| Artículos | 01 JUN 2010

De los riesgos de las redes sociales

Tags: Histórico
Luis Corrons.
Si echamos un vistazo rápido a la evolución de la tecnología, podremos constatar que en muy pocos años el avance ha sido muy rápido. Hace relativamente poco que usábamos las cabinas telefónicas para comunicarnos, e Internet era sólo un privilegio de unos pocos que, además, tenían que emplear mucho tiempo y esfuerzo para lograr llegar a ver apenas las primeras webs.

La evolución de la tecnología se ha convertido en protagonista de nuestras vidas, y nos hemos acostumbrado a utilizarla no sólo como herramienta de trabajo, sino como base de nuestras relaciones sociales: quien más o quien menos pasa unas cuantas horas en la Red.
Sin embargo, un avance tan rápido está teniendo dos consecuencias muy evidentes: nuestras vidas se han desdoblado, de forma que además de nuestra vida física también tenemos una vida online, y el ritmo vertiginoso en que van apareciendo nuevas tecnologías nos impide realmente aprender a un ritmo natural (cuando hemos aprendido algo, aparecen nuevas cosas). Además, la Red tiene un componente muy alto de autonomía en su exploración: la mera curiosidad nos vale. Y también conlleva un riesgo: tendemos a confiarnos, y a pensar que algo tan bueno y divertido no puede tener una parte negativa.
Sin embargo, la tiene. Y es que uno de los grandes riesgos que conlleva el uso de la conversación, de la web 2.0, de las comunidades y de las relaciones virtuales es el hecho de que no hay tanta privacidad como parece, no está tan regulado como debiera estar, y si no somos precavidos, nuestra integridad puede verse comprometida.
Desde el punto de vista de la seguridad, existen dos factores a tener en cuenta a la hora de minimizar el riesgo: uno se basa en contar con herramientas de seguridad, que nos permitan realizar aquellas labores de protección de las que no tenemos por qué tener idea, pero que cumplen su función; la otra, se basa enteramente en nosotros, y pasa por la educación en seguridad, la concienciación acerca de la seguridad y aplicar el sentido común en la Red, al igual que lo hacemos en nuestra vida privada.
En los últimos meses, con la popularización de las redes sociales más grandes, como Facebook, Twitter o Tuenti, por nombrar algunas, hemos asistido a la publicación de diferentes noticias relacionadas con sus riesgos asociados. Analizándolo, vemos que hay tres problemáticas que se repiten una y otra vez:
- La primera está asociada a la educación y concienciación sobre seguridad en sí, y a los riesgos que conlleva el no utilizar contraseñas suficientemente fuertes, a aceptar a desconocidos como amigos o followers… en definitiva, a no tomar unas precauciones básicas que nos harían “curarnos en salud”
- La segunda está relacionada con las propias aplicaciones que utilizamos, a los posibles agujeros de seguridad que el código contengan, y a cómo hackers son capaces de explotarlas para acceder a información confidencial, a obtener identidades, o a utilizar estas herramientas en nombre de otros para distribuir su malware
- Por último, y algo más compleja, encontramos la ya conocida suplantación de identidad, que vienen sufriendo sobre todo personajes públicos y conocidos. Recordemos casos como el de Obama, o el de Casillas, Alejandro Sanz, y un largo etcétera que han visto cómo sus nombres han sido utilizados en la Red.
El primer paso que deberíamos dar para disfrutar plenamente la Red es tener un conocimiento, una educación y una concienciación mínima sobre las redes sociales y sus riesgos. Esto nos ayudará a adoptar una serie de medidas tremendamente sencillas que fomentarán el que estemos más seguros:
- Conocer las opciones de privacidad de la red que estemos usando y configurarlas con máximos niveles de privacidad
- Utilizar contraseñas que combinen caracteres alfanuméricos y que sean diferentes para correo, redes, etc.
- No dar demasiadas pistas sobre nuestra vida, hábitos, viajes, etc., ya que pueden estar leyendo el contenido personas indeseadas que pueden intentar aprovechar la circunstancia
- Tener cuidado con quién aceptamos como amigos o de quién nos llegan comunicaciones privadas, ya que son utilizadas para distribuir malware
- No colgar vídeos, fotos o cualquier otro contenido íntimo, que puede verse distribuido por la red
- Mantenerse al tanto de las principales noticias acerca de la seguridad (existen muchos sitios en la red que pueden ser fuente de información)
- Y ante cualquier detección de sucesos fuera de lo común, denunciarlo a través de los canales habilitados para tal fin que suelen tener todo este tipo de comunidades
El segundo riesgo inherente a las comunidades escapa de nuestro control: básicamente consiste en errores de programación en el desarrollo de las aplicaciones que utilizamos que podrían permitir a personajes maliciosos aprovecharse de él. Tal es el caso reciente de Twitter, que un agujero de seguridad fue aprovechado por un hacker turco para robar seguidores a perfiles conocidos. O el de algunas semanas de Facebook, que permitía acceder al chat en directo de amigos y obtener, de esta manera, información privilegiada.
Todas las compañías que trabajamos y operamos en Internet investigamos cada día para localizar estos posibles fallos, reportarlos y contribuir a su solución. Por eso, el consejo en este caso, en caso de ser afectado o de detectar el problema, es la comunicación inmediata a los responsables para que procedan a su solución.
Y por último, la suplantación de identidad. Las redes sociales permiten que cualquiera pueda abrirse un perfil, y poner los datos personales que cada uno considere. Este delito afecta mayoritariamente a personajes públicos y famosos, y puede conllevar serios problemas jurídicos, ya que en nombre de una tercera persona se puede emitir información o juicios de valor que podrían suponer un delito, por no contar con el daño a la propia imagen y reputación.
Algunas redes ya están estableciendo mecanismos de certificación de autenticidad de identidad, como Twitter. Otras, todavía no, pero es un camino que, evidentemente, se irá recorriendo.
Lamentablemente, los “malos” siempre nos llevan la delantera, y buscarán todo tipo de ardides para conseguir víctimas a las que chantajear u obtener algún beneficio económico de mil y una formas. No olvidemos que detrás del cibercrimen hay un negocio: mafias organizadas que ganan mucho dinero consiguiendo víctimas a través de la Red. Y siempre buscarán sus objetivos en aquéllas comunidades que sean capaces de aglutinar a un mayor número de miembros. Y aunque ésta es la realidad, y todas las compañías de seguridad y la comunidad de desarrollares trabajemos cada día para minimizar el riesgo, todos tenemos que poner nuestro granito de arena y ponérselo cada día más difícil.


Luis Corrons, director técnico de PandaLabs

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