| Artículos | 06 JUL 2007

Cómo sacar partido al teletrabajo

Tags: Actualidad
Arantxa Herranz
Cada vez es más frecuente comprobar cómo se extienden las iniciativas de teletrabajo. Por eso, los gestores que estén interesados en adoptar este modelo de trabajo flexible deben establecer las políticas y desplegar las tecnologías que permitan que los empleados alcancen sus objetivos para garantizar que su iniciativa de teletrabajo es un éxito.

Tomando como referencia lo que está ocurriendo en Estados Unidos, según una última encuesta llevada a cabo