| Artículos | 01 DIC 2006

Cuando hablamos del valor del software

Tags: Histórico
Luis Frutos Miralles, presidente del Comité Español de BSA
Luis Frutos.
La industria del software se enfrenta, desde hace años, al desafío que supone la piratería. No estamos hablando de algo nuevo dentro del sector, aunque fuera de él, otras ?piraterías? parecen haber conseguido mayor ?popularidad?. En efecto, fenómenos como el top manta o las descargas ilegales por Internet están ahora en boca de todos, así como las pérdidas que ocasiona a las industrias afectadas y la controversia en torno a la legislación.

Sin embargo, la piratería de software hace años que está ahí. Podríamos decir que nació casi al mismo tiempo que el primer programa informático. En efecto, los empresarios, sobre todo en las PYMES, entendían hasta cierto punto lógico pagar elevadas cantidades por una máquina que les iba a ayudar a ser más eficientes. Pero no concebían pagar por lo que debía llevar dentro. Bastante les había costado esa máquina como para tener que desembolsar aún más dinero para que encima funcionara.
Así, a principios de los años 90, España presentaba unos sonrojantes índices de piratería del 80 por ciento. Desde entonces, a base de un gran esfuerzo de toda la industria ?y de la BSA- hemos conseguido reducir a pulso, punto a punto, casi diría que licencia a licencia y empresa por empresa, ese índice, hasta que por fin conseguimos quedarnos por debajo de la barrera psicológica del 50 por ciento. Tal logro era encomiable, pero un 50 por ciento significa que todavía uno de cada dos programas instalados en los ordenadores de nuestras empresas es ilegal.
Las últimas cifras de que disponemos, correspondientes a 2005 y procedentes del estudio global de IDC, nos deparan un índice de piratería del 46 por ciento. Ello se traduce en unas pérdidas estimadas de 600 millones de euros para la industria y en un coste social de entre 4.000 y 6.000 puestos de trabajo. Con respecto a Europa, seguimos muy por encima: 10 puntos sobre la media de la UE y 18 puntos por encima de los países más avanzados.
Pero, además, estos últimos resultados nos revelan un cambio en la tendencia. Con respecto a 2004, el índice ha subido tres puntos, lo que significa haber incrementado nuestro índice de piratería por primera vez desde los 90. Y aquí es donde debemos entrar a valorar la necesidad de un cambio de rumbo. De una nueva estrategia.
En efecto, durante años, la estrategia de BSA consistió, principalmente, en apelar al cumplimiento y la observación de la Ley. Se trataba de hacer ver que la venta y la utilización de software sin licencia era ?y es- un delito tipificado en la legislación española. Y se trataba de hacer conscientes de ello a las empresas usuarias, pero también a los estamentos judiciales y a los órganos encargados de hacer cumplir la ley.
Aquella estrategia cumplió su misión, pero los resultados nos demuestran que ya no podía dar más de sí.

Un nuevo discurso
¿Por qué en BSA ahora hablamos del valor del software? Porque si queremos que la gente, las empresas y la sociedad en general entiendan la conveniencia de utilizar software legal, deben ser conscientes de lo que éste realmente vale. El software es, hoy en día, el elemento diferenciador de toda solución informática, el elemento tecnológico más implicado con la innovación y el factor clave del desarrollo de la sociedad de la Información. Hablar del valor del software es referirse a los beneficios que aporta en diferentes escenarios.
Al gerente de una PYME le estamos tratando de explicar que, en condiciones normales, no le va a merecer la pena ahorrarse una pequeña inversión en los programas informáticos que necesita, copiándolos, en comparación con los ingresos que va a dejar de obtener, en el medio y largo plazo, por trabajar en precario, por no disponer de las herramientas idóneas en términos de seguridad, capacidad de actualización y servicios que le ofrece el fabricante. En definitiva, lo que va a perder por no ser competitivo.
Al usuario, cuando hablamos de valor del software, tratamos de hacerle ver que comprar productos originales le va a reportar mayores garantías en cuanto a seguridad y fiabilidad y, además, va a disfrutar de acceso a servicios de formación, soporte técnico? y que en lugar de ?engañar? al fabricante por no pagar el software, es él quien está resultando engañado.
Al canal de distribución queremos formarle y concienciarle. Si basa su negocio en vender software original, va a ser más profesional, va a poder diferenciar mejor su oferta y va a tener clientes más satisfechos en todos los sentidos, que crecerán e invertirán más. De otro modo, y dados los márgenes que hoy deja la venta de un PC, si ?regala? el software va a perder una fuente de negocio muy importante, aparte de que muy posiblemente el cliente no volverá a entrar por la puerta de su tienda, una vez descubra el fraude de que ha sido objeto.
A la Administración le decimos que un país con bajos índices de piratería demuestra ser un país con unos adecuados niveles de inversión en TIC y que además apuesta por la industria local. El error es tender a pensar que el software es un negocio de multinacionales, cuando en realidad afecta directamente a la industria local, a las empresas españolas y a los trabajadores. Por este motivo, llevamos años buscando su colaboración, y debemos reconocer que estamos obteniendo importantes avances en lo que se refiere a su implicación en el problema.
Finalmente, a la sociedad española le estamos diciendo que, gracias al valor del software, el país se beneficiaría de una economía más competitiva, de una mayor inversión en I+D+i, lo que nos ayudaría a contrarrestar la brecha digital, y a desarrollar una verdadera sociedad del conocimiento. No puede ser casualidad que los países europeos con menores tasas de piratería sean ?precisamente- los que, a juzgar por todos los indicadores, van por delante en el desarrollo de la Sociedad de la Información.

Cuestión de todos
Éste es, básicamente, el trabajo que viene desarrollando BSA en estos momentos. Por supuesto, no nos hemos olvidado de perseguir el delito. Pero ya no tendría cabida esa práctica por sí sola, sin una intensa labor de concienciación y sensibilización como la descrita más arriba. Eso sí. No podemos hacerlo solos. Necesitamos que los principales agentes con peso en el sector de las TIC y en el escenario económico nos ayuden. Empezamos a conseguirlo. De ahí el acuerdo que este año hemos anunciado con Aetic para promover el uso de software original, o la estrecha colaboración que mantenemos con el Ministerio de Industria, con el Ministerio de Cultura y con la Agencia Tributaria.
En definitiva, nuestro reto es, por un lado, concienciar a los usuarios ?individuos y empresas- y al canal de distribución acerca de los beneficios de vender y usar software original. Y, paralelamente, convencer de esos mismos beneficios a aquellos agentes que, a su vez, pueden resultar efectivos en la prescripción hacia esos usuarios y hacia ese canal de distribución. Estamos ante un fenómeno en el que nos jugamos mucho todos, no sólo la industria del software.

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