| Artículos | 01 ABR 1995

La oficina virtual: del trabajo al teletrabajo

Tags: Histórico
El desafío del trabajo a distancia
Rais Busom.

Las tecnologías de la información están cambiando radicalmente la organización tradicional del trabajo. El teletrabajo es una solución controvertida que se está imponiendo a ritmo acelerado en este fin de siglo.

En Estados Unidos existen seis millones de teletrabajadores asalariados y doce millones de teletrabajadores autónomos de una población activa de ciento veinticinco millones de personas. En España no llegamos a veinte mil, pero el fenómeno es imparable. Como sucede con las superautopistas de la información, las promesas de la tecnología parecen idílicas. Así Berner, autor del célebre libro The Joy of Working from Home, realiza una apología acrítica de la introducción de la tecnología en el trabajo. Sin embargo la alegría de trabajar en casa se torna, en ocasiones, en una situación precaria y alienante. Eso sin contar otras situaciones peores: Los americanos han aprendido a reemplazar a los trabajadores por tecnología, pero aún no han sabido utilizar la tecnología para devolver la gente al trabajo (Nesweek, 13 de Octubre de 1982). Los expertos certifican que existe una crisis en la forma del trabajo post-industrial que exige numerosos cambios estructurales que tan sólo se conseguirán a largo plazo. El teletrabajo únicamente es uno de los cambios más espectaculares y profundos de los que van a darse. Si bien es cierto que la tecnología avanza a un ritmo trepidante en nuestra sociedad de la información, la implementación de ésta en el mundo de la empresa se hace normalmente con criterios puramente económicos. En este artículo no nos vamos a dejar arrastrar por el entusiasmo de lo nuevo, ni por condiciones exclusivamente económicas, sino que valoraremos también aspectos sociales preocupantes en una introducción general al teletrabajo.

Definición

La palabra de teletrabajo (telecommuting o telework) es una invención del físico Jack Nilles que data de 1973 y fue utilizada para describir una nueva aplicación de la tecnología al mundo del trabajo. Nilles entendió con este concepto la sustitución de los desplazamientos debidos al trabajo por las telecomunicaciones. El teletrabajo es la aplicación de la telemática a entornos empresariales, es decir, la automatización de las telecomunicaciones en procesos organizativos. El teléfono, el fax, el módem, la videoconferencia, el teleordenador, la telefonía móvil, etc. son dispositivos que aventuran un cambio de estructura en la manera no sólo de trabajar sino de organizarnos y comunicarnos socialmente. La sustitución a gran escala del transporte físico (avión, tren, automóvil) por el transporte de datos (redes digitales), puede cambiar radicalmente nuestra forma de vida cotidiana. El teletrabajo, y toda la industria que gira en torno a él, constituye en Europa uno de los ejes de la recuperación económica. Así la Unión Europea ha preparado ayudas por valor de 67.000 millones de ecus a este tipo de áreas. En España la Dirección General de Telecomunicaciones está vehiculando subvenciones del FEDER (Fondo Europeo de Desarrollo Regional) para PYMES a través del programa ARCO. Algunas comunidades autónomas como Cataluña han creado su propio Instituto de telemática aplicada a la empresa. Todo parece indicar que el fin de siglo va estar marcado por un boom similar al de la informática en los años 80: el de la telemática.

Del trabajo al teletrabajo

La tecnología tiene una importancia capital en el desarrollo de la organización del trabajo. Su introducción en los procesos productivos no es casual y no viene determinada por los avances propiamente técnicos o científicos. Es el desarrollo social con sus conflictos y consensos, el que favorece la implementación de unas tecnologías nuevas, así como impide el desarrollo o la implantación de otras. Lo mismo puede decirse respecto de los modos y ámbitos de aplicación tecnológicos.

El proceso histórico de la tecnología se caracteriza por cambios en el saber y en poder. Respecto al primero, se da una transferencia y una sustitución de los conocimientos y de la experiencia pertenecientes a los trabajadores hacia las máquinas. En relación al segundo, los puestos directivos han ido delegando cierto poder de decisión en la estructura organizativa misma o en los mismos empleados.

En la sociedad industrial del siglo XIX existía una organización profesional del trabajo en el que el saber residía en los trabajadores altamente cualificados. Ellos tenían los conocimientos sobre una técnica de producción concreta. Posteriormente con la gran industria se implantaron el taylorismo (organización científica del trabajo) y el fordismo (fabricación en cadena) que racionalizaron el trabajo en una producción masiva donde trabajadores sin cualificación realizaban tareas simples altamente planificadas. Las máquinas y la tecnología en general, han acabado protagonizando la producción en masa. Recientemente, la organización japonesa de la industria, conocida como toyotismo u ohnismo, ha acelerado la introducción de robots en los procesos productivos, profundizando y maximizando la introducción de tecnología en el mudno del trabajo. Al tiempo, el ohnismo ha conseguido la implicación de los trabajadores en el proceso productivo, la responsabilización de la calidad, la polivalencia de tareas, así como la continua sugerencia de modos de organizar los procesos de fabricación. Pero la tecnología desde hace algunos años también se extiende al sector terciario, mayoritario en la actualidad, que utiliza la información como su materia prima y a veces también como su producto. La informática, la ofimática, los grupos de trabajo, la organización por proyectos, el control de los flujos de documentos, son ejemplos del asalto de la tecnología a este sector. El teletrabajo no es ninguna revolución sino que es la evolución natural de la aplicación de la tecnología, especialmente al sector de servicios. Lo cual redunda en la tendencia general de la organización del trabajo. El trabajo a distancia significa: la descentralización de los núcleos productivos, la orientación de las empresas a la demanda, la rapidez de respuesta en la producción o servucción, la polivalencia de los empleados y su implicación en los objetivos empresariales, pero supone una preciosa y quizas única oportunidad de reorganizar y modernizar nuestra estructura laboral.

Comunicaciones On-line versus Off-line

El teletrabajo, en tanto que trabajo a distancia, al contrario de lo que suele entenderse habitualmente, puede no basarse en las telecomunicaciones. Por ejemplo, un trabajador que realiza una actividad en casa y la envía a su centro de trabajo vía mensajero o por correo utiliza una modalidad de trabajo off-line. Si esa misma actividad la realizara a través de un módem significa que ese trabajador estría virtualmente conectado a una red empresarial en la que existe un flujo de trabajo permanente en dos sentidos. El teletrabajo on-line es, por tanto, el que impone un auténtico impulso del teletrabajo en la organización del trabajo. Un envío transoceánico de un documento en segundos no tiene rival en el mundo del transporte convencional. De ahí que la impresionante reducción cuantitativa del tiempo necesario en el transporte de datos provoca un salto cualitativo.

El teletrabajo on-line no existiría sin las redes de telecomunicaciones que se dedican a la transmisión y al transporte de datos. El ejemplo que tenemos más a mano es la red telefónica conmutada (RTC) que sirve permite transmitir voz. Mediante un ya famoso periférico -el módem- es posible enviar eficazmente datos digitales a través de una línea telefónica analógica corriente llegando hasta velocidades de 28.800 (bits por segundo). Aunque el medio más arraigado de intercambio de datos a nivel social lo constituye sin lugar a dudas, el fax. La alternativa profesional a la RTC para envío y recepción de datos en una línea especialmente dedicada a este cometido, ha sido tra

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