| Artículos | 01 MAR 2004

El boom de las comunidades de intercambio

Tags: Histórico
Una nueva forma de piratería
Eva Calo.
Los últimos estudios sobre ventas de música hablan de una bajada del 8,7% de las ventas mundiales a lo largo de 2003. Estos resultados muestran que, por quinto año consecutivo, la industria musical sigue perdiendo dinero. La culpa de estas pérdidas se echaba hasta ahora a la piratería y al conocido “top manta”, pero existen otros culpables, como las comunidades de intercambio, que están haciendo que la cifra de descargas ilegales, tanto de música como de películas o programas informáticos, aumente.

Las comunidades de intercambio han surgido en la Red como una alternativa para compartir archivos digitales basada en la seguridad. Estas comunidades funcionan gracias a la confianza que existe entre sus miembros, y por los gustos que comparten a la hora de elegir música, películas o aplicaciones. Estas redes suelen ser pequeñas, entre 10 y 100 personas, y se mantienen inaccesibles a cualquier persona ajena a esta comunidad. Para ello utilizan programas que carecen de un servidor central, como tenía Napster, lo que dificulta la investigación por parte de las sociedades defensoras de los derechos de autor.
J.P. es miembro de una de estas comunidades de intercambio, “que no llega a 15 miembros”, según afirma. Desde su punto de vista “con más de 15 personas ya empieza a no ser controlable, porque siempre alguno puede facilitar la clave para entrar en la comunidad a un amigo suyo, y a partir de ahí se pierde el control”. Incluso asegura que aunque en su comunidad no son muchos sigue sin ser del todo seguro, ya que “no te puedes fiar de lo que hagan otros miembros”. El requisito para formar parte de una comunidad , según J.P. “es que sean personas a las que conozcamos físicamente, no a través de la Red o por otro medio, aunque siempre hay excepciones”. El volumen de descarga mensual aproximado de J.P. es de 50 GB, descargas que realiza de un disco duro de 250 GB compartido entre todos sus miembros. En este disco duro cada uno de ellos deposita los archivos que considera que pueden interesar a los demás. “Básicamente intercambiamos películas en DVD o DivX, juegos para PC o para consolas y archivos de música. También intercambiamos aplicaciones informáticas comerciales e incluso alguna gratuita, para no tener que descargárnosla individualmente. Uno se descarga la aplicación y luego la comparte con el resto”, concluye J.P.
La Asociación de Internautas es una de las primeras que se muestra a favor de este tipo de comunidades de intercambio. Víctor Domingo, presidente de esta asociación, considera que “posiblemente sea una de las propuestas más interesantes de la Red, y además tiene mucho futuro”. Para defender la legalidad de estas comunidades Víctor Domingo asegura que “la Ley ampara el intercambio de archivos para uso propio y siempre que sea sin ánimo de lucro”. Incluso afirma que “la mayoría de las cosas que se intercambian a través de estas comunidades no están protegidas por derechos de autor”. En contra de la opinión de la Asociación de Internautas se sitúa la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) que lleva ya muchos años luchando por defender los derechos de autor tanto de películas, como de archivos musicales o aplicaciones informáticas. Pedro Farré, director de la oficina de defensa de la propiedad intelectual de la SGAE afirma que “la SGAE todavía no está actuando jurídicamente contra las redes de intercambio, pero si a través de la sensibilización social”. Farré asegura que “quien hace clic dentro de una plataforma musical en un fichero MP3 no está cometiendo un acto ilegal, sin embargo el que pone a disposición de otras personas música o películas protegidas por derechos de autor, sí que comete una ilegalidad”.
Aunque la AI defiende las pequeñas comunidades de intercambio, la SGAE afirma que este tipo de comunidades siguen cometiendo un acto delictivo. Esta afirmación se basa “en que todo lo que se intercambia en estas comunidades se hace a cambio de algo, y eso ya significa obtener un beneficio, un lucro”, según Farré. En estas microcomunidades, por un lado, “hay que preguntarse por el origen de las obras, es decir , si son legales o no”, como afirma Farré. Además, “hay que aclarar si ese intercambio se puede calificar como doméstico o privado, a lo que me atrevo a decir personalmente que no”. J.P., miembro de una comunidad de intercambio de este tipo, confirma que efectivamente “la gran mayoría de los archivos que intercambiamos en nuestra comunidad son ilegales. Puede que un 99%.” Pedro Farré recuerda que la piratería “es el acto según el cual una persona reproduce una obra sin el consentimiento de su titular”. Visto de esta manera, estas redes se pueden entender, aunque a menor escala, como redes de piratería. Según Víctor Domingo, de todas formas, “el mecanismo es lento como para la piratería”. Pero eso sí, sigue siendo efectivo.
Los miembros de este tipo de comunidades utilizan distintos tipos de programas para crear su red privada. En el caso de J.P. utilizan clientes FTP, “del tipo de Cute FTP, por ejemplo”. Según explica “hay otros casos en los que se puede utilizar una interfaz web, y para evitar que puedan acceder personas no deseadas existen muchos trucos”. Uno de estos trucos es, por ejemplo, que a quien no pertenezca a la comunidad la página le dé error al cargar la página, o le salga un mensaje tipo “servidor caído”. Con esto consiguen que no sea posible una investigación por parte de ningún organismo defensor de los derechos de autor.

Cambio de modelo
Víctor Domingo afirma que “las discográficas tienen que buscar ya un cambio de modelo que preserve los derechos de autor pero que no restrinja la difusión cultural”. Cada día son más y mejores las formas de conseguir archivos digitales de forma gratuita. J.P. incluso afirma que justifica su actuación “por los cánones que pago por CD, discos duros, etc. Los pago por adelantado, y por eso lo aprovecho”. En su opinión el problema está en el precio de la música, las películas y las aplicaciones informáticas. “Si fuera todo más barato no tendría que buscar métodos alternativos para conseguir lo que me gusta”, afirma J.P. Como ejemplo propone que en todos los países aprendan de “iniciativas como el servicio iTunes americano, de Apple, o el Napster de Roxío”.
El presidente de la Asociación de Internautas se muestra de acuerdo con esta idea. “Hay demasiados intermediarios, por eso haría falta un cambio de sistema”, según Domingo. “y no hay que criminalizar la Red, sino que hay que aceptarla como un camino de distribución nuevo, y adaptarse a él”. Desde su punto de vista “las sociedades de autores en este tema sólo tratan de preservar su rol, ya que se están poniendo en peligro tanto ellas como las discográficas”.

La opinión de los usuarios
A.com ha realizado recientemente un estudio acerca del intercambio de archivos por Internet en España. De sus conclusiones se desprende que el 87% de los internautas considera que la descarga e intercambio de archivos por Internet no debería ser ilegal. Entre los 5.000 encuestados el 28,9 % ha declarado que utiliza Internet para descargar archivos de música,

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