| Artículos | 01 NOV 1996

Especial Internet

Tags: Histórico
Juan M. Sáez.

En esta nueva cita de IDG Communications con los seguidores del mundo Internet, volvemos a ofrecer toda la actualidad que rodea a esta ya, se puede llamar, industria. Si en nuestro primer número comentábamos las impresionantes cifras de conexión a la Red de redes, en el segundo destacábamos los principales usos que demandan los llamados cibernautas, en esta tercera entrega nos hemos centrado más en el apartado comercial que depara Internet.

Más de 40 millones de compradores potenciales -sólo en Estados Unidos el importe del comercio electrónico en el último año superó los 700 millones de dólares- dan una idea del interés creciente que demuestran todos los sectores económicos por estar presentes en Internet de una u otra manera, con mayor o menor incidencia. Pero aquí comienzan los problemas. ¿Es seguro Internet? ¿Va a ser realmente operativo? ¿No existe un peligro real de saturación? ¿Es necesario una regulación legal de uso? Son sólo unas pocas preguntas de las muchas que nos podríamos hacer a la hora de planificar una inversión en Internet. Estos y otros asuntos los tratamos en las páginas que siguen, con el ánimo de aportar información que pueda ayudar a situarnos con normalidad en este nuevo escenario informático, que va a marcar muchos aspectos de nuestras vidas en los próximos años.

Destacar en este apartado de la página editorial el último punto de preocupación comentado: la regulación de los contenidos que circulan por las llamadas autopistas de la información. Es un tema serio que sí merece un comentario aparte. La polémica abierta con los descubrimientos de redes de pornografía infantil está propiciando un debate falso, en el que los poderes públicos buscan una excusa para intentar controlar un tremendo vehículo de comunicación. Por suerte para todos, todo intento de control va ser, como vulgarmente se dice, poner puertas al campo. Creo que todos deberíamos tener claro que Internet es un inmenso campo de convivencia para intercambio de información, donde por desgracia tienen cabida los delincuentes. Pero, a diferencia del atracador que nos sorprende en la calle con una navaja, en la Red le podemos evitar con un arma más sutil: nuestra más absoluta ignorancia. Debemos ser maduros y hacer madurar a nuestros hijos para que, como en todos los órdenes de la vida, tratar de saber elegir siempre lo adecuado. Las 684.000 personas que utilizamos Internet en España, como los del resto del mundo, merecemos ser clasificados como adultos.

jmsaez@idg.es

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