| Artículos | 01 ABR 1999

Encontrar trabajo en la Web

Tags: Histórico
A los lectores no se les escapará el significado que del término nombres de dominio viene entendiéndose, tanto entre los propios usuarios, como dentro del sector informático, pero tal vez, aún a pesar de los casos más que sonados que han salido la luz pública, para los que muestren interés por conocer con mayor precisión las relaciones o vinculaciones que esta figura representa con los derechos de Propiedad Intelectual en general y las marcas en particular, tratan estas líneas.
En esencia, los nombres de dominio vienen, ya desde sus orígenes, a identificar a un usuario en concreto, a una máquina o puesto de trabajo conectados en red online, a los que se les permite la posibilidad de recibir y transmitir libremente información en múltiples formatos. Para poder realizar esas funciones es necesario que exista previamente una dirección unívoca. El IP (Internet Protocol) es el sistema básico de intercomunicación en la Red y el que asigna esas direcciones que son de carácter numérico.
En un primer momento, la identificación de los ordenadores conectados entre sí, se hacía a través de estas direcciones como si de un número de teléfono se tratara. Analizada la escasa operatividad de este sistema, se pusieron en relación las direcciones numéricas con nombres definidos representando unas ventajas apreciables, sobre todo en cuanto a la memorización de los mismos, favoreciendo su rápida y espontánea identificación.
Las entidades oficialmente reconocidas como encargadas de la gestión y reconocimiento de los dominios corren a cargo del InterNIC, Internet Network Information Center, bajo la aplicación del DNS “Domain Name System” y la dirección IP (Internet Protocol). En España dicha función queda centralizada en exclusiva en el CSIC, el Centro Superior de Investigaciones Cientificas, en concreto en su división denominada Centro de Comunicaciones CSIC Red Iris, que gestiona la tramitación de estos dominios de primer nivel correspondiente a su circunscripción territorial, identificados todos ellos con el sufijo final “.es”. El CSIC es calificado como un organismo público de investigación y ejerce esta actividad de registro delegado de Internet en España. Este servicio es el conocido como ES-NIC y se desarrolla por delegación de la “Internet Assigned Number Authority”.
La asignación de los registros de los nombres de dominio no se encuentra sujeta a unos condicionantes que limiten sus actividades funcionalmente sino que, en esencia, el reconocimiento del derecho al registro, dependerá de un previo reconocimiento de los existentes para, en base al resultado obtenido, observar la preexistencia de una posible identidad, lo que es el denominado “first to file”, el primero que adquiere el registro será el que tendrá derecho material frente a cualquier tercero legítimo o no, que con posterioridad intente o pretenda la inscripción de un nombre de dominio idéntico al inicialmente registrado.
Ya en este punto, encontramos transcendentales diferencias con respecto a los registros marcarios, los cuales en modo alguno encuentran una total unificación en su tramitación en los diferentes estados, aunque se respeten a escala internacional pero no mundial, determinados principios o criterios considerados como sagrados.
No obstante, tanto la organización como la administración del DNS, es objeto de intensos debates a escala internacional, lógicamente, llevadas a cabo por la mayoría de los países industrializados frente a los de menor potencial que, una vez más pretenden hacer valer su peso específico, que sin duda alguna ostentan. Los debates se centran en la pretensión de alcanzar una seguridad, por mínima que ésta fuese, en su institucionalización y pueda de esta forma adaptarse a la creciente demanda (volumen del tráfico en Internet), y administrar en forma competitiva, clara y abierta, teniendo siempre en cuenta, los intereses de las partes implicadas.

- Planteamiento de la problemática
No cabe duda que los dominios pueden ser calificados de auténticos identificadores comerciales, y así es entendido por la propia OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual). Por lo tanto, observamos en la sociedad de nuestros días que surge con fuerza la necesidad de tener presencia física en este espacio virtual, aunque actualmente se limite su uso, en la inmensa mayoría de los casos y de un modo más bien rutinario, en la publicidad realizada en otros formatos, testimoniando su presencia en este medio, pero sin desempeñar una postura que bien pudieramos calificar de activa.
Ahora bien, aunque su presencia como hemos afirmado se reduce más bien a ser testimonial que realmente activa, supone en la práctica el inicio de una nueva actividad tanto profesional como comercial, mediante la presencia física de las empresas o entidades en la red, se constituyen unos nuevos departamentos, cuya actividad se concentra, en la actualización de la información facilitada, y en el ofrecimiento del conjunto de las prestaciones de servicios, así como productos finales materializadas en contínuas negociaciones virtuales que deben dar como resultado transacciones comerciales llevadas a cabo desde un puesto de trabajo fijo, en la misma sede física de la empresa o desde cualquier punto geográfico, con un interlocutor ubicado igualmente sin limitación espacial alguna, lo que se ha dado en llamar “comercio electrónico”. La presencia física en Internet globaliza la estructura de una empresa, por pequeña que ésta sea. La importancia que representa la obtención del dominio como identificador de la empresa, en base al cual va a poder ser identificado y reconocido en el ciberespacio, permitiendo a su legítimo titular ejercitar cualquier transacción contractual susceptible de manifestar el conjunto tanto de derechos como obligaciones que entre las partes acuerden y el derecho acepte, la asimilación, desde este punto de vista, a las cualidades inherentes y valores que despierta el nombre comercial y las marcas de una empresa en el consumidor final, ha provocado innumerables problemas, principal y únicamente por la falta de previsión de los mismos.
Todo esto fomenta el ingenio de las personas, observando en estas vacilaciones perspectivas reales de negocio rápido, mediante la ocupación o el registro de nombres de dominio con la única finalidad de lucrarse mediante el ofrecimiento a su venta (Domain Name Grobbing), de firmas afamadas o, sin necesidad de adquirir dicho status, pero que ostentan sin duda un interés presente o futuro en intentar adquirir lo que creen tener derecho legal para justificar su titularidad, alentadas, no por las características totalmente imprevistas que desbordan el sistema judicial ordinario. Ejemplos de usurpaciones de dominios (cybersquatting) no nos faltan, desde los más afamados o sonados que salpicaron a la luz pública como los casos de McDonald´s, Avon, Panavisión, Pitman (en Reino Unido), y Telepizza, Ozú... (a nivel nacional), hasta el más recientemente acontecido y, presuponemos, de extraordinaria relevancia económica como el registro de los denominaciones “exxonmobil.com” y “exxon-mobil.com”, exactamente el día después de anunciar públicamente la fusión de ambas firmas multinacionales del sector petrolífero.
Podemos realizar la siguiente clasificación en cuanto a los problemas que estas tácticas plantean

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