| Artículos | 01 SEP 2000

Discos CD-R

Tags: Histórico
¿Dónde están sus datos más a salvo?
Oscar G. Peinado.
En los discos CD-R, como en todo, los hay buenos, regulares y malos. Si quiere que sus datos estén a salvo muchos años y prolongar la vida de su grabadora y su lector de CD, debe hacer una buena elección.

Hace pocos años, los discos CD-R costaban más de 1.000 PTA, y había pocas marcas donde elegir. La situación ha cambiado mucho, y en la actualidad se puede encontrar multitud de marcas (e incluso discos sin ella) a precios muy similares, que rondan las 200 PTA. El consumidor, en muchas ocasiones, puede dejarse llevar por un precio diez duros más barato, desconociendo que se arriesga, no sólo a perder el disco durante la grabación (que sería lo menos malo), sino también a perder sus datos con el paso del tiempo, o a reducir la vida de su grabadora y su lector de CD.
Un CD-R tiene el mismo aspecto que un CD-ROM, salvo por el color de su cara grabable. Sin embargo, tiene una estructura muy diferente. En primer lugar nos encontramos con una base de policarbonato, sobre la cual se asientan todas las demás capas. Sobre ella se coloca una capa de algún polímero orgánico, que es en la que realmente se graban los datos. Encima de ella se encuentra una superficie reflectante, que suele ser de oro, plata o aluminio, cuya finalidad es reflejar la luz del láser que la capa anterior deja pasar. Para terminar, una capa protectora evita que el disco se dañe, y sirve de soporte su etiquetado.
Cada capa tiene su importancia en la calidad del disco, pero, sin duda alguna, sobre la que más se ha debatido es sobre la composición del polímero. Esta capa es la que recibe la energía del láser, modificando sus propiedades para permitir pasar la luz hasta la capa reflectiva o bien dispersándola para que no se refleje. De este modo se simulan los pits y lands estampados en un disco CD-ROM. Por lo tanto, tiene que ser un material sensible a la luz. Esto se convierte en un inconveniente con el paso del tiempo, pues su sensibilidad a la luz hace que se degrade con la exposición a la luz del sol e incluso con la continuada lectura del disco, al afectarle la luz del láser lector.
Inicialmente se utilizó cianina para esta capa, los discos estaban fabricados por Taiyo Yuden y fueron los utilizados para crear las especificaciones del libro naranja, por lo que los lectores de CD están diseñados para funcionar con este tipo de discos. Posteriormente se mejoraron las cualidades de resistencia a la luz, apareciendo la phthalocianina. Sin embargo, este compuesto es mucho más exigente con la potencia del láser lector, lo que puede provocar incompatibilidades con algunos equipos. Mientras que la cianina puede funcionar con potencias de 6 +- 1 mW, la phthalocianina necesita 5 +- 0,5 mW. Dado que los lectores de CD varían la potencia del láser en función de la velocidad de lectura, es posible que tengamos los datos en un soporte muy duradero, pero incompatible con algunos de los lectores del mercado, al menos en alguna de sus posibles velocidades.
La sustancia más recientemente creada para esta capa se denomina Metal Azo, y está desarrollada por Mitsubishi, que es el fabricante de la marca Verbatim. Ambas marcas son las únicas que utilizan este polímero. La característica de esta sustancia es básicamente una mayor resistencia a la degradación por la luz, manteniendo una sensibilidad a la potencia del láser aceptable y situándose en consecuencia como una solución de compromiso que busca combinar lo mejor de la cianina y de la phthalocianina.

Control de errores
Cuando se graba un CD-R se utiliza un sofisticado sistema de corrección de errores denominado CIRC (Cross Interleave Reed-Solomon Code), que se basa en la redundancia y el alternado de los bloques de datos. La información se graba en bloques de 24 bytes que se denominan símbolos, y cada 24 símbolos se añaden 4 bytes de paridad. Esta información redundante es la que permite recuperar los errores más leves. Por otra parte, la información de cada bloque no se graba contigua, sino que se reparte por toda la superficie del disco, intercalándola con la de otros bloques. Este complejo esquema de grabación evita que se pierda un bloque completo por un pequeño defecto localizado en un punto muy concreto de la superficie. Si esto ocurriera, en lugar de destruir un bloque, afectaría a una parte de varios de ellos y, gracias a los bits de paridad, la información sería recuperada de forma automática.
Para hacer la recuperación de errores, el CIRC se divide en dos niveles: C1 y C2. En el primer nivel se recuperan los errores aleatorios, provocados normalmente por ruido en la señal. Cuando existe un byte erróneo que es corregido en el C1, se representará como un error E11. En caso de que los bytes corregidos sean 2, el error será un E21, mientras que si son tres o más aparecerá un E31. Los errores E31 no pueden ser corregidos en el nivel C1, por lo que el bloque se pasa al nivel C2, donde se intenta corregir. A la suma de todos los errores E11, E21 y E31 ocurridos en un segundo se le denomina BLER o tasa de errores de bloque. El BLER por sí solo no es una muestra de la calidad de un disco, ya que todos los discos, por muy perfectos que sean, tienen cientos de errores en su superficie que, sin embargo, pueden ser corregidos por el CIRC. Sólo cuando el BLER sea anormalmente elevado podremos hablar de discos defectuosos y, normalmente vendrá acompañado de otro tipo de errores.
Cuado el bloque en el que se han detectado problemas está en el decodificador C2, puede generar errores E12 si se corrige un byte, E22 si se corrigen 2 o E32 si se detectan 3 o más. Observe que en el último caso decimos “detectan” y no “corrigen”. Efectivamente este tipo de errores afecta a demasiada información, por lo que no es posible corregirlos. La existencia de un solo error E32 en todo el disco hace que lo consideremos inservible, ya que un único byte defectuoso hace que un programa deje de funcionar. Igual que el BLER nos da una indicación global de los errores aleatorios de corta duración, el BURST lo hace de los errores de larga duración debidos a defectos físicos, pues se incrementa cuando aparecen más de 5 errores E22 o E32.
Cuando existe algún bloque con errores, el lector de CD detiene el proceso de lectura hasta que el bloque se ha corregido. Esto ralentiza la velocidad, tanto más cuanto más grave sea el error. En el caso de un error irrecuperable E32, se intenta volver a leer el bloque varias veces y, en algunas ocasiones es un procedimiento que resulta, pero consume mucho tiempo. Después de un determinado número de intentos sin resultado, se abandona el intento y se considera que el bloque es ilegible.
Otro tipo de errores no relacionados con el CIRC, pero que se han tenido en cuenta durante las pruebas, son el error de enfoque (FE), cuando la desviación es superior a 5 mm o el de seguimiento de pista (TE), cuando es superior a media pista.

La importancia de un buen disco
Normalmente se considera que un disco es malo cuando al grabarlo da errores que nos obligan a tirarlo a la basura, con el consiguiente enfado por haber tirado 200 PTA y repetir la grabación. Pero, ¿qué ocurre si el disco se graba bien y cuando falla es al leerlo? Podemos haber perdido, no sólo el dinero del disco, sino también información importante e incurrir en gastos bastante mayores que los del disco.
Es fácilmente comprensible que de un disco que no se puede leer no se pueda extraer la información. La pérdida por este hecho es infinitamente variable

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