| Artículos | 01 DIC 1995

La gran promesa de los asistentes digitales personales

Tags: Histórico
¿o se trata más bien de una amenaza?
Jeffrey Gordon.

Nada menos que un entusiasta de la tecnología como Clifford Stoll - el "programador de programadores" que hace varios años estuvo siguiendo los pasos de un "hacker" que estaba penetrando en ordenadores de alto secreto -dice lo siguiente sobre los Asistentes Digitales Personales: "Lo último que necesito en la vida es un nuevo aparato que pueda enviarme un ´ping´ cuando estoy con mi mujer, o un ´beep´ cuando estoy en la iglesia, o un mensaje de correo electrónico durante un paseo bucólico por el campo." Las tecnologías más avanzadas de asistentes digitales personales o PDAs (Personal Digital Assistants) prometen mantenernos completamente en contacto unos con otros, en todas partes y en todo momento, y Stoll no quiere saber nada de ésto.

"En nuestra cultura comercial se espera que nos convirtamos en adictos del "contacto permanente", pero hay que reconocer que hay lugares donde éso resulta estúpido o sacrílego. Lo que yo quiero son más momentos privados, no menos."

Sin embargo, no todo el mundo comparte las opiniones de Stoll. No hay más que observar a la multitud de ejecutivos en demanda de PDAs, notebooks con modems celulares, o aparatos para el seguimiento de entrevistas, recepción del correo electrónico y aviso de llegada de llamadas telefónicas.

Estos dispositivos, aunque ofrecen la conveniencia de poder conectarse con la oficina a todas horas del día, también pueden estar alimentando una neurosis de los tiempos modernos. Según Paul Saffo, presidente del Institute for the Future, de Palo Alto, Calif., como estos medios de comunicación permiten mantenerse en contacto en todo momento, algunas personas experimentan un miedo neurótico a estar desconectados. Esta situación se está exacerbando como consecuencia de la nueva tecnología, ya que cada nuevo avance en los equipos de red para transmisión remota trae consigo una mayor probabilidad de que le llegue a uno algún tipo de mensaje. "Al principio puede ser excitante, pero para muchas personas resulta más bien exasperante," dice.

Y así se llega a una especie de contradicción: los mismos dispositivos que se supone que simplificarán nuestras vidas, haciendo más fácil para nosotros viajar desde la oficina o llevar el trabajo a lugares no tradicionales, están en algunos casos produciendo el efecto opuesto. Estos aparatos, en lugar de liberarnos, se están convirtiendo en "látigos digitales" - obligándonos a trabajar a todas horas del día y de la noche. La cuestión es, ¿somos más productivos por ello?

LA PROMESA PDA

Las nuevas tecnologías son bastante diversas, combinando elementos como el teléfono celular y el fax celular con nuevos servicios de retransmisión de llamadas y correo electrónico y dispositivos de proceso manuales que reconocen la escritura humana y los textos de entrada escritos a máquina y pueden conectarse de forma inalámbrica a la red. El resultado: dispositivos compactos, algunos lo suficientemente pequeños para caber en el bolsillo, que utilizan una de varias redes de comunicaciones para actuar como asistentes personales, a un costo de aproximadamente $2.000 por usuario.

Los efectos organizacionales y psicológicos de estos tipos de productos hacen que se parezcan más exactamente a teléfonos celulares que a ordenadores. Lo mismo que sucede con los teléfonos celulares, existe una gran variedad de usos y abusos de la tecnología.

Por ejemplo, Jim Opfer, presidente de la firma Opfer Consulting, de Torrance, Calif., piensa que cuanto más pueda mantenerse en contacto, más eficiente podrá ser su actividad comercial. Sin embargo, a la vez, le gusta poder pasar tiempo con su familia.

"Hay veces en que no podría ir a la playa o hacer un viaje en bicicleta con mi familia si no dispusiera de una conexión inalámbrica para atender a mi trabajo", afirma Opfer. "En mi caso, me deja tiempo libre."

