| Artículos | 01 DIC 1996

Cuando España desconectó el IUE

Tags: Histórico
Jose Mª Fernández Rúa.

Un investigador norteamericano desconectó, desde la sala de mando de la estación de Villafranca del Castillo, a pocos kilómetros de Madrid, el observatorio científico IUE International Ultraviolet Explorer). Fueron escasos segundos. Se puso fin así a más de veinte años de intensa actividad investigadora, ampliamente apoyada en avanzados sistemas informáticos para descodificar auténticas cascadas de datos; Willen Wamsteker, director del proyecto, apenas pestañeó. A su alrededor, científicos españoles y de otros países asistieron con un profundo silencio. Se apagaba al satélite astrofísico más productivo de la historia y concluía una era de la astronomía del ultravioleta.

Este observatorio espacial, el más citado en la literatura científica de los últimos veinte años, estaba equipado con una lente principal de 45 centímetros de diámetro. La astronomía en el ultravioleta comenzó casi inmediatamente después de terminar la II Guerra Mundial, por medio de los llamados cohetes de sondeo. Sin embargo , los científicos dieron cuenta inmediatamente que, por sus peculiaridades de la absorción de la atmósfera terrestre, este tipo de investigación tenía que llevarse a cabo en el espacio.

Antes del IUE se lanzaron otros ingenios similares. Es el caso del OAO-2 (Orbiting Astronomical Observatory), enviado al espacio por la NASA en el año 1968. Su objetivo era obtener medidas fotométricas de radiofuentes ultravioletas en nuestra galaxia y en otras cercanas. Cuatro años después , la ESRO (Euopean Space Research) lanzó el satélite TD-1 en una órbita terrestre síncrona con el Sol. Equipado con dos pequeños telescopios, los investigadores consiguieron obtener una imagen completa del Universo en la gama del ultravioleta en el rango de 1.800 a 3.000 amstrongs.

Siguiendo con esta cronología, en el transcurso del mes de septiembre de 1974 el ingenio ANS (Astronomical Netherland Satellite) permitió a la comunidad científica internacional observar, durante los ocho meses que duró esta misión, millares de estrellas en cinco bandas del ultravioleta. Poco después, las observaciones con el Copernicus revelaron la existencia de un medio interestelar caliente y tenue, que llevó a la determinación de la abundancia de deuterio en numerosas direcciones de nuestra galaxia.

Como recuerda Valeriano Claros Guerra, director de la Estación de Seguimiento de Satélites de Villafranca del Castillo y jefe de operaciones del proyecto IUE de la Agencia Europea del espacio, casi al mismo tiempo que la comunidad científica promovía su interés por este tipo de observaciones ya en el año 1969 habían empezado una serie de trabajos para lanzar un satélite de exploración del ultravioleta. Al principio se denominó ASA (Small Astronomical Satellite) y luego UVAS (Ultraviolet Astronomical Satellite), pero al llegar a la fase final del proyecto, en 1974, tres organismos internacionales en la construcción y explotación de un telescopio de 45 centímetros firmaron un acuerdo de llevarlo a cabo con el nombre de IUE (Intenational Ultraviolet Explorer).

El 26 de enero de 1976 fue lanzado al espacio. A partir del 3 de abril de ese año se empezaron a recibir imágenes y espectros formados por el telescopio a bordo del satélite, y durante los doscientos veintidós meses que ha durado la misión se han obtenido más de 114.000 espectros de aproximadamente, 9.600 objetos astronómicos. Asimismo, más de dos mil astrónomos de diversos países han utilizado el IUE para llevar a cabo sus observaciones, cuyos resultados han servido de base para la publicación de más de 3.500 artículos en revistas científicas especializadas.

En el capítulo de descubrimientos, los obtenidos con este satélite han sido múltiples: desde el conocimiento de los halos galácticos a la cromosfera de las estrellas; desde los núcleos galácticos activos (cuáseres) al estudio de los vientos y a la pérdida de masa estelar; desde las estrellas variables cataclísmicas a la investigación de los sistemas protoplanetarios, supernovas y estrellas enanas; desde el sistema solar a los planetas gigantes; desde la composición de los cometas hasta su proceso evolutivo al acercarse al Sol; desde. sería interminable esta lista. Pero todos estos ejemplos confirman, sin duda alguna, el éxito rotundo de este proyecto científico en el que han estado involucrados las Agencias espaciales europea y americana, así como el inglés PPARC (Particle Physics and Astronomy Research Council).

Los expertos destacan la utilidad de este ingenio que, gracias a la inestimable ayuda de potentes sistemas avanzados de informática han podido obtener datos inimaginables hace tan solo unas decadas.

Como dice Valeriano Claros, las operaciones con el IUE han terminado, pero en Villafranca del Castillo aún quedan pendientes otras actividades, como crear el archivo final para que la comunidad científica pueda continuar sus trabajos en el campo del ultravioleta.

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