| Artículos | 01 NOV 2001

¿Hay que cambiar a Windows XP?

Tags: Histórico
Ventajas e inconvenientes para usuarios, empresas y programadores
Juan Blázquez.
La aparición de Windows 95 en 1995 fue un hito para la informática personal que cambió por completo el panorama que hasta entonces existía. En los seis años que han transcurrido desde entonces, Microsoft ha realizado mejoras que se plasmaron en Windows 98, con dos ediciones, y Millennium. La problemática de Windows 9X es también una de las razones que explican los motivos del fabricante para mantener en el mercado una línea de sistemas operativos doméstica y otra profesional, con Windows NT 4.0. En 2001, Microsoft ha hecho examen de conciencia y definitivamente abandona la inestabilidad propia del núcleo de Windows 9X, apuesta por la estabilidad de NT y lanza Windows XP como refundición en una sola familia de las virtudes de ambos mundos.

uchos usuarios profesionales y legos pueden llegar a pensar que la aparición de Windows eXPerience no es más que otra estrategia marketing de Microsoft para aumentar su cuenta de resultados. Una creencia que no resulta infundada a tenor de los continuos vaivenes de versiones y productos que la empresa de Redmond ha puesto en el mercado en escasamente seis años, periodo en el que unas sucedían a otras sin tiempo para digerirlas completamente y todas con la intención de ser definitivas. Sin embargo, Windows XP no es un simple lavado de cara de esos sistemas operativos que ya están en el mercado. Los cambios que lleva consigo no se limitan a cambiar el aspecto de la interfaz de usuario. Ciertamente Microsoft ha modificado profundamente este sistema operativo y su aparición es tan significativa en la informática de microordenador como en su momento lo fue Windows 95. El abandono definitivo de la pesada herencia de MS/DOS y la potenciación del núcleo de Windows 2000 representan una nueva perspectiva para la explotación de los dispositivos y el aprovechamiento de las tecnologías y servicios que llegan de la mano de Internet.
Desde esta línea de partida, en este artículo se trata de pasar revista a las características que presenta esta reciente plataforma, contemplándolas como razones con las que abordar la decisión de migrar hacia él desde el actual sistema operativo que hubiera instalado, no como una mera descripción de su funcionalidad. Dicho de otro modo, ¿qué es lo que realmente aporta XP a la comunidad informática que forman los usuarios domésticos, empresariales y programadores? Para cada posible necesidad, Microsoft ha lanzado las ediciones Home, Professional y Server (aún no disponible), ante las que cada usuario ha de decidir, en primera instancia, si necesita verdaderamente este sistema operativo y, si es así, por cuál de ellos ha de optar.


EN EL HOGAR
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Para la informática de ámbito doméstico, Windows XP supone, sin ningún género de dudas, una verdadera revolución. Con este sistema operativo, el ordenador se convierte en el electrodoméstico multimedia central, en torno al cual se organizan las actividades lúdicas, culturales y profesionales del hogar. Y es que con esta plataforma el usuario doméstico, por fin, tiene a su alcance una herramienta con verdadero carácter profesional, con una facilidad de manejo de aficionado.
Microsoft propone la versión Home Edition como el sistema operativo de escritorio de los ordenadores del usuario doméstico. Este tipo de usuario empezará a notar la diferencia entre XP y Windows 9X/Millennium desde la instalación del producto, que aunque mantiene un aire similar al asistente que ya conoce, cambia completamente. Y la novedad más significativa que se encontrará en estos primeros compases es la de resolver el registro de la copia que está utilizando. Microsoft ha dado un giro de 360 grados a su política de licencias y el nuevo XP ya no se puede copiar y distribuir tan alegremente como se podía hacer con el resto de sistemas operativos de este fabricante. El usuario que instala XP tiene que ser consciente de que ha de registrar su copia obligatoriamente, por teléfono o por Web, dentro de un plazo determinado -30 días-, transcurrido el cual el ordenador deja de funcionar bajo esta plataforma. No basta con introducir el número de serie que se entrega con el CD-ROM y que el asistente reclama durante la instalación. Hay que registrar oficialmente esa instalación con Microsoft, que queda íntimamente ligada al hardware en donde se ejecuta, en una filosofía que pretende que cada máquina tenga su propia licencia de sistema operativo.

Estable y compatible
Ante la cuestión de si estos inconvenientes compensan la utilización de esta nueva plataforma, la respuesta es definitivamente afirmativa. Windows 2000 no estaba planteado para ser empleado con las aplicaciones típicas que se utilizan en el hogar, y aquellos usuarios que probaron la migración, comprobaron que la fortaleza y estabilidad del kernel o núcleo de NT perjudicaba más que beneficiaba la ejecución de sus juegos preferidos y no todas las aplicaciones que funcionaban correctamente bajo 9X/Millennium se ejecutaban igual de bien bajo 2000, una de las causas por la que la este sistema operativo no ha sido tan difundido. Todo esto ha cambiado rotundamente y los usuarios podrán experimentar cómo bajo la misma máquina y con XP sus juegos y vídeos funcionan de una manera que hasta ahora no habían conseguido, y el grado de compatibilidad que ofrece respecto a las aplicaciones de distinto propósito diseñadas para otras plataformas hace que se ejecuten con la misma normalidad con la que venían utilizándolas y, generalmente, con unos mejores rendimientos. Habrá problemas, lógicamente, con utilidades de sistema y con viejos programas escritos específicamente para DOS, para los que habrá que pensar en buscar reemplazo, ya que este sistema operativo incorpora una herramienta específica para estas situaciones, que permite lanzar la ejecución de los programas emulando el entorno que necesitan para funcionar, pero sólo se contempla para simular entornos a partir de Windows 95.
En la tranquilidad que representa no tener que pensar en actualizar los programas para utilizarlos bajo XP, el usuario que entre a valorar otras funcionalidades de este sistema operativo comprobará el abrumador balance positivo que tiene frente a otras plataformas. Empezando por una interfaz mucho más vistosa, completamente diferente y rediseñada para que el usuario no pierda la orientación del contexto, en el que está utilizando un explorador construido en una filosofía completamente Web que da un manejo más uniforme entre aplicaciones y sistema operativo. En el explorador, a la derecha de la ventana muestra los ficheros y a la izquierda las operaciones que se pueden realizar sobre ellos, funciones que antes había que buscar en el botón derecho; una novedad que será muy apreciada principalmente por los usuarios poco duchos o que empiezan. Estas facilidades contextuales también quedan ilustradas con la nueva función que incorpora para gestionar la barra de tareas, que permite agrupar en una sola ventana todas las tareas que se realizan dentro de una misma aplicación. Por ejemplo, en Word ya no hay un botón para cada documento abierto, existe solo uno que muestra y enlaza con los distintos documentos con los que se está trabajando. El inicio acelerado del sistema y la conmutación rápida entre los distintos usuarios sin perder trabajo y cada uno con su propio escritorio, hacen que el ordenador esté siempre disponible y no haya pereza para ponerse a hacer cosas, situaciones antes problemáticas

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