| Artículos | 18 MAR 2010

Cuatro escenarios apocalípticos para el mundo TI

Tags: Seguridad
PCWORLD PROFESIONAL
La tecnología desempeña un papel fundamental en nuestro día a día, y no sólo hablamos del entorno laboral. Desde bancos hasta hospitales hasta los sistemas que garantizan el suministro de alimentos que consumimos en nuestros hogares, dependen de la tecnología. Cada vez hay más sistemas interconectados, y, por desgracia, muchos de ellos son vulnerables. Algo que vemos cada día.

Así, ¿qué ocurriría si un simple ataque de denegación de servicio contra una serie de páginas web cuidadosamente seleccionadas pudiera desencadenar que Internet se viniera abajo? ¿Y si una brecha en la seguridad de nuestras instituciones financieras provocara un ataque que pudiera dar al traste con todas las transacciones electrónicas? ¿Y si los hackers se hicieran con el control de la red de energía?

De acuerdo, visto así parece la última entrega de Jungla de Cristal o una película protagonizada por Will Smith, pero lo cierto es que el punto de desarrollo actual podría provocar alguna que otra sorpresa interesante. Así las cosas, la publicación norteamericana InfoWorld ha generado un informe sobre algunos escenarios en los que un apocalipsis tecnológico podría ser una realidad. Muchos dirán que esto sólo puede pasar en Estados Unidos, así que no es extrapolable a nuestro país. ¿Seguros?

 

Un país sumido en la oscuridadCuatro escenarios apocalípticos para el mundo TI

Los teletipos suenan y la noticia cobra vida: un ataque coordinado contra la red eléctrica provoca un apagón masivo en todo Estados Unidos, dejando a más de 300 millones de personas sin suministro eléctrico. Cierto, esto en España no pasa, salvo cuando hay subidas de consumo, nevadas copiosas o cualquier otra incidencia que afecte a nuestras vetustas infraestructuras eléctricas.

El sistema de supervisión, control y adquisición de información sobre la red eléctrica en Estados Unidos tiene más de 40 años, cuando la realidad era muy diferente al mundo actual. En ese momento, los sistemas de energía a nivel mundial era islas, estaban aislados, pero ahora estamos en una realidad en la que todo el mundo está interconectado, y cualquier problema puede afectar mucho más allá.

Ejemplos no faltan a ambos lados del Atlántico, y es que recordarán ustedes lo ocurrido en la Costa Este de Estados Unidos en 2003, o lo que ocurre cada verano en nuestro país en el momento que suben los requisitos de energía para los aires acondicionados. El resultado: cientos, miles o millones de ciudadanos, es sólo cuestión de escala, sin suministro eléctrico cuando más lo necesitan.

Claro, que también podemos estar hablando de algo provocado no por la voluntad divina, sino por la mano de algún Homer Simpson o, peor, de algún empleado vengativo, que quiera hachear un sistema, como ocurrió en Canadá con el sistema de plantas de tratamiento de aguas en 2001.

Otra posibilidad vendría de un ataque coordinado de forma externa que, orientado hacia el punto adecuado, puede generar una reacción en cadena. No se trata de atacar un ente global, sino uno de los puntos débiles de alguno de los componentes del entramado que lo forman.

Como si se tratase de un juego de dominó, el efecto cascada de un apagón a escala nacional tendría consecuencias en los transportes ferroviarios o en los sistemas de comunicaciones, como ya ocurrió en Estados Unidos en 2003. Pero, además, se cancelarán vuelos y diferentes sistemas relacionados con elementos de primera necesidad, como el agua o el gas, dejarán de funcionar. Algunas personas podrían perder la vida en este proceso caótico. Sin embargo, como siempre, habrá quien vea el lado positivo, sin luz ambiental será más fácil ver las estrellas en el cielo nocturno.

En un tiempo variable, que podría prolongarse horas o días, dependiendo de qué se vea afectado, se irían trayendo a la normalidad los diferentes servicios, empezando por los más críticos, en función de las posibilidades en cada caso.

La probabilidad de una situación así es baja, porque, al igual que ocurre en Estados Unidos, en España son varias las entidades y empresas encargadas de proporcionar la energía eléctrica, lo que haría necesario y ataque coordinado a diferentes servidores, estaciones y subestaciones, perfectamente diseñado y coordinado. Sin embargo, sí sería más probable un ataque regional o local.

En cualquier caso, si pensamos en solucionarlo, la tecnología para asegurar los servidores y las instalaciones ya está disponible y es fácilmente asumible, lo que nos hace pensar que las medidas adecuadas para evitar que esto se convierta en un problema nacional se han podido tomar de antemano.

 

El sistema financiero atacado

Pónganse en situación: un ataque de algún tipo deja el bCinco escenarios apocalípticos para el mundo TIajo Manhattan, ubicación de la conocida Bolsa de Wall Street, fuera de juego, causando una caída en cadena del sistema financiero estadounidense. Lejos de estados paranoicos, todos somos tristemente conscientes de lo que podría significar para la economía mundial un ataque de estas características.

Recientemente, algunos expertos hablaban de la posibilidad de que un impulso electromagnético pudiera ser emitido en la zona y diera al traste con todos los sistemas tecnológicos que sustentan la economía occidental o, al menos, uno de sus referentes.

Evidentemente, no estamos hablando de un ataque a gran escala que acabase con la base electrónica de todo el país y que nos llevase un par de siglos atrás en el tiempo, pero lo cierto es que, dependiendo de lo que tardasen en recuperarse determinados sistemas o se pudiese acceder a determinada información contenida en sistemas de seguridad y respaldo, el efecto sería importante.

La parte positiva es que el sistema financiero es, posiblemente, uno de los mejor preparados para soportar una situación así, dado que en este tiempo se han ido adoptando las medidas de seguridad más adecuadas. De hecho, un ejemplo lo encontramos en los tristes días que siguieron al 11 de septiembre, cuando muchas empresas fueron capaces de recuperarse en un tiempo relativamente corto. La situación no sería igual en otros segmentos, donde muchas empresas tardarían meses en recuperarse o, incluso, no lo conseguirían, por no haber tomado las medidas oportunas.

Por desgracia, la probabilidad de que se produzca algo parecido a esto es mayor de lo que muchos se creen. Y no se trata sólo de una amenaza terrorista, dado que empleados descontentos, extremistas o cualquier otra persona con malas intenciones puede encontrar en internet información suficiente para orquestar algo así.

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