| Artículos | 01 FEB 1999

Computación animal

Tags: Histórico
José Mª Fernández Rua.

Un experimento realizado con dos monos, imposible de llevar a cabo hace sólo una década por la carencia de sistemas informáticos y pantallas sensibles al tacto, ha demostrado que los primates tienen unas habilidades numéricas similares a las de un niño de dos años .

Dos científicos de la Universidad de Columbia, Herbet Terrace y Susan Brannon, han demostrado las habilidades numéricas de los monos . El experimento, en el que han participado dos " Rhesus " se ha podido realizar gracias a los avanzados soportes informáticos y pantallas táctiles . Terrace lleva investigando desde hace años los procesos cognitivos de los primates, es un viejo conocido de la comunidad científica . En los setenta sus investigaciones consiguieron amplia repercusión cuando se empeñó en enseñar al chimpancé " Nim Chimpsky " , en recuerdo al lingüista Noam Chhomsky, el lenguaje de los sordomudos . Este proyecto, que lleva el nombre de " Nim " , sentó las bases de la capacidad de los primates más cercanos al hombre para aprender un lenguaje corporal .

En algunos trabajos científicos realizados recientemente se apuntan indicios de que determinados animales como las ratas, delfines o chimpancés puedan tener ciertas capacidades numéricas, que les sirven para discriminar diferentes estímulos . Pero es muy difícil demostrar esta hipótesis y conseguir una prueba directa y sólida . Durante siglos se ha pensado que las habilidades numéricas es un producto cultural, que depende exclusivamente de la capacidad humana para el lenguaje .

Herbet Terrace y su alumna Elizabeth Brannon lograron que, sin órdenes verbales y únicamente estímulos visuales, dos monos " Rhesus " aprendieran a establecer una secuencia numérica ascendente en función de una serie de fotografías que se les mostraban en una pantalla táctil de vídeo . Estos experimentos evidencian que los monos pueden, en definitiva, contar del uno al nueve y no de forma casual, sino como resultado de un cálculo aritmético aprendido previamente .

Los resultados de este elegante estudio proporcionan nuevos datos que, sin duda serán objetos de polémica en la comunidad científica ya que harán pensar a los investigadores por sus importantes implicaciones sobre la inteligencia de los animales y de los seres humanos, aunque curiosamente es muy sencillo desde el punto de vista metodológico . Los monos " Rosencratz " y " Macduff " fueron situados frente a una gran pantalla de vídeo sensible al tacto, donde les iban mostrando treinta y cinco grupos de imágenes . Cada fotografía contenía un número diferente de objetos, que oscilaba entre uno y cuatro . Para no dar excesivas pistas a los monos, cada objeto tenía diferentes tamaños y colores . Cuando " Rosencratz " y " Macduff " iban tocando en la pantalla imágenes en orden ascendente según el número de objetos de cada fotografía ( por ejemplo una manzana, dos cebras, tres árboles y cuatro flores ) , recibían como premio un plato con plátanos . Gradualmente, los monos fueron elevando su nivel de aciertos, hasta alcanzar un 60 por ciento de éxito en estas pruebas frente al 4 por ciento que habían alcanzando en un principio, simplemente por una cuestión de casualidad . Es más, cuando el número de imágenes presentados era más reducido, el nivel de acierto fue del 90 por ciento .

Pero hay más . Sin entrenamiento previo, los científicos de la Universidad de Columbia mostraron a los dos monos un conjunto de imágenes que contenían hasta nueve objetos . Para dificultar aún más la prueba, la naturaleza de estos variaba . En una imagen podía haber, por ejemplo, un plátano, un árbol y una cebra . El grado con el que los monos iban seleccionando las imágenes en orden ascendente del uno al nueve en función de los objetos presentes en cada una, fue muy elevado . Terrace explica que el mono " Macdulff " consiguió superar este nuevo desafío el 75 por ciento de las veces, mientras que " Rosencrantz " se quedó muy cerca, un 73 por ciento del tiempo utilizado . Este nivel de habilidad numérica de los monos sería comparable al de un niño de dos años de edad . Esta conclusión tiene implicaciones importantes a la hora de abordar la investigación sobre el origen de la inteligencia humana . De los resultados obtenidos en la Universidad de Columbia se desprende una idea fascinante: los primitivos humanos pudieron aprender a contar antes que a hablar .

José María Fernández Rua es periodista . Jefe del departamento de ciencias del diario ABC . Miembro de la Academia de Ciencuas de Nueva York .

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