| Artículos | 01 MAR 1998

LHC, megaciencia para el nuevo milenio

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rúa.

Uno de los proyectos científicos de mayor relieve del próximo siglo, la construcción del Large Hadron Collider (LHC), el más importante acelerador de partículas, ha asegurado su viabilidad con la incorporación financiera y científica de Estados Unidos. En este colisionador, de 27 kilómetros de circunferencia, situado bajo la ciudad suiza de Ginebra, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) pretende detectar el bosón de Higgs, considerado como la ?piedra Rosetta? del origen de la masa.

De acuerdo con los cálculos actuales, el LHC podría empezar a operar en el año 2005, gracias a que Estados Unidos aportará unos ochenta mil millones de pesetas para su construcción durante los próximos ocho años. Federico Peña, secretario de estado de energía del gobierno norteamericano, tras suscribir el acuerdo junto con Neal Lane, director de la Fundación Nacional de Ciencia de ese país y los máximos responsables del Laboratorio europeo de Física de Partículas (CERN), Christopher Smith y Luciano Maiani, aseguraba que ?nos hemos embarcado en un viaje científico extraordinario y cuando se escriba la historia de los próximos cincuenta años, el LHC y toda su ciencia de ideas y tecnologías ocuparán uno de los mayores capítulos?.

El acuerdo compromete a Estados Unidos a proporcionar componentes y materiales valorados en treinta mil millones de pesetas para su utilización en el acelerador, así como cuarenta mil millones que se destinarán a equipos de los grandes detectores ?Atlas? y ?CMS? del Large Hadron Collider. Estas cifras mastodónicas permitirán que alrededor de cuatro mil científicos e ingenieros, procedentes de cuarenta y cinco países, entre ellos España, trabajen en el desarrollo de esos gigantes detectores.

La participación norteamericana, en su conjunto supone un 10 por ciento del coste total del LHC que será construido dentro del túnel del acelerador LEP, que cruza bajo el suelo las fronteras de Francia y Suiza. En esta máquina, equipos de radiofrecuencia acelerarán dos haces de protones hasta alcanzar una velocidad próxima a la de la luz.

Asimismo, potentes imanes superconductores guiarán estos haces hasta los puntos deseados de colisión. La energía liberada por el choque tendrá unas magnitudes mastodónticas, y los científicos calculan que serán siete veces superiores al del acelerador de mayor energía que funciona en la actualidad, el ?Tevatron?, instalado en el Fermilab de Chicago. Los detectores de cinco pisos de altura cada uno y con un peso de varios miles de toneladas, registrarán las lluvias de partículas subatómicas producidas por las colisiones de protones, que se producirán a un ritmo de mil millones por segundo. Más tarde los investigadores utilizarán complejos ordenadores para estudiar las colisiones más interesantes.

Una de las partículas que los físicos esperan detectar es el bosón de Higgs, considerado por muchos teóricos como la ?piedra de Rosetta? que explicaría el origen de la masa. En la actualidad la mayoría de los físicos teóricos creen que las partículas fundamentales de la materia adquieren sus respectivas masas al interactuar en un campo de fuerza, llamado campo de Higgs. El hallazgo futuro de una partícula o partículas asociadas, el bosón o bosones de Higgs, constituiría la evidencia fundamental de que este campo existe realmente. Sin embargo, los actuales colisionadores no han encontrado signos de que exista, pero los cálculos basados en el modelo estándar que agrupa los conocimientos sobre las partículas y fuerzas de la materia indican que ese huidizo componente fundamental aparecerá cuando se logren alcanzar energías como las que obtendrán el Large Hadron Collider (16TeV). Para alcanzar este objetivo, los físicos son conscientes de que deberán superar una serie de desafíos tecnológicos en campos tan dispares como la superconductividad, criogenia, electrónica de alta velocidad, ciencia de los materiales y la supercomputación. Nadie duda que el LHC es un proyecto que proporcionará tecnologías que tendrán aplicación en el mundo de la informática de altas prestaciones, como en su momento consiguió el acelerador LEP del Laboratorio Europeo de Física de Partículas para una serie de disciplinas, como la medicina.

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