| Artículos | 01 NOV 1995

Hojas de cálculo

Tags: Histórico
MS Excel 7.0, Lotus 1-2-3 7.0 y Quattro Pro 7.0
Francisco Martin.

Como siempre, tres van a ser los programas que se disputen el mercado de las hojas de cálculo: Microsoft Excel, Lotus 1-2-3 y Novell Quattro Pro. Y, como siempre, Excel ha sido el primero en aparecer.

Excel lo tenía muy fácil porque jugaba en casa. Y ahí está ya, dentro de su nuevo cesto de programas administrativos: Microsoft Office para Windows 95. La esperada Lotus 1-2-3 tardará unos meses más, pero hay prisas por llegar cuanto antes, a ser posible antes, o no mucho después, de que acabe este año de 1995 (el año mítico por excelencia en la corta historia de la microinformática). La casa Lotus quiere quitarse de encima la espina de aquel célebre retraso en su versión 3.0. Veremos si lo consigue. En cuanto a Quattro Pro, según Novell la están preparando para aparecer como siempre, deslumbrante y por sorpresa el día menos pensado.

Mirando el futuro

¿Cómo serán las nuevas hojas de cálculo? Ante todo, hay que distinguir entre innovación y mejora. Innovar es inventar o reinventar funciones cuya utilidad resulten indiscutibles para el usuario. Mejorar es, simplemente, hacer que ciertas funciones de las hojas de cálculo, refrendadas por el mismo usuario, funcionen aún más eficazmente.

En ambas vertientes es posible esperar interesantes novedades en un futuro próximo. Pero me temo que ya queda poco por innovar en el mundo de las hojas de cálculo y mucho que mejorar. En cualquier caso, la innovación vendrá especialmente de dos funciones que Windows ha integrado en su sistema como piezas naturales: enviar y consolidar. Estos dos campos innovadores están entrelazados y van a ser objeto de constantes sorpresas, una vez que la plataforma Windows 95 comience a ser asimilada por usuarios y fabricantes.

La primera fuente de novedades será, pues, la comunicación. Como se indica, las tres hojas citadas intentarán hacer fácil y perfectamente intuitivo un proceso, el de la "navegación" electrónica, que hasta hoy exigía del no experto un considerable esfuerzo de comprensión (y memoria), con unos resultados poco entusiasmantes. El puente está echado y pasablemente transitable: se llama Miscrosoft Exchange, la aplicación Windows que gestiona esta tarea. Sólo queda por ver qué soluciones se ofrecen entre las aplicaciones de uno y otro extremo del cable.

Y aquí intuyo un peligro en el que harían mal los fabricantes en caer. La última tendencia en hojas de cálculo es no aparecer solas sino integradas en un paquete que cubra todas las tareas administrativas: Excel dentro de MS Office, Lotus 1-2-3 dentro de Smartsuite y Quatro Pro como la última joya de la corona de Perfect Office. Lo peor que pudiera suceder es que, en un mundo abierto por definición, estos paquetes se cierren sobre sí mismos. Y descubramos que unos gráficos elaborados por nuestros colegas franceses con Freelance no puedan ser modificados en Madrid con nuestro PowerPoint. O documentos redactados con WordPerfect en Sevilla no resulten del todo transparentes para WordPro en Barcelona (y al revés). Como es obvio, para garantizar esta comunicación universal entre aplicaciones, el estándar OLE ayuda pero lo que importa es la actitud abierta del fabricante. A la larga, quien se cierre sobre sí mismo perderá el pulso (¿alguien recuerda aquel software de finales de la década anterior, exclusivo de IBM, tipo DisplayWriter o su serie Assistant?).

El otro terreno para la innovación será el del trabajo en grupo. Ahora bien, todo hay que decirlo: el trabajo en grupo es una moda americana que todavía no se ha aposentado en España. Por eso, toda novedad en este campo es más un elemento de curiosidad que objeto de deseo social. Pero todo es cuestión de tiempo. Cuando la nueva filosofía empresarial de la gestión por procesos y proyectos haga necesario el trabajo en equipo, sin jerarquías, las hojas de cálculo habrán de albergar tantas versiones de un análisis numérico como integrantes haya en el equipo.

