| Artículos | 01 FEB 1996

Galileo conquista Júpiter

Tags: Histórico
José María Fernández Rúa.

Hasta dentro de unos meses, probablemente en julio, el equipo multidisciplinar de investigadores del Jet Propulsion Laboratory, en Pasadena (California), no empezará a procesar los miles de fotografías y datos que, en escasos minutos, envió la sonda científica que soltó la nave "Galileo", antes de que la aplastante atmósfera de Júpiter la destruyera el pasado mes de diciembre. Esta nave, cuya inspiración nació en Padua (Italia) hace cuatro siglos, desaparecerá para siempre dentro de dos años. Algunos de los científicos de Pasadena llevan trabajando en este proyecto desde 1977, y ya entonces calcularon con una precisión fuera de lo común todas y cada una de las trayectorias que iba a realizar la nave "Galileo"; un ingenio que se lanzó al espacio en octubre de 1989 y que ha costado cerca de doscientos mil millones de pesetas. Pero la inversión no ha podido ser más rentable. Astrofísicos e investigadores de numerosos campos no ocultan su satisfacción. Esta misión de la NASA ha sido un completo éxito, a pesar de las numerosas anomalías que se han producido durante estos seis años.

Desde su lanzamiento, la "Galileo" ha realizado un impresionante viaje que le ha llevado a Venus y dos veces alrededor de nuestro planeta. Para ello, la nave ha utilizado la fuerza gravitacional para impulsarse hacia sus objetivos, descubriendo "Dactyl", la primera luna conocida en torno a un asteroide, "Ida". También ha conseguido fotografiar el espectacular impacto del cometa "Shoemaker-Levy-9" en la superficie de Júpiter. Y todo ello a pesar de que la principal de sus antenas, en forma de paraguas, no se desplegó en abril de 1991. Este fallo ha obligado a los expertos de la Agencia espacial americana a ingeniarse la forma de recibir la señales, a través de una antena de reserva utilizada a su paso por Venus. La imaginación del hombre ha conseguido, igualmente, subsanar fallos de almacenamiento de datos en la nave y las filtraciones en su sistema de propulsión.

Todas estas situaciones de emergencia han sido subsanadas con éxito en esta misión no tripulada. En su dilatado periplo, sin duda con grandes dosis de epopeya, la nave "Galileo" se enfrentó dos meses atrás con la peligrosa atmósfera de Júpiter, caracterizada por poderosos campos magnéticos, tormentas de polvo estelar y cinturones de radiación. La situación para los técnicos de Pasadena no era nueva. En agosto pasado había ocurrido algo parecido, cuando este ingenio sufrió una tormenta interplanetaria con la mayor intensidad media en la historia de las exploraciones espaciales.

Al parecer y según el Jet Propulsión Laboratory, el origen de toda esta actividad hostil estaría en alguna o en varias de las dieciséis lunas que componen el sistema de Júpiter. Todas las sospechas apuntan hacia "Io", que podría lanzar este denso y peligroso material a partir de descomunales erupciones volcánicas.

La sonda "Galileo", además de estudiar a sus enemigos naturales en este largo viaje que ha cumplido ya seis años y medio, tiene la posibilidad de abrir nuevas vías de investigación sobre la creación de nuestro sistema solar. Algunos astrofísicos opinan que Júpiter es una ruina gigantesca dejada atrás por acontecimientos que apenas comprendemos. Es algo así como abrir un maletín que contiene valiosa información y que ha estado herméticamente cerrado durante más de cuatro millones de años.

De acuerdo con datos contrastados, a diferencia de nuestro planeta, Júpiter está todavía compuesto por el gas y el polvo originales que, en su día, se congelaron para formar el astro-rey y los planetas del sistema solar. A diferencia de los cambios experimentados por el Sol a través de explosiones nucleares, los científicos consideran que se han producido escasas alteraciones en la mezcla que conforma Júpiter. Este planeta representa dos tercios de la masa existente en nuestro sistema más allá del Sol y tiene un volumen mil trescientas veces superior al de la tierra. Un informe elaborado por la Nasa hace varios años subraya que, en los más de cuatro millones de años desde que el sistema solar se congelara, Júpiter ha absorbido buena parte de los cometas y otros restos espaciales que, de otra forma, podrían haber tenido a la Tierra como blanco.

Los científicos quieren saber más de Júpiter, y "Galileo" puede ayudar a resolver, por ejemplo por qué este planeta emite dos veces más energía de la que recibe del Sol. Aunque la mayoría de su masa es gaseosa o líquida, algunos astrofísicos apuestan por la teoría de que en el interior del planeta está integrado por rocas con una composición muy parecida a las de la Tierra.

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