal complejidad que no sería de extrañar su utilización en otros proyectos, científicos de gran alcance.


José María Fernández-Rúa, Periodista. Jefe del Departamento de Ciencias del diario ABC. Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York.

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