| Artículos | 01 JUL 2006

El futuro de Internet: El Ordenador IP

Tags: Histórico
El principal problema de la mayoría de los ordenadores comprados hace más de 1 año es la escasez de almacenamiento
Jaime de Yraolagoitia.
A los ordenadores les falta disco duro y resulta muy común encontrarnos con PC que tienen discos duros pequeños: 40 GB, 60 GB, cifras insuficientes para las necesidades actuales. Queremos guardar ficheros de música; queremos guardar películas; queremos guardar fotografías; y queremos guardarlos a la máxima resolución y calidad que permita el dispositivo de captura, sin tener que arrepentirnos posteriormente argumentando la típica coletilla “hemos bajado la resolución y calidad del fichero para que ocupe menos espacio en el disco duro y no se coma todo el disco del ordenador”. Queremos -si es posible y tenemos el grabador DVD adecuado- que las películas se guarden con una resolución mínima de 720 x 576 (válida para formato panorámico 16:9), y queremos que tengan la tasa de transferencia (bitrate) adecuada para el sistema PAL (25 frames por segundo) y queremos que se graben en alta definición (HDTV) y que se guarden en dual (inglés y español), además de tener una elevada calidad en audio. Por supuesto, también queremos digitalizar nuestros recuerdos antiguos, tales como cintas de VHS, fotografías viejas y discos de vinilo. Y que se guarden con la mejor calidad posible porque sólo vamos a tener una copia (la nuestra) y porque, probablemente, seremos nosotros los encargados de distribuirla al resto de la familia, que nos pedirá una alta calidad o nos colgará definitivamente a nosotros y a la informática. En definitiva, nuestro objetivo último es traspasar todo nuestro entretenimiento al mundo digital.
Pero no se trata sólo de la ingente cantidad de disco que requiere el almacenamiento de ficheros de música, películas y fotografías, sino que los programas y los sistemas operativos cada vez ocupan más espacio en disco y los ficheros de intercambio (page file), es decir, la memoria virtual, cada día es más grande. Además, están aumentando de forma alarmante las aplicaciones que se adueñan sin avisar de una parte del disco duro (o si te avisan, te dicen que es necesario e imprescindible para su correcto funcionamiento, lo cual no te deja mucho margen). Por ejemplo, algo que parece tan inocuo como la Papelera de Windows coge por defecto el 10 por ciento de espacio de cada unidad de disco (aunque usted puede modificarlo en Papelera• Propiedades); los puntos de restauración del sistema Windows (Mi PC• Propiedades• Restaurar sistema• Configuración) se reservan para sí entre el 7 y el 12 por ciento del espacio de cada unidad (dependiendo del tamaño de la unidad); el caché (archivos temporales) del navegador Explorer se come otros cuantos megabytes; y hasta programas tan punteros como el software iPod para Windows o las librerías runtime del entorno Java y del entorno .NET Framewok, no borran la versión anterior cuando se actualizan (y cada una de esas versiones anteriores ocupa aproximadamente 100 MB). Bien es cierto que las opciones de Windows que acabamos de señalar se pueden modificar para que ocupen menos espacio y, también, que es posible eliminar las actualizaciones antiguas de las aplicaciones sin que pase nada, pero ¿cuántos usuarios lo saben y cuántos se atreven a hacerlo?
Esta situación se agudiza extremadamente en un portátil, -que en muchos hogares españoles se ha convertido en la principal elección frente al ordenador de sobremesa debido a la falta de espacio en la mayoría de las casas-. Y decimos que se agudiza pues incluso hoy en día se venden como estándar portátiles con discos duros tan pequeños como 80 GB, con el agravante añadido de que, prácticamente, los portátiles nacen y mueren con lo puesto, sin tener posibilidades de actualización. Y eso que no estamos hablando de los portátiles comprados hace más de un año, que probablemente ni siquiera superan los 30 GB, sino de portátiles cuyas ofertas podemos ver en estas mismas páginas de PC World Profesional.
En definitiva, por mucho que tengamos (o creamos tener), la realidad es que siempre nos falta espacio de almacenamiento. Existen dos formas de superar esta escasez. La primera es grabar en DVD los ficheros de gran tamaño (por ejemplo, las películas de vídeo y las canciones de la biblioteca de música), aprovechando que muchos PC incluyen de serie una grabadora DVD (y que, en caso contrario, las grabadoras DVD internas y externas son muy baratas). Los discos DVD normales permiten almacenar 4,7 GB, pues todavía no está muy extendido el uso de los DVD de doble capa que superan los 8 GB, aunque ya se pueden encontrar estos discos DVD de doble capa por 5¤. La segunda forma de aumentar nuestra capacidad de almacenamiento es comprar un disco duro extra, ya sea interno o externo, aprovechándonos también de los precios que existen actualmente, que están muy bajos. Un disco duro interno puede costar 0,6 ¤ por cada gigabyte, mientras que un disco duro externo costará aproximadamente un poco menos de 0,8 ¤ por gigabyte; por ejemplo, un disco duro interno de 400 GB por 250 ¤ y un disco duro externo de 250 GB por 180 ¤.
Sin embargo, estas soluciones, aunque transitorias, no resuelven el problema. En un caso, no podemos estar apilando cajas y cajas de DVD que cuando se necesitan hay que localizar y copiar al disco duro para que sean operativos. Y, en otro caso, tampoco podemos estar adquiriendo un disco duro cada pocos meses, a pesar de su bajo precio. Además, no resulta operativo estar trasladando DVD y discos duros si queremos irnos unos días a casa de un amigo, estamos de vacaciones o queremos hacer una presentación de trabajo. Hoy en día 250 GB nos puede parecer mucho, pero dentro de 2 años probablemente se habrán quedado cortos. Y lo digo por experiencia: hace tres semanas me llegó el ordenador nuevo que he adquirido, con 500 GB de disco duro en RAID 0, y ya empiezo a considerarlo poco espacio y he conectado de forma permanente un Iomega HDD de 80 GB, aunque sea notablemente más lento que el disco duro. Y si esto es así ahora, todavía recuerdo cuando hace casi 20 años mi padre me compró mi primer disco duro para el ordenador Amstrad PC 1512, que tenía la buena idea de incorporar de serie dos unidades de disquetes de 360 KB (doble cara / doble densidad), lo cual permitía hacer copias rápidas de un disco a otro, pero con el inconveniente de que no se podía utilizar el habitual hueco (bay) reservado hoy en día para los discos duros porque ya estaba ocupado por… la fuente de alimentación del monitor. Tuve que acudir a una solución incluso extraña para aquellos días, que consistía en adquirir una tarjeta-disco duro; es decir, un disco duro en forma de tarjeta de 16 bits que se conectaba en el slot de ampliación ISA de un PC y que sólo ofrecía 20 MB de espacio, algo que hoy nos suena hasta gracioso. Se trataba de la famosa tarjeta Hardcard Plus 20, de la empresa Plus Development, cuyo precio no tenía nada de gracioso: más de 1.000 dólares.
Pero seamos sinceros. Seguramente se preguntará usted, ¿y a mí qué me importan todas estas características y precios del pasado? Sobre todo en un artículo que tiene por título el futuro de Internet y que hasta ahora sólo ha hablado del pasado. Es decir, ¿cómo podemos solucionar hoy en día el problema de la falta de almacenamiento en los PC y portátiles? Seguro que existen miles de respuestas, pero la que modestamente yo les voy a proponer es la que he llamado disco IP, y que creo resuelve no sólo la gran voracidad actual de

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