| Artículos | 01 ENE 2004

Instaladores

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Alvaro Ortiz.
Las distribuciones se modernizan prácticamente cada mes y sobre las clásicas utilidades de toda la vida se van construyendo interfaces gráficas de usuario cada vez más completas y amigables. Aun así, por debajo persiste como no podía ser de otra forma el viejo comando ejecutable a golpe de terminal y opciones. Éste es el caso también de las herramientas de instalación y actualización de software del sistema, como rpm y dpkg. A veces no viene mal conocer lo básico de estos comandos.

El caso de rpm
El gestor de siempre en distribuciones basadas en RedHat es rpm (del inglés RedHat Package Manager), cuyos archivos tienen justamente esa extensión. Sobre él se han implementado interfaces gráficas como la también algo vieja gnorpm o gestores tan potentes y actuales como el incorporado en Yast2 de SUSE. Para instalaciones o actualizaciones grandes, con posibles dependencias no conocidas, desde luego usaremos cualquiera de estas interfaces. Para pequeñas consultas o instalaciones sencillas de pequeños paquetes, es más cómodo abrir un terminal y tirar por la vía clásica. Pues bien, en este caso queremos centrarnos un poco en estos comandos ya algo olvidados en la actualidad. De entre las opciones más útiles destacamos la instalación, desinstalación, actualización y algunas consultas comunes. Para instalar un nuevo paquete con información detallada del proceso: rpm –iv <nombre_de_paquete>.
Suele ser más recomendable la opción de actualización que implica la anterior, ya que instala el paquete en caso de que no exista y lo actualiza en caso de que haya instalada una versión anterior: rpm –Uv <nombre_de_paquete>.
La opción v es válida para casi todas las ejecuciones de rpm, ya que se trata básicamente del modo verbose en el que se nos informa con todo detalle del proceso. Si por el contrario queremos eliminar un paquete instalado: rpm –e <nombre_de_paquete>.
Para realizar consultas la primera opción a incluir siempre será –q (del inglés query) y, tras ella una segunda letra para cada tipo de consulta. Así, en las tres siguientes líneas lo que hacemos en primer lugar es consultar la lista completa de paquetes rpm ya instalados, en la segunda línea obtenemos la información detallada de alguno de estos paquetes y, por último, en la tercera línea listamos todos los archivos que el paquete ha instalado y dónde residen en nuestro sistema tras la instalación.
rpm –qa
rpm –qi <nombre_del_paquete>
rpm –ql <nombre_del_paquete>

Por supuesto, rpm cuenta con muchas más opciones. Para verlas recomendamos acudir a la página correspondiente del manual de Linux pero, en cualquier caso, para opciones más complejas suele ser recomendable utilizar cualquiera de las interfaces gráficas de cada distribución comentadas anteriormente.

El caso de dpkg
El representante en Debian es dpkg, cuyos archivos base son *.deb, y sobre el que antes de las capas gráficas se ha implementado un conjunto de utilidades tan completas o más que éstas. Nos referimos por supuesto al magnífico gestor de paquetes apt (del inglés Another Package Tool). En realidad, aunque apt también cuenta con una interfaz gráfica incluida en gnome, su uso desde terminal es tan sencillo e intuitivo que nos vamos a referir a él. Apt está constituido por varias sub-herramientas, de entre las que destacaremos por su utilidad práctica apt-cache, apt-get y apt-cdrom. Apt basa su funcionamiento en el fichero /etc/apt/sources.list, que en esencia contiene las distintas fuentes de paquetes para Debian, ya sean CD-ROM o directorios FTP. Si contamos con varios CD Debian no explorados en tiempo de instalación, lo mejor será ejecutar directamente apt-cdrom –d <punto_de_montaje_del_CD>. En una primera instalación Debian es recomendable no saltarse el paso de exploración de todos los CD que tengamos, ya que esto nos ahorraría después el uso de apt-cdrom para añadir los CD propios de la distribución. En cualquier caso, en cada CD deberá existir un archivo Packages.gz y una estructura propia de CD Debian. Para añadir fuentes de Internet como FTP, lo mejor será consultar la propia página de debian (www.es.debian.org) o el software concreto que queramos instalar si es que éste proporciona una URL para sources.list. Desde luego existen otras formas de añadir líneas a sources.list, pero las comentadas son las más rápidas y cómodas para el usuario menos acostumbrado a Linux. El aspecto del fichero principal viene a ser algo así:
deb\
http://ftp.es.debian.org/\
debian woody main contrib\
non-free
Esta única fuente de software Debian apunta al FTP de la rama principal de la versión woody en su sitio oficial.
La siguiente herramienta de apt que nos puede ser de gran utilidad y que, desde luego, también requiere de un buen sources.list, es apt-cache. Con ella lo más práctico será realizar búsquedas de paquetes y posteriormente comprobar si los tenemos o no. Algo así:
apt-cache search <texto\
descriptivo o nombre de\
paquete a buscar>
Tras lo que podemos hacer dpkg –l|grep –i <nombre_de_paquete> para comprobar si ya lo tenemos o no. Esto se comprueba básicamente mirando la primera columna del listado resultante. En ella veremos ii sólo si el paquete está instalado y ya configurado. Para configurar un paquete instalado pero no configurado, lo mejor será invocar dpkg-reconfigure <nombre del paquete>. Si ya hemos localizado el nombre del paquete que queríamos instalar, pasamos a la siguiente utilidad para ello:
apt-get install <nombre de\
l paquete>
Si por el contrario es un software que queremos desinstalar, ejecutaremos:
apt-get remove\
nombre_de_paquete
apt-get –purge nombre del\
paquete
La primera opción es una desinstalación simple, mientras que en la segunda se elimina cualquier rastro del software retirado. Las posibilidades de apt son por supuesto muchas más, pero para ir empezando tenemos suficiente.

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