| Artículos | 01 DIC 1995

En busca de la inteligencia de silicio

Tags: Histórico
Eloy Anguiano.

El desarrollo tecnológico viene dado a lo largo de los siglos por el interés del hombre de controlar la naturaleza y superar las limitaciones que ésta impone al ser humano. Una de las grandes limitaciones que nos impone la naturaleza es el tamaño de nuestro cerebro. Sólo somos capaces de absorber una serie de conocimientos y de realizar razonamientos o deducciones con una determinada velocidad.

Si a este siglo se le pudiera etiquetar por sus intereses, se podría decir que es el siglo de la "vida" y la "inteligencia". La vida en cuanto a la capacidad del hombre de manipularla e incluso crearla directamente. En este sentido, todos los avances de la biología nos han conducido al desarrollo de la ingeniería genética y, probablemente, en los albores del siglo XXI, el hombre sea capaz de crear vida.

Desde el punto de vista de los fines, el fin de la "vida" es una simple parodia del intento de recrear la "mente" o "inteligencia". La búsqueda de una inteligencia creada por el hombre es mucho más compleja desde el principio.

Lo primero que se ha de abordar es la cuestión ¿qué entendemos por inteligencia?. Los propios psicólogos mantienen aún algunas disputas en cuanto a su definición. Si es así, cómo prodríamos definir inteligencia artificial. Curiosamente, la respuesta es más sencilla pero no carente de puntos de vista. La corriente más simplista es la que propugna que la "inteligencia artificial" es algo que hace más listos a los computadores. La corriente más adecuada a la situación actual es la que propugna que es la ciencia que hace que las máquinas realicen cosas que, de haber sido hechas por el hombre, requerirían inteligencia. De alguna forma, esta definición se ajusta más, a mi entender, a la definición de lo que es un sistema experto.

Personalmente, prefiero una definición que es mucho más ambiciosa. Inteligencia artificial es cualquier sistema que pueda comunicarse con una persona sin que ésta sea capaz de determinar si su partener en la comunicación es un ser humano o una inteligencia creada artificialmente. Esta definición conlleva muchas preguntas con un fuerte trasfondo psicológico:

- Si son capaces de emular los sentimientos de acuerdo con las situaciones, entonces ¿se pueden decir que son sentimientos reales? De alguna forma, los hombres respondemos emocionalmente de forma distinta dependiendo de las situaciones y es algo que hemos aprendido desde pequeños.

- Si son capaces de sentir y de razonar ¿qué los diferenciaría intelectualmente de nosotros? Probablemente la respuesta fuera que nada.

- Para los creyentes las preguntas podría ir aún más alla. Si sienten ¿por qué no pueden tener alma? Esta pregunta tiene tal componente teológico que se me escapa de las manos.

Éstas y otras muchas preguntas, a cual más compleja son las que surgirían si se pudiera obtener una verdadera inteligencia artificial.

¿Dónde estamos?

La situación actuál en la inteligencia artificial está entre la primera y la segunda de las definiciones que he apuntado anteriormente. La mayoría de los investigadores en inteligencia artificial están desarrollando sistemas informáticos que sólo pretenden hacer que el ordenador sea más listo o, a lo sumo, y en los casos más avanzados, realizar tareas de una forma inteligente a partir, muchas veces, de datos incompletos, confusos o categóricos.

Los sistemas más avanzados se puede decir que son más "Sistemas Expertos" que inteligencia artificial de forma completa. Son sistemas inteligentes pero con un ámbito de aplicación muy restringido.

Para hacernos una idea, actualmente hay sistemas expertos capaces de determinar enfermedades a partir de síntomas e incluso son capaces de solicitar ciertos análisis con el fin de discriminar entre todas las posibilidades que se ajustan de una forma determinada a esa sintomatología. Otros sistemas son capaces de ordenar la carga y descarga en puertos de tal forma que esta se haga de la forma más eficaz posible. Otros son capaces de predecir las ventas a corto plazo de un determinado producto y con ello organizar su distribución.

Por supuesto, existen muchos otros sistemas expertos pero todos tienen en común el realizar una única tarea humana en las que es necesario tomas decisiones o realizar acciones a partir de datos no muy fiables o incluso no cuantificables.

¿A dónde vamos?

El nivel de complejidad de los computadores es, por supuesto, limitado. Con la tecnología actual basada en los semiconductores es muy improbable, por no decir imposible, la posibilidad de crear un sistema tan complejo como el cerebro humano. Si uno tiene en cuenta el número de neuronas en un cerebro humano medio y el número de conexiones posibles de una neurona con las demás y analiza todos los posibles caminos que puede segir la información, se obtiene un número inmenso, imposible de reproducir con la actuál tecnología microelectrónica.

Los ordenadores ópticos son una de las grandes esperanzas en este sentido, la capacidad de conexión de los componentes de los ordenadores ópticos es al menos como las de las neuronas, sin embargo el almacenamiento de un número de componentes similar al número de neuronas humanas formaría un ordenador de un tamaño demasiado grande como para ser viable. Tal vez se consiga en los próximos años una tecnología que sea capaz de hacer lo suficientemente pequeños estos componentes, sin embargo dudo mucho que se pueda llegar a una miniaturización suficiente.

Otra de las grandes posibilidades son los ordenadores biológicos, es decir, ordenadores cuyos componentes son elementos similares a los que encontramos en un ser vivo. Este tipo de ordenadores se halla en una situación tan incipiente que dificilmente se puede hacer ningún pronóstico sobre su futuro, sin embargo, si se pudieran crear, en ellos se unirían los dos grandes intereses de este siglo. Otro problema añadido es la programación y el sistema de aprendizaje que necesitarían estos ordenadores. Este es un campo abierto y muy poco estudiado en la informática teórica y, posiblemente de tan difícil solución como lo son los sistemas de aprendizaje en los seres humanos.

De esta forma, querido lector, es muy difícil que en nuestra vida seamos capaces de ver verdadera inteligencia artificial, pero mis dudas sobre su futura existencia son realmente escasas. Habrá inteligencias artificiales aunque no es muy probable que las encontremos en el Silicio.

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