| Artículos | 01 JUN 1998

Impresoras láser de color

Tags: Histórico
Oscar G.Peinado, Aurelio Llorente y Jaime Taboada.
Aunque todavía resultan una solución cara cuando se trata de imprimir en color, las impresoras láser están reduciendo sus precios y mejorando sus prestaciones, siendo una opción más que analizable para una empresa de tamaño medio.

Dentro de las posibles soluciones que existen para imprimir en color dentro de un entorno empresarial, la solución láser es la que a buen seguro se impondrá en no muy breve plazo. Ya hoy en día los fabricantes de este tipo de máquinas, han bajado considerablemente los precios incluso a pesar de tratarse de modelos nuevos. Originalmente las impresoras láser de color tenían precios que superaban largamente el millón de pesetas. Ahora estos precios bajan de esta barrera acercándose cada vez más al medio millón de pesetas.

Tecnología láser
Todo el secreto de estas impresoras reside en la tecnología empleada. La impresión láser en negro es un método que está completamente dominado desde hace bastante tiempo, y su aplicación al mundo del color, aunque ha tenido sus problemas, está prácticamente realizada. Ahora no es más que una cuestión de maduración y de bajada de precios el que estas impresoras se encuentren en cualquier entorno profesional.
La tecnología láser ofrece, por definición, una ventaja fundamental, que es la de la velocidad. Si la comparamos con el resto de tecnologías de impresión que se utilizan, vemos que la diferencia fundamental es que mientras que en el resto de tecnologías existen partes mecánicas que se mueven rastreando la superficie del papel (por ejemplo una cabeza con inyectores en las impresoras de tinta), en las impresoras láser lo que dibuja la imagen es un haz de luz que es desviado mediante un espejo rotatorio. Esta aparentemente sencilla diferencia tiene una consecuencia fundamental que hace que en el tiempo que una impresora láser prepara una página, las que utilizan otras tecnologías apenas sí tienen tiempo para terminar unas cuantas líneas. Esta limitación es física y obedece, sobre todo, a problemas de inercia, pues la cabeza realiza movimientos de vaivén sobre el papel que le impiden coger una velocidad lineal elevada.
Sin embargo, y con la evolución que han tenido los procesadores de los ordenadores, las impresoras láser han quedado algo obsoletas en lo que se refiere a potencia de cálculo, ya que el tiempo que requieren para procesar una página resulta en ocasiones superior al que necesitaría el propio ordenador para el mismo trabajo. ¿Qué quiere decir todo esto? Muy sencillo: las impresoras láser suelen utilizar emulaciones, ya sea PCL o PostScript que transfieren a la impresora buena parte del trabajo de procesamiento de las imágenes. Este trabajo lleva, por tanto, su tiempo de procesamiento, que si las páginas son complicadas, puede resultar tan elevado como el que necesita una impresora de inyección para imprimir la página completa. Aún así, sigue existiendo la ventaja de la maquinaria que se revela como muy importante si lo que se imprime se tiene que hacer en varias copias, ya que la impresión de cada copia en una impresora láser no supone que haya que procesar de nuevo toda la página (ésta se guarda en la memoria y simplemente se repite el proceso mecánico de transferirla al papel). No obstante existe un modelo de láser de color que utiliza el lenguaje GDI. Esto supone una velocidad muy superior de procesamiento global, aunque a cambio se tiene una considerable disminución de la calidad y de la profundidad de color obtenida.

Rentabilidad de la inversión
Con la mejora de velocidad que se obtiene, y si los trabajos no suponen una carga de procesamiento elevada, la inversión que supone una impresora láser de color puede resultar rápidamente amortizable si confluyen varias circunstancias. La primera es que se utilice en una oficina y que sean varios los usuarios los que impriman en ella haciendo uso de una red local. La segunda es que el tipo de trabajo que se impriman necesite una calidad mediana o alta, en cuyo caso las impresoras de inyección precisarían el uso de papel especial, mucho más caro que el papel normal que se puede utilizar en las impresoras láser. En el caso de las impresoras láser el coste mayoritario se debe al de amortización de la compra y al gasto en consumibles, precio éste que se encuentra entorno a las 20 pesetas por copia, mientras que en el caso de las impresoras de inyección, ya sólo el papel de máxima calidad se suele encontrar por encima de este precio.
Además, la repetitividad de los trabajos, es decir la impresión de un elevado número de copias, rentabiliza la impresora porque la impresión se realiza en un tiempo mucho menor, con lo que no sólo los trabajos están a tiempo, sino que se tiene más tiempo para depurarlos. Por tanto es un tipo de impresora indicado para la elaboración de mailings masivos, o en la tirada corta de catálogos o listas de precios.

Cómo funciona una impresora láser de color
Aunque básicamente las impresoras láser de color funcionan de forma similar a las de negro, existen considerables diferencias, por lo que consideramos que el lector estará interesado en conocer su funcionamiento. El principio básico es el mismo, es decir existe un haz de luz láser que dibuja la página en la unidad de imagen para transferirla al papel. Pero mejor sigamos la pista a la información desde que llega del ordenador.
El trabajo va llegando a la impresora, donde el intérprete de la emulación lo procesa y va formando un mapa de bits de la página que almacena en su memoria. En realidad existen cuatro mapas de bits, uno por cada uno de los colores que se utilizan (negro, cian, magenta y amarillo) que quedan en la memoria hasta que se imprimen todas las copias de la página procesada. En este momento se pone en marcha la maquinaria que transferirá al papel la información de la memoria. Esta transferencia comienza por un procedimiento de cuatro pasos. En cada uno de ellos, se añade un color a la imagen completa de la página que se elabora en el tambor de la impresora. Normalmente, la transferencia de colores se hace comenzando por el negro, siguiendo con cian y magenta para finalizar con el amarillo. En cada uno de estos pasos se repite una misma rutina:
1. La cinta fotosensible pasa por un dispositivo que la carga electrostáticamente, de forma que queda preparada para atraer el tóner (una tinta sólida que se presenta como un polvo muy fino).
2. La cinta pasa por la zona donde el rayo láser va barriendo línea a línea la cinta. Este rayo láser es modulado de acuerdo con el mapa de bits que se almacena en la memoria, de forma que aquellas zonas que son iluminadas pierden su carga electrostática y ya no atraerán tóner.
3. Las cinta pasa por el cartucho de tóner correspondiente atrayendo este polvo que forma la imagen del color actual. En el cartucho de tóner, un rodillo se encarga de sacar el tóner del cartucho finamente esparcido sobre su superficie. En cada vuelta, el cartucho que corresponde es desplazado hasta que el rodillo casi entra en contacto con la cinta fotosensible.
4. La cinta pasa frente a un tambor con una carga electrostática superior, con lo que el tóner salta de la primera al segundo. Allí la imagen permanece hasta el momento de pasar al papel.
Estos cuatro pasos se repiten cuatro veces, hasta que la imagen en cuatricromía queda perfectamente formada. En este momento, se

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