Pero más que la innovación pura, el usuario hoy lo que pide a una hojas de cálculo son mejoras. Y en este punto las oportunidades son infinitas. El fabricante parte ya de un usuario medio, informáticamente cultivado, con dos obsesiones principales: a) que no tiene tiempo; b) que quiere quedar bien. La primera obsesión (las prisas) obligará a estudiar al usuario casi tan científicamente como ya lo hiciera en su tiempo Taylor. Y obligará a retocar los métodos de acceso y la estructura de los menús, la introducción de datos, la selección y formateo de números, la persecución de objetivos, una y otra vez. De hecho, esto ya lo hemos estado viviendo en la vertiginosa sucesión de las últimas versiones. La segunda obsesión (la estética) llevará a reformar la impresión, a facilitar el formateo y la documentación de la hoja, a excederse en iconos embellecedores, en el aparato gráfico y en efectos de todo tipo. En esta línea se explica que en Excel sea posible que una celda "rompa a hablar" cuando pasa por ella la flecha del cursor, o despliegue un valioso globo textual con comentarios sobre los datos que alberga la celda. Las notas que siguen sobre las tres hojas más conocidas, Excel, 1-2-3 y Quatro, tienen carácter de urgencia. Se han escrito para que el lector sepa lo que se avecina. La nueva Excel merece un estudio más a fondo en otro número de la revista. Lo mismo que merecerán las otras dos hojas el día que salgan al mercado las versiones definitivas. Lo que se comenta sobre Lotus 1-2-3 y Quatro Pro es sólo opinión del fabricante, dado que no he podido acceder al producto acabado, ni siquiera a una versión beta avanzada.

Microsoft Excel 7.0

Las ilustraciones que acompañan este artículo hablan en parte del salto realizado por Excel en la versión con que se adaptaba al nuevo entorno. Es sin duda una aplicación de 32 bits. Los cálculos se realizan mucho más rápidamente y, a pesar de la sobrecarga de datos, imágenes y tareas simultáneas con las que ha sido probada, la hoja respondió perfectamente y con notable velocidad. Se ve que es capaz de trabajar en un espacio inmenso de hasta 2 GB de RAM. Mis pruebas se hicieron en un Pentium a 100 MHz con 16 MB de RAM, y no pudieron desarrollarse más satisfactoriamente en cuanto a velocidad de los cálculos.

Además de las novedades de telecomunicación antes citadas (fax, correo electrónico, Internet), Excel ha realizado un esfuerzo considerable por mejorar la productividad diaria del usuario. Por ejemplo, se le ha dotado de un denominado motor de recálculo (Recalc Engine) que hace esta función prácticamente imperceptible para el usuario común. Por ejemplo, se ofrece una enorme facilidad de desplazamiento por el vasto espacio de una hoja, y por cada una de las numerosas hojas que pueden componer un archivo o "libro" (el término preferido por Microsoft, aunque me parece más acertado el de "cuaderno"). Por ejemplo, el empleo de las funciones, y hasta la creación de macros, resulta una tarea al alcance de todos.

Pero hay muchas cosas que siguen sin convencerme de Excel. La primera, que devora memoria de disco hasta límites que rayan con el despilfarro. No olvidemos que, a pesar de los últimos avances, un recurso como la memoria permanente sigue siendo escaso. La segunda contrariedad, en parte relacionada con la anterior, es que sigue siendo lenta y pesada a la hora de entrar, a la hora de salir y a la hora de guardar los archivos. ¿Alguien se ha parado a reflexionar sobre lo pesado que puede llegar a resultar una consulta al menú de Ayuda? No basta con decir que se ha tratado de resolver este problema "con una revisión a fondo de los códigos para eliminar comportamientos poco eficientes". El resultado final para el usuario es que el problema sigue existiendo, aunque atenuado.

Más objeciones. Microsoft sigue distinguiéndose por la escasa racionalidad de sus menús. Así, cuando el lector tenga que bautizar determinadas celdas o bloques de celdas, las primeras vece

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