| Artículos | 01 ABR 2008

El don de la ubicuidad: Mobile IP

Tags: Histórico
Juan Blázquez.
Las actuales posibilidades de conexión y las facilidades de portabilidad de dispositivos de todo tipo y propósito, lejos de satisfacer la necesidad de movilidad de los usuarios, dispara sus exigencias para conectarse en cualquier momento y situación. Mobile IP trata de responder a esta necesidad.

Hasta hace relativamente poco tiempo, en la informática corporativa la principal preocupación de técnicos y usuarios era disponer de una red fiable y rápida que les permitiera compartir recursos y potenciar el esfuerzo colaborativo, siempre dentro del lugar de trabajo. Todos los bríos e inversiones se orientaban a conseguir este propósito. Hoy, la situación ha cambiado radicalmente y las expectativas de los usuarios no se limitan a tener acceso en la oficina al correo, una conexión a internet rápida y aplicaciones corporativas potentes. El desarrollo de las comunicaciones y su abaratamiento, unido a la miniaturización constante de unos dispositivos cada vez más potentes y sofisticados, facilita que los usuarios descubran nuevas posibilidades de trabajo, acordes con la trepidante dinámica que impone la actividad profesional de hoy en día. Los usuarios trabajan en la oficina, en casa, en el aeropuerto, en el cliente, en cualquier sitio. Los usuarios necesitan y quieren movilidad. Éste es uno de los principales retos a los que se enfrenta la informática actual. Y no para dar satisfacción a usuarios caprichosos, tecnificados en exceso. La movilidad supone una ventaja competitiva de primer orden para las organizaciones en su actividad de negocio, sea cual sea ésta. Así lo han entendido y buscan soluciones que cubran la conectividad completa de su personal: directivos y resto de puestos con otras responsabilidades.
Para muchos ya existen, en esencia, las soluciones y el equipamiento necesario para soportar, en unas condiciones aceptables, a los usuarios nómadas de la compañía. Portátiles, asistentes personales de mano (PDA) y similares, pueden ser equipados con elementos de conectividad inalámbricos y módems, de telefonía fija o celular, que les permiten encontrar fácilmente puntos de conexión desde donde obtener la comunicación con la red propia que precisen en cada situación. Sin embargo, en la práctica el aprovechamiento de estas posibilidades de conexión choca con una frustrante realidad: la insatisfacción del usuario. Una insatisfacción que no viene motivada por la rapidez de estas conexiones. Habitualmente, se considera que la problemática de la movilidad se debe al ancho de banda posible y la seguridad. En la práctica, sin embargo, éstas sólo son cuestiones secundarias, circunstancias inherentes a cualquier comunicación informática. Las oportunidades de los usuarios para conectar desde cualquier punto están en proporción directa a sus conocimientos de informática: configurar su ordenador a nivel de red. Una configuración que debe cambiar cada vez que portan su ordenador de una a otra red y los inconvenientes que plantea no poder mantener las conexiones mientras se mueven.
El verdadero problema para conseguir la movilidad total se encuentra en la estructura del actual modelo de red utilizado. De nuevo TCP/IP, el modelo pensado hace 30 años y sobre el que se asienta toda la conectividad informática actual, parte de una consideración estática de los dispositivos que se interconectan y que se refleja en el esquema de direccionamiento IP utilizado. De forma similar a como ocurre con la numeración telefónica, donde se incluyen códigos territoriales (94 Vizcaya, 93 Barcelona, 91 Madrid), las direcciones IP proporcionan información de la ubicación física de las redes. Esta estructura permite que los nodos interconectados puedan comunicarse entre sí, sin necesidad de conocer previamente el mapa completo con la situación de cada nodo. La información de red contenida en la dirección IP, la distribución física de éstas y el enrutamiento, permite que un usuario en Logroño pueda abrir una página web alojada en un servidor de Bielorrusia, sin necesidad de averiguar antes el camino que hay que seguir para establecer la comunicación. Un modelo de conectividad que sobre el papel parece eficaz pero que en la práctica se ha revelado como problemático, debido al desarrollo fulminante de la red TCP/IP por excelencia, internet. No obstante, distintas técnicas para la combinación de direccionamiento y enrutado han permitido superar las limitaciones implícitas en el diseño original y ha posibilitado que la red haya podido escalar hasta las dimensiones que ahora conocemos en internet, en donde la conectividad global es ya un hecho cotidiano. Pero ésta es una conectividad que se produce normalmente siempre y cuando los nodos operen dentro de la red a la que pertenecen. Cuando un nodo abandona su red, con la misma dirección IP que tiene configurado no consigue esa conectividad. Es decir, el “número de teléfono”, la dirección IP, que tiene asignado un dispositivo, no sirve para llamar, conectar, si no está dentro de la plataforma de conexión que le proporciona su red, su operador. Es decir, hoy por hoy, el único impedimento para la movilidad informática no es otro que el direccionamiento IP actual, IPv4, piedra angular de la conectividad tal y como la conocemos actualmente. Los usuarios, allá donde se encuentren, podrán disponer de puntos de conexión, ancho de banda y todas las demás condiciones de infraestructura comunicación que necesiten, pero sin una dirección IP válida no podrán conectar: ni con su red, ni con ninguna otra.
Existen recursos como DHCP, asignación automática de direcciones IP y DNS dinámico, registro de nombres de dominio automático, que ayudan a paliar las restricciones derivadas de fijar físicamente, por su configuración, los nodos a una red. Pero no la solucionan. Estos mecanismos permiten la portabilidad de los dispositivos, el traspaso de un nodo entre redes, pero no resuelven la movilidad. Los usuarios no buscan tener sólo opción al portar su equipo de una red a otra. Quieren mantener la conexión sin interrupciones incluso cuando se mueven, como cuando hablan con su terminal de teléfono móvil.

Mobile IP
Mobile IP surge como respuesta a esta necesidad y trata de proporcionar un mecanismo eficiente y escalable para los nodos móviles informatizados. Con este mecanismo se persigue que los nodos puedan cambiar su punto de acceso internet sin tener que cambiar su configuración de direccionamiento IP y mantener las conexiones en los protocolos de alto nivel, programas, incluso mientras se mueven. La idea es que el acceso a internet se produzca en las mismas condiciones a como se realiza la conexión telefónica móvil. Los usuarios no ven interrumpidas sus conversaciones cuando pasan de una célula a otra del operador. El cambio de un punto de conexión telefónico a otro es transparente e inmediato. Actualmente, en el ordenador esto no ocurre. Por muy automatizado que esté el cambio de configuración de la dirección IP, el cambio de red, dirección IP, implica la pérdida/restauración de la conexión y el fallo momentáneo o total de los programas que se estuvieran utilizando, consecuencia de la inevitable propagación y aprendizaje de las rutas de conexión, que forzosamente cambian. Un ordenador con Mobile IP puede cambiar de red sin tener que cambiar su dirección IP.
El desarrollo de esta tecnología que permita la movilidad tiene ahora un momen

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