| Artículos | 01 SEP 1996

La energía de las estrellas

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rúa.

La fusión nuclear es la gran esperanza para las próximas generaciones. En este proyecto están involucrados investigadores de todo el mundo, que tratan de comercializar esta fuente de energía limpia, inagotable y barata.

El diseño de los futuros reactores experimentales de fusión de los láseres que persiguen el mismo objetivo, pero con confinamiento inercial, de conseguir la energía de las estrellas depende en gran medida de la aplicación correcta y selectiva de grandes sistemas informáticos. Así, en el estudio del comportamiento del plasma en esos reactores es necesario que los físicos se apoyen en potentes ordenadores capaces de procesar, a velocidades rapidísimas, los miles de datos obtenidos.

Desde hace unos pocos años, la fusión termonuclear se ha convertido en una prioridad mundial. Hay voces que aseguran que las actuales centrales comerciales de fisión tenderán a desaparecer en la próxima década. Entretanto, la fusión aparece como una panacea: es limpia, inagotable y barata. Pero hay que cubrir aún una serie de pasos importantes antes de que pueda ser una realidad la energía de las estrellas.

Frente a la fisión, donde la energía se produce al romper núcleos atómicos, existen dos opciones científicas, ambas todavía en fase de investigación, para producir energía mediante la fusión termonuclear: el confinamiento magnético y el inercial. Ambas fuerzan la colisión de núcleos de deuterio y tritio a grandes velocidades y millones de grados de temperatura. La primera opción se consigue en grandes reactores, donde se generan campos magnéticos que confinan las partículas del plasma y las obligan a seguir una trayectoria determinada. Por el contrario, en el confinamiento inercial la fusión sobreviene en el momento en que haces de iones comprimen diminutas esferas de deuterio y tritio, hasta alcanzar decenas de millones de grados.

Sin embargo y siempre según los expertos, ninguna de estas alternativas puede considerarse la opción definitiva a pesar de que los trabajos realizados en confinamiento magnético están más avanzados. Hace ya ocho años que se dio vía libre al proyecto ITER (Reactor Internacional Termonuclear Experimental). El objetivo de este ambicioso esfuerzo, en el que participan Estados Unidos, Europa, Japón y Rusia, es demostrar la viabilidad de la fusión nuclear controlada mediante un gran reactor magnético de tipo tokamak . De esta máquina experimental se espera que pueda llevar a ignición y controlar, durante al menos mil segundos, un plasma de deuterio y tritio para producir 1.500 MW de potencia energética.

Dentro de dos años , según las previsiones actuales, se tomará la decisión del emplazamiento del ITER, aún en fase experimental, que tiene un presupuesto de construcción de ocho millones de dólares. Precisamente, el capítulo presupuestario es motivo de discusión ya que Estados Unidos ha anunciado que no está dispuesto a aportar más del 10 por ciento de esta cifra. Por su parte Japón, siempre aprovechando la situación y con circulante suficiente, propone la financiación total de la máquina, siempre y cuando se construya allí. Y Europa, junto a Rusia, a la defensiva. Suecia, Francia e Italia están dispuestos a acoger el reactor pero, a la postre, el dinero decidirá la cuestión.

No obstante este escollo financiero no es el único, ya que hay una serie de perfiles tecnológicos que se deben solventar. En este sentido cabe resaltar un reciente informe elaborado para la Comisión Europea por diez acreditados físicos independientes. En él se subraya que, al margen de los obstáculos políticos y económicos, existe una preocupación creciente por las incertidumbres físico- técnicas del proyecto.

El mayor problema consiste en que todavía no se han encontrado materiales para la primera pared de la vasija del reactor que sean capaces de soportar una altísima producción de neutrones. No se debe olvidar que para que los futuros reactores comerciales de fusión sean rentables deben tener una vida de, al menos, treinta años lo que hoy por hoy es inalcanzable si las investigaciones en nuevos materiales no avanzan a gran velocidad.

En círculos científicos se considera que el documento elaborado por este panel de expertos europeos viene a reflejar el temor de una parte de los físicos, en el sentido de que el reactor ITER no cumplía con los ambiciosos objetivos previstos. Los más escépticos argumentan que las previsiones iniciales fueron muy optimistas, ya que la ingeniería del reactor se apoyará en tecnologías que aún no han sido experimentadas.

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