| Artículos | 01 ENE 1998

Introducción al mundo de la imagen digital

Tags: Histórico
Objetivo: Calidad fotográfica

El conocimiento de los aspectos básicos que rodean una imagen digital es fundamental para poder entender la mejor forma de trabajar y así conseguir los mejores resultados.

¿Qué diferencia existe entre la fotografía clásica y la fotografía digital?

Cuando hablamos de máxima calidad en la presentación de imágenes siempre nos referimos a la calidad fotográfica. Así, cuando se nos habla de una impresora de calidad fotográfica inmediatamente la relacionamos con una impresora de muy altas prestaciones cuyo resultado será equivalente al de una fotografía clásica. Del mismo modo, en ocasiones se nos habla de monitores de calidad fotográfica o de cualquier otro dispositivo. Sin embargo, hay diferencias entre el concepto de fotografía clásica que utilizamos como referencia y fotografía digital, que es la que se obtiene habitualmente.

La gran diferencia que existe entre una fotografía clásica y una fotografía digital es, evidentemente, la discretización. Cuando acudimos a nuestro estudio de fotografía para que nos revelen las fotos de las vacaciones, casi siempre se utilizan medios químicos para obtener el resultado. Así, el carrete se introduce en una serie de atacantes y reveladores que, mediante procesos químicos, llegan a la obtención de los negativos (o positivos). Estos negativos se introducen en unos dispositivos que utilizan luz para atacar a un papel fotosensible, es decir, sensible a la luz. La luz, al incidir sobre el papel, da lugar a un proceso químico cuyo resultado, después de pasar el papel por una serie de sustancias, es la fotografía. Cuando se trabaja a nivel químico realmente se trabaja a nivel molecular y, por tanto, a una escala muy reducida. A escala macroscópica, la sensación que se tiene es que no existen puntos de colores que forman la imagen, ya que estos puntos son en realidad moléculas no visibles más que con métodos especiales. Esto habitualmente es lo que se denomina un sistema analógico. Los sistemas analógicos son sistemas continuos, o al menos, continuos a escala macroscópica. Por el contrario, los sistemas digitales se caracterizan por ser discretos. Esto quiere decir que si utilizamos métodos ópticos convencionales de aumento, en una fotografía clásica nunca veríamos los puntos que forman la imagen, mientras que en una fotografía digital sí los veríamos.

Por lo tanto, una fotografía digital es siempre una aproximación a una fotografía analógica (o clásica). La calidad de una fotografía digital la medimos por el número de puntos que tenemos en un centímetro o en una pulgada, así como por el número de colores diferentes que puede tener un punto. A medida que aumentamos el número de puntos aumentamos la resolución (puntos por centímetro o pulgada) y, consecuentemente, la calidad. Es evidente que si una imagen digital tiene 1400 puntos en una pulgada, estará más cerca de parecerse a una fotografía clásica que una imagen que sólo tenga 600 puntos por pulgada (ppp o dpi). Asimismo, una imagen digital donde cada punto pueda tener 16 millones de colores diferentes será mucho más real que una que sólo pueda tener dos colores. Por tanto, dos de los parámetros a tener en cuenta en los dispositivos que intervienen en el tratamiento digital de imágenes son la resolución (puntos por pulgada) y la profundidad de color (número de colores por punto).

¿Por qué calidades inferiores a la fotográfica dan aspecto de calidad fotográfica?

Desde el punto de vista de la visión humana, en la calidad de la imagen influye directamente la distancia a la que la estemos mirando. Si utilizamos una fotografía de dimensiones convencionales y la miramos a unos cuantos centímetros (como habitualmente se miran las fotos), necesitaremos muchos puntos por pulgada para dar la sensación óptica de continuidad en los colores, mientras que si miramos un panel publicitario a cientos de metros no es necesario que se tengan muchos puntos por pulgada, ya que la distancia se encargará de que éstos no sean apreciables por el ojo. De esta forma se justifica matemáticamente que, aunque una impresión digital tiene discretizada la imagen, mirada a cierta distancia, se percibe una sensación de continuidad. Precisamente por esto las nuevas impresoras en color que alcanzan los 1440 puntos por pulgada en horizontal consiguen que las imágenes impresas visualizadas a distancias habituales den la sensación de calidad fotográfica. A este concepto de calidad fotográfica nos referiremos a lo largo de toda la serie de artículos destinados a este tema.

¿Cómo se trabaja con el color?

Uno de los factores que más influyen en la calidad final de la imagen es el color. Entender cómo trabajan los dispositivos con los colores nos ayudará a comprender las dificultades que existen en el tratamiento digital de imágenes, así como también nos dará una idea de cómo trabajar con ellos para conseguir el mejor resultado posible.

Sin entrar en detalles técnicos que se escapan al alcance de este artículo, comentaremos cómo trabaja el ojo humano en la percepción de los colores, ya que en este mecanismo se han basado los modelos de trabajo con colores. El ojo humano está compuesto por una córnea transparente en el centro de la parte más externa del ojo, tras la cual se encuentra el iris con la pupila y el cristalino. Dentro del ojo encontramos una masa gelatinosa limitada por la retina. Precisamente, la retina es una de las partes más importantes del ojo, junto con el nervio óptico. No en vano tanto el nervio óptico, encargado de transmitir las sensaciones ópticas al cerebro, como la retina se encuentran unidos. En la parte más interna de la retina se alojan los conos y los bastoncillos. Mientras los bastoncillos únicamente proporcionan sensaciones de brillo, los conos son sensibles al color. Se conoce que existen tres grupos de conos: uno de ellos sensibles al margen del rojo, otro en el margen del verde y otro en el margen del azul. Estos grupos han dado lugar a uno de los espacios de color más conocidos: el RGB (Red, Green, Blue o Rojo, Verde y Azul).

¿Cuántos modelos de color existen?

Además del RGB se trabaja habitualmente con otro modelo: el CMYK. Existen muchas formas de representar los colores, pero las dos citadas son las más frecuentes. En el caso del RGB se trata de un modelo de color aditivo que se aplica a aquellos dispositivos que son fuentes de luz (monitores, videoproyectores, etc). Mediante la combinación adecuada de diferentes cantidades de rojo, verde y azul se consigue todo el espectro de colores. Es un modelo aditivo, ya que se parte del negro, que supone inexistencia de los tres colores primarios, y se llega al blanco combinando iguales cantidades de los colores primarios (rojo, verde y azul). Los monitores y escáneres utilizan este modelo, ya que la pantalla del monitor es negra y sumando cantidades de rojo, verde y azul se obtienen los colores buscados.

El modelo CMYK es una extensión del modelo CMY. CMY significa Cian, Magenta y Amarillo (o Yellow). Este modelo de color es sustractivo y, partiendo del color blanco, según se añaden tintas CMY se restan colores. Solamente vemos los colores resultantes de la reflexión de la luz tras incidir en el objeto iluminado. El blanco se consigue sin añadir ningún color, mientras que el negro se consigue añadiendo la misma cantidad de cada color. Esta propiedad hace que sea el modelo utilizado por las impresoras, puesto que parten del color blanco del papel y, aplicando tintas, consiguen el resto de colores. Sin embargo, la teoría del modelo CMY únicamente se cumple cuando se trabaja con tintas de colores puros, pero lo habitual es que las tintas no sean de colores puros, puesto que es prácticamente imposible conseguirlos. Esto en la práctica quiere decir que el negro que se consigue no es el negro que todos esperamos, y suele tener un color verde o gris muy oscuro, sin llegar al negro. Puesto que este color es muy

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