| Artículos | 01 SEP 1999

Informática contra la epilepsia

Tags: Histórico
José Mª Fernández-Rúa.
Los avances en el tratamiento médico de la epilepsia han sido considerables en los últimos años, fundamentalmente gracias a la informática y a las técnicas de computación no invasiva, para visualizar las partes del cerebro donde se producen las crisis. Para el resto de estas personas que no responden al tratamiento aún queda una esperanza: la cirugía. Los especialistas subrayan que un 15% de los epilépticos cuyas crisis no remiten con los fármacos, mejorarían o se curarían mediante el tratamiento quirúrgico.
La historia de la epilepsia es tan antigua como la del hombre y también su rechazo hacia estas personas. Así, el código de Hammurabi prohibía, veinte siglos antes de nuestra era, la venta de esclavos epilépticos en la plaza de Babilonia. La palabra "epilepsia" procede del griego y significa sorpresa, ataque súbito. Cabe señalar también, que esta afección es una de las más polisémicas dentro de la medicina donde es conocida como "mal de Hércules", "mal de San Pablo", "morbus sacer" y "gota caduca", entre otras acepciones. Más culto es el nombre de "mal comicial", derivado del "comicium", o asamblea pública romana que era disuelta si alguno de sus miembros caía víctima de las convulsiones epilépticas, lo que se consideraba de pésimo augurio.
Dentro de un forzoso esquematismo, dos han sido, y aún son, las interpretaciones que se han hecho de las manifestaciones epilépticas. La primera es la que se basa en la intuición, en la mera especulación, en el pensamiento mágico, y atribuye la enfermedad a causas sobrenaturales, con lo que el tratamiento estará igualmente fundamentado en procedimientos no naturales. La segunda interpreta la epilepsia como causada por una alteración de la "phisis", de la naturaleza; la considera originada por un cambio trastornos de alguna de las sustancias o de los humores que constituyen nuestro equilibrio natural, al tiempo que localizaba este cambio o alteración en el cerebro.
En la actualidad y como explica Francisco Villarejo, acreditado neurocirujano, es posible clasificar los distintos tipos de crisis de la epilepsia; conocer qué está ocurriendo clínicamente en un paciente que tiene una crisis y cuál es el pronóstico, para elegir el mejor tratamiento. En España hay 300.000 epilépticos y cada año aparecen otros 15.000 casos. La tercera parte de los nuevos diagnósticos se realiza antes de que el paciente cumpla los 18 años. Una adecuada medicación permite al 80% de los pacientes vivir sin crisis epilépticas. Ahora bien, ¿qué ocurre con el 20% de los pacientes que no responden al tratamiento médico?. En España 60.000 enfermos, a los que habría que añadir unos 3.000 casos nuevos cada año, no pueden controlar sus crisis con medicamentos. Estos enfermos deberían ser estudiados profundamente para considerar si es posible aplicarles un tratamiento quirúrgico. Y las cifras son muy claras: un 15% de estos pacientes mejorarían considerablemente o se curarían mediante cirugía. Es decir: 9.000 pacientes, más unos 450 nuevos casos cada año, se beneficiarían claramente de un tratamiento quirúrgico.
Los avances en electrofisiología y las técnicas de vídeo, han contribuido extraordinariamente a perfeccionar el tratamiento de la epilepsia, fundamentalmente cuando se trata de cirugía. En las modernas Unidades de Epilepsia se somete al paciente a una monitorización electroenacefalográfica continua. Se registra durante varios días la actividad de las ondas cerebrales mientras se graban en vídeo las crisis epilépticas. El análisis de ambos registros permiten descubrir, en la mayoría de los casos el origen de las crisis. En algunas ocasiones es necesario colocar electrodos subdurales o profundos para localizar el foco epiléptico.
La Resonancia Magnética Nuclear (RMN) es imprescindible para valorar el tratamiento de estos enfermos, ya que aporta más información que el TAC (Tomografía Axial Computerizada) o escáner cerebral. Mediante la primera se mide el volumen de determinadas zonas del cerebro, como ejemplo, el lóbulo temporal, para ver las diferencias entre ambos hemisferios cerebrales. También se pueden observar las posibles malformaciones en las circunvoluciones y surcos cerebrales, así como visualizar tumores, quistes y otras anomalías que puedan ser el origen del foco epiléptico. Según el doctor Villarejo, durante la crisis, aumenta el metabolismo cerebral y en la zona en que ésta se produce se registra más flujo. Por eso hay dos pruebas cada vez más útiles para el tratamiento de los enfermos epilépticos: el PET (positron emision tomograhpy) y el SPECT (single photon emission computed tomography). El PET, mide el consumo de glucosa y oxígeno en diferentes zonas del cerebro, mientras que el SPECT analiza el flujo cerebral. Estas y otras técnicas complementarias permiten hacer una selección clara de los candidatos a cirugía de la epilepsia.

José María Fernández-Rúa es periodista. Jefe del Departamento de Ciencias del diario ABC. Miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York.

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