| Artículos | 01 MAY 1995

El desafío español

Tags: Histórico
Jose Mª Fernández Rúa.

La colosal base de datos del Instituto de Información Científica de Filadelfia, que dirige Eugene Gardfield, es el resultado de la conjunción de las más modernas técnicas bibliográficas y los superordenadores de última generación. Tras analizar las citas contenidas en unas dos mil revistas científicas de todo el mundo, mediante un exhaustivo análisis informático, este centro ha comprobado que un estudio de la Universidad de Utah sobre la participación del pen p16 en un alto porcentaje de tumores, ha sido el trabajo de mayor impacto en la comunidad científica mundial durante el año 1994, de acuerdo con los datos facilitados por el Instituto de Información Científica de Filadelfia, que dirige Eugene Gardfield. Este importante gen fue descubierto un año antes por el joven investigador español Manuel Serrano Marugán, que desde hace algún tiempo desarrolla su labor en el prestigioso Laboratorio Cold Spring Harbor, en Nueva York.

La relevancia del descubrimiento español para la comprensión de las bases moleculares del cáncer ha sido refrendada por una rigurosa estadística del Instituto de Información Científica, que publicó la revista especializada "ScienceWatch". Concretamente insertó la lista de trabajos más citados en 1994 en las tres mil publicaciones científicas más importantes, que habían sido introducidas en una descomunal base de datos.

Este centro norteamericano elabora desde hace años este "ranking" con ayuda de un amplio equipo de expertos que llevan a cabo exhaustivos análisis del número de citas que recibe cada trabajo. Este es el método actualmente aceptado en el mundo de la ciencia, para evaluar el impacto y calidad de un estudio. Cabe recordar que este sistema es especialmente tenido en cuenta por los responsables de las políticas científicas de los países occidentales, cuando evalúan la calidad de sus investigadores y conceden ayudas a proyectos de investigación.

El antes mencionado estudio de la Universidad de Utah, que estuvo dirigido por el doctor Kamb figura en el primer lugar de esta lista, con setenta y una referencias. Es esta, sin duda, una cifra estimable ya que hay que tener en cuenta que fue publicado en el transcurso del mes de abril de 1994. El profesor Kamb y sus colaboradores demostraban el importante papel de la proteína p16 en la progresión del cáncer mediante un análisis efectuado con líneas celulares de tumores. El hallazgo tuvo gran repercusión, puesto que en sus conclusiones estos expertos de Utah puntualizaban que la proteína expresada por este gen estaría involucrada en, aproximadamente, un 75 por ciento de los tumores humanos.

Como era de esperar, estas espectaculares conclusiones impulsaron a otros científicos de Estados Unidos, Japón y Europa a profundizar en la investigación de la función de la proteína p16 en el desarrollo de los carcinomas. Al poco tiempo y tras proceder a un pormenorizado análisis, en las que las biopsias ocuparon un lugar preferente para detectar la presencia de la proteína p16 en tumores primarios, otros investigadores descubrieron que su participación en los distintos acrecentó la discusión y el interés por la p16.

De acuerdo con los últimos datos proporcionados por Manuel Serrano Marugán, esta proteína se ha detectado en un 80 por ciento de algunas leucemias y tumores de páncreas, así como en una 25 por ciento de los de cerebro y vejiga. De igual forma se ha detectado en tumores de pulmón y esófago, pero hasta el momento no se ha visto su presencia en los de mama y colon. El último trabajo importante sobre la p16 fue realizado por el propio Manuel Serrano Marugán, junto a otros científicos entre los que figura el también español Enrique Gómez Lahoz, del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York. Ambos científicos proporcionan las primeras pruebas directas "in vivo" de que la proteína p16 detiene el crecimiento celular, al inhibir una enzima llamada "CDK4", que desempeña un papel crítico en la progresión del ciclo celular.

A tenor de lo expuesto, este logro puede suponer un gran paso hacia la consecución de una molécula que sea capaz de imitar la capacidad inhibitoria la proteína p16 sobre la "CDK4". Se trata, sin lugar a dudas, de un desafío complicado pero si se llega a superar constituirá un refuerzo de gran alcance para el actual arsenal terapéutico anticancerígeno.

Hasta el momento en que se produjo el hallazgo del p16 el gen supresor de tumores que con mayor frecuencia había sido detectado en diferentes tipos de carcinomas era el antioncogén p53, concretamente en un 50 por ciento de los tumores humanos.

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