| Artículos | 01 SEP 1995

Filología e informática

Tags: Histórico
José María Fernández Rúa.

Un equipo multidisciplinar de investigadores del Instituto de Fiología del CSIC y de la Universidad Politécnica de Madrid, coordinados por los profesores Cunchillos, Cuena y García Serrano, han logrado buenos resultados en un proyecto innovador conocido como Hermeneumática para ayuda de ordenadores, traducir e interpretar automáticamente textos y tablillas de lenguas muy antiguas. El interés por interpretar estas lenguas se debe a que el desconocimiento que se tiene de ellas posibilita avances en la inteligencia artificial, y configura, a la vez que se traducen los textos, un banco de datos que servirá de consulta para sucesivas investigaciones.

La palabra Hermeneumática es un neologismo compuesto de dos lexemas, a la manera de otras palabras científicas como telemática. El primero, hemeneuo, de origen griego, significa "interpretar", y el segundo, de origen latino, (auto)mática, indica la automatización de la acción o proceso indicados por el primer lexema. En opinión del profesor Cunchillos, se trata de conseguir que un programa informático sea capaz de analizar un texto y "exprimir" la mayor cantidad de información posible del mismo, como lo haría un experto, pero de forma automática. Por el momento, la Hermeneumática se ocupa de lenguas de Oriente Próximo, como la ugarítica, cuyos restos de encuentran en sistemas de escritura incisos en tablillas de barro, y se prevé pasar posteriormente al estudio del fenicio y el púnico. Actualmente, el proyecto de traducción del ugarítico ha finalizado la fase análisis morfológico. El próximo paso es el análisis sintáctico. Cabe recordar que Ugarit fue la capital de un reino que existió entre los siglos XIV y XIII antes de Cristo, en la costa de Siria. Su alfabeto -con treinta signos, correspondientes cada uno a un fonema- es el más antiguo conocido, y su escritura era cuneiforme. El ugarítico es predecesor del hebreo y el fenicio del que deriva el alfabeto latino.

El interés por interpretar estas lenguas se debe a que el desconocimiento que se tiene de ellas posibilita avances en la inteligencia artificial, y configura, a la vez que se traducen los textos, un banco de datos que servirá de consulta para sucesivas investigaciones. Este estudio, que empezó en 1987 está dando sus frutos. En el Departamento de Filología Bíblica y Oriente Antiguo del Instituto de Filología del CSIC trabaja un equipo de investigadores para los que los equipos informáticos son tan importantes -según el profesor Cunchillos- como los utensilios más habituales de este centro.

En última instancia, se trataba de enseñar al ordenador a aprender la lengua en un estadio ya muy avanzado. En cambio, el intérprete de tablillas del II mileno antes de Cristo está más cerca del ordenador porque no conoce de antemano las estructuras sintácticas de la lengua que interpreta, y cuenta con pocas personas capaces de ayudarle en su búsqueda, explica el profesor Cunchillos.

La labor podría describirse como un continuo desciframiento inacabado, puesto que cada tablilla es un original que hay que descifrar y entender en un texto y en su contexto. Cada unidad mínima, como es la palabra, puede llevar a buscar su origen desconocido, su significado de base, y por supuesto, a rehacer parcialmente la gramática. Hay que precisar que una tablilla es, con frecuencia, un enigma con varias incógnitas. Además, no siempre el sentido aparentemente obvio de una palabra es el verdadero.

No obstante, lo que son inconvenientes pueden trocarse en ventajas. El intérprete de tablillas tiene que recorrer durante su trabajo de manera completa la línea de la interpretación. Si le falla un solo eslabón, la interpretación correcta no se produce. Esa situación le ha conducido a fabricarse sistemas expertos en su propia mente, sistemas que al ser tal vez más simples, pero en definitiva también más completos que los que reproducen el especialista en lenguajes modernos, le permiten estar más cerca de la realidad del ordenador al que hay que enseñar todo desde cero.

Desde el punto de vista del filólogo, el objetivo es detectar primero y formalizar después cada una de las etapas que componen el circuito hermenéutico o fase de reconocimiento del texto. El autor de un texto ha reconocido un camino desde la primera idea creativa del mismo hasta el producto externo del autor, que es el texto. El lector parte del texto que es el objeto que se ofrece a su comprensión. El lector tiene que ir reconociendo todos los códigos que consciente o incoscientemente ha utilizado el autor. El lector al que nos referimos aquí en un lector crítico, es decir, que tiene que reconocer los códigos utilizados por el autor y probar que cada uno de los códigos que el lector reconoce son correctos. El primer paso, por tanto, es siempre el replanteamiento del trabajo, bajo la mirada exigente de la informática, y la formalización. Lo contemplan como "una interacción entre técnica y ciencias humanas".

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