Opfer utiliza un teléfono Palmtop de Hewlett-Packard equipado con un radio modem y un ordenador notebook con un radio modem de tarjeta PC que actúa como mecanismo de retransmisión para correo electrónico, como una especie de teléfono celular no audible.

Naturalmente, por cada persona que utiliza un teléfono celular productivamente (por ejemplo, realizando visitas de venta durante una conmutación de viaje en horas punta, o una llamada a un número de servicio público desde una localización remota) hay probablemente cinco personas que los utilizan como símbolo de status o recurriendo a los recursos financieros de su empresa para charlar con los amigos o conocer los resultados deportivos.

Y, además, según un director de empresa que recibe frecuentes llamadas, el teléfono celular parece estar fomentando una tendencia a "eludir la responsabilidad".

"Mi empresa insiste en que yo tenga un teléfono celular, porque las personas que trabajan para mí no pueden o no se atreven a juzgar o decidir," dice Alexis Laris, con funciones ejecutivas en una gran empresa de reclutamiento de personal del norte de California y presidente de la sección de la International Interactive Communications Corp. de Sacramento, Calif.

Según Laris, la mayoría de las llamadas que recibe en su teléfono celular proceden de colegas en busca de consejo sobre decisiones que ellos deberían tomar por si mismos si no pudieran contactar con ella. "Es cierto que la tecnología está haciendo que reciba llamadas que de otra forma no recibiría," dice, "pero son llamadas sin valor que para empezar no deberían haberse hecho nunca, y generalmente son una intrusión en nuestro verdadero trabajo."

Laris piensa que el teléfono celular produce dos síndromes: decisionofobia, en la que los empleados no pueden o no puede hacérseles responsables, y adicción al poder, en el que los jefes no quieren ceder el control ni siquiera sobre la más mínima de las decisiones, llevando consigo constantemente teléfonos digitales con el fin de estar disponibles de forma omnipresente y omnipotente.

Hay otra situación que sufren las personas a causa de este tipo de tecnología: la imposibilidad de escapar siquiera, ni de tener tiempo para momentos de paz. Stoll, autor del libro "Silicon Snake Oil: Second Thoughts on the Information Highway", experimentó esta situación cuando su trabajo le exigió pensar creativamente y llevar consigo un buscapersonas, ambas cosas al mismo tiempo.

"El buscapersonas me invadía constantemente. A todas horas me interrumpía, convirtiéndome en una marioneta en el extremo de un cable de larga distancia. Era un factor constante de alteración de cualquier pensamiento contemplativo profundo," afirma Stoll. "Nunca pude superar la sensación de tristeza que ese aparato me producía."

CONECTAR O NO

Saffo piensa que la entera revolución de las comunicaciones ha entrado en la estación con el último vagón al frente. "Mantenerse en contacto no es en sí mismo un problema. El verdadero problema es que, en nuestra urgencia por contactar, hemos automatizado la mitad equivocada del contacto. Hemos automatizado la forma en que las personas intentan conectar, pero no el filtro en el otro extremo," señala Saffo.

"Cuando alguien llama a la puerta, puede uno mirar o preguntar quién es antes de dejarle entrar. Las principales herramientas de comunicaciones en el mundo de los negocios actual - el teléfono y el correo electrónico - no le dicen a uno quién está "ahí" hasta que no ha "abierto la puerta". Y una vez que se ha abierto la puerta, no es muy fácil decir a la persona, "Bien, aquí estoy, pero no para usted", añade Saffo.

Saffo piensa que parte del desafío está en que tenemos que aprender el ´dialecto´ de estas formas de comunicaciones, y especialmente del correo electrónico.

"Cada vez que se coge el teléfono o se escribe una carta, ya se ha establecido un cálculo complejo sobre comportamiento correcto e incorrecto. Por ejemplo, no se escribe una carta de negocios con tiza escolar."

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