| Artículos | 01 FEB 2000

Las suites del 2000 para Linux

Tags: Histórico
Applix Applixware 4.4.2, Corel WordPerfect 8.0 y Sun StarOffice 5.1
Javier Cáceres.
Primero se mejoró el proceso de instalación. Después las interfaces gráficas. Ahora, gracias al apoyo que Linux está recibiendo de importantes empresas del sector, podemos contar con aplicaciones ofimáticas de peso. Descubra en este artículo las principales alternativas hoy presentes que hacen por fin de Linux un sistema productivo en todos los campos.

Linux ha demostrado más que sobradamente su valía como sistema operativo de red, como sistema para aplicaciones críticas, como entorno para el tratamiento digital de la imagen y alguna que otra aplicación específica. Lamentablemente adolecía de lo que era su asignatura pendiente por excelencia: aplicaciones de sobremesa comerciales de calidad profesional. No hemos de olvidar que el grado de productividad de un sistema informático dependerá en gran medida de tres factores: la potencia y estabilidad del sistema operativo, la calidad de sus aplicaciones y, lo que es en ciertos casos casi más importante, la sencillez tanto de la interfaz de la aplicación como del sistema. Sin hacer un gran alarde de objetividad, uno puede admitir que, dentro del mercado de la informática personal y de consumo, hoy día Linux no es rival para ninguno de los actuales sistemas operativos del gigante del software. El ámbito de su aplicación queda restringido a los servidores de red, a ciertas áreas del mundo de la programación, a aplicaciones puntuales y específicas y, en general, a ser el sistema operativo favorito de una clase muy especial de usuarios. Aunque no necesitemos aplicaciones muy específicas para acceder a Internet o gestionar una red, casi todos en algún momento nos vemos obligados a tratar con un documento escrito en Word, a retocar una imagen con Photoshop, a crear un logotipo con CorelDraw!, a preparar una presentación con Powerpoint, a relajarnos con algún juego.
Afortunadamente el crecimiento exponencial del número de usuarios de Linux, ha animado a muchas de las grandes compañías de software a apoyar económicamente y/o desarrollar productos para lo que es sin duda el paradigma del software de libre distribución. IBM, Corel, Sun, Informix, Intel, Oracle y Netscape son meros ejemplos de esta creciente tendencia. Tiempo atrás, se me hacía difícil tan siquiera imaginar que una aplicación ofimática desarrollada para Linux pudiera estar a la misma altura que su equivalente en plataformas Windows. A tenor de lo visto en los productos hoy analizados, esto es ya una realidad.

Objetivo: la productividad
Independientemente de la plataforma para la cual haya sido diseñada, el tiempo ha demostrado que el aspecto de mayor relevancia en una suite es su sencillez, lo intuitivo que puede llegar a ser su interfaz. El principal objetivo de cualquier aplicación de este tipo es que un nuevo usuario, que desconozca por completo el programa al que se enfrenta, pueda ponerse a trabajar de inmediato obteniendo resultados a corto plazo, sin tener que invertir un valioso tiempo en aprender cómo funciona todo. Nunca ha de subestimarse el tiempo y dinero que se ha de invertir en la formación de los usuarios de un nuevo producto. Una suite es un conjunto de aplicaciones que, al ser utilizadas conjuntamente, gozan de una serie de ventajas adicionales en cuanto a integración y facilidad de uso. La integración no sólo se refiere a un alto grado de compatibilidad e interoperatividad entre los datos que manejan las distintas aplicaciones presentes en una suite, también ha de prestar especial atención a que todas ellas dispongan de una interfaz de usuario común que haga reducir al mínimo la curva de aprendizaje de las sucesivas aplicaciones.
Los modernos paquetes integrados de aplicaciones ofimáticas han experimentado importantes cambios en los últimos años. Factores como Internet y el trabajo en grupo han resultado decisivos en la evolución de esta clase de productos. El exponencial crecimiento del uso de Internet y las redes locales ha provocado la fusión de buena parte de las herramientas tradicionalmente asociadas a las redes con las actuales suites. Debido a estas nuevas características y a las no pocas que ya incluían, los actuales paquetes integrados ven incrementado su tamaño día a día. El número de tareas que podemos acometer con estas aplicaciones es tal que, en el mejor de los casos, un usuario avanzado no llega tan siquiera a utilizar una cuarta parte de sus funciones. No son pocos los que piensan que es un despropósito ir añadiendo funciones que a la postre no vamos a utilizar. En efecto, tal vez no vayamos a emplear más que el 5% de las características de una suite, pero hemos de tener presente que no todos usamos ese mismo 5%. Las suites disponibles para Linux, tal vez no sean tan potentes ni versátiles como las disponibles para la plataforma del gigante de software, pero como veremos hoy, se acercan bastante, cubriendo más que sobradamente las necesidades de la amplia mayoría de los usuarios.

Compatibilidad e Internet, factores ineludibles
La compatibilidad, ya no sólo en lo referente a la compenetración de los productos que integran la suite, sino en lo que atañe al soporte de formatos de archivo de otras compañías y muy especialmente de los formatos de los productos de Microsoft (no hemos de olvidar que actualmente Microsoft es el rey indiscutible del mercado de las suites), sigue siendo un aspecto fundamental hoy día. En esta sin duda importante asignatura, podríamos decir que todos los paquetes de aplicaciones ofimáticas aprueban con nota, aprendiendo sin duda de los grandes descalabros que trajo en su día a ciertas compañías el no prestar una especial atención a este campo. Como no podría ser de otro modo, la compatibilidad tanto de lectura como de escritura con las aplicaciones de Microsoft es algo más que imperativo para cualquier suite que quiera sobrevivir en este complejo y difícil mercado. Por mucho que en nuestra empresa u hogar trabajemos con los formatos que más nos convengan, a la hora de “exportar” esa información precisaremos de un formato estándar y, hoy por hoy, ese estándar (amén de los otros dos “grandes: Corel y Lotus), lleva el sello de Microsoft.
El segundo factor ineludible sin duda es Internet. Todo lo relacionado con la Red cobra importancia a una velocidad proporcional al crecimiento de su número de usuarios. El esquema de grupos de trabajo compartiendo información local en su intranet y publicando contenidos directamente en la Web es cada día más habitual. Evidentemente, los nuevos paquetes integrados de aplicaciones ofimáticas tenían que dar respuesta a toda la amalgama de nuevas necesidades creadas por el emergente e imparable mundo de las redes. En primer y más importante lugar, toda suite que se precie ha de poder, de alguna forma, exportar fielmente sus documentos a un formato que pueda ser interpretado correctamente por un navegador. Igualmente, cuando trabajemos con gráficos, las aplicaciones han de poder tratar los gráficos optimizándolos para su visualización en páginas web. Tampoco ha de olvidarse otro aspecto fundamental: el correo electrónico, gracias al cual, enviar un documento a otro usuario ha de ser tan sencillo como salvarlo en nuestro disco duro. Como valores añadidos podríamos destacar la inclusión de una agenda personal, una base de datos de pequeño tamaño, gestión de foros de noticias (news), y una aplicación para la creación de presentaciones.

Las suites de Linux
Uno de los aspectos

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