| Artículos | 01 FEB 2001

La oficina en casa

Tags: Histórico
José C. Daganzo y Noé Soriano.
El teletrabajo puede definirse como cualquier actividad laboral que englobe estas tres características: el trabajador no va al trabajo, sino que hace que el trabajo le venga a casa; horario flexible, ya que será el trabajador quien elija el momento en que trabaja; y por último, la distancia que separa al teletrabajador respecto del resto del mundo se solventa gracias a las comunicaciones telemáticas, que serán un instrumento esencial y cotidiano desde el momento en que nos propongamos trabajar desde casa.
Los conocimientos que se necesitan para ser un teletrabajador no son excesivos, bastará con poseer una formación mínima de informática, como por ejemplo, qué es un módem, un ordenador y un fax, para poder a comenzar a trabajar. Ni que decir tiene que, aparte de estos conocimientos mínimos, el teletrabajador ha de ser un profesional de la tarea que va a desempeñar desde casa.
Un teletrabajador debe de reunir una serie de cualidades, sin las que –sin duda alguna– fracasaría en su intento de teletrabajar. Entre ellas cabe mencionar algunas como: constancia y disciplina, ya que de lo contrario resultará bastante complicado elegir el momento en el que ponerse a trabajar; ser autodidacta y abierto a posibles cambios, debido a la distancia que separa al teletrabajador del resto de sus compañeros y a la constante evolución de las comunicaciones, resulta imprescindible ser una persona muy activa y con constantes ganas de aprender; buena capacidad de comunicación y organización (relacionarse a distancia con otras personas exige una buena capacidad de comunicación para conseguir transmitir lo que se desea de manera sencilla); además de ser organizado. Sin estas premisas, difícilmente podremos llevar a buen puerto nuestro propósito de trabajar desde casa.
Este concepto de teletrabajar tiene cabida en múltiples sectores empresariales, y son muchos los profesionales que pueden trabajar desde casa: abogados, administrativos, periodistas, creativos gráficos, traductores e informáticos, son algunos de los profesionales que hacen más uso de esta opción.
Para montarse una oficina en casa bastará con disponer de un ordenador personal que no se encuentre muy anticuado y los diferentes elementos que cada profesional necesita para realizar su trabajo. Si disponemos de un ordenador de última generación no tendremos ningún problema a la hora de comenzar a teletrabajar, pero si nuestro ordenador ya tiene algunos años y no lo hemos ido ampliando sucesivamente, nos encontraremos ante un equipo inútil para nuestra labor. Por ello, y en la medida de lo posible, debemos evaluar el estado de nuestro equipo actual y decidir si nos es rentable actualizarlo o por el contrario nos conviene adquirir un nuevo ordenador. Si nuestro equipo actual tiene una configuración mínima de Pentium 200 MMX o AMD K6 200, disponemos de 32 MB de RAM, el disco duro tiene alrededor de 2 GB, la tarjeta gráfica es de 2 MB, tarjeta de sonido de 16 bits, tenemos una unidad de CD-ROM de 8x y un módem 56K, estamos en disposición de comenzar a teletrabajar. No obstante, muchas veces nos resultará difícil encontrar componentes compatibles con nuestro antiguo equipo, ya que al no fabricarse en masa, el stock de estos componentes es bastante limitado, lo que aumenta su precio considerablemente.
Si después de echar cuentas descubrimos que no es rentable actualizar nuestro PC, deberemos empezar a pensar en adquirir un nuevo equipo. En este caso tendremos que comprar un equipo con un microprocesador AMD K7 600 Duron o Intel Celeron 600, con 10 GB de disco duro, una memoria de 64 RAM, una tarjeta de vídeo de 4 MB, una tarjeta de sonido de 64 voces, un CD-ROM de 40x IDE y un módem interno de 56K, todo acompañado de un monitor de 17”. Nos costará en torno a las 150.000 pesetas. Dependiendo del tipo de trabajo que realicemos, también es aconsejable disponer de cámara web, escáner e impresora; esto supondrá un desembolso adicional, pero facilitará y hará más agradable la realización de nuestro trabajo.
Este tipo de teletrabajo tiene grandes ventajas, no sólo beneficia al trabajador y a la empresa, sino que también repercute positivamente en la sociedad. Los principales beneficios que obtiene el teletrabajador pasan por un trabajo más flexible, un aumento de la productividad y una mayor vida familiar. Las empresas eliminan los problemas que se derivan de la convivencia de sus empleados, elimina el absentismo laboral y reduce los costes de mantener un lugar físico para los empleados. Todo eso repercute positivamente en la sociedad, permitiendo trabajar a grupos con difícil inserción laboral, las zonas rurales alcanzan un mayor desarrollo y las ciudades eliminan uno de sus mayores problemas, el tráfico, lo que deriva en una menor contaminación atmosférica y se descongestionan los principales accesos a las mismas.

jcdaganzo@idg.es
noe@idg.es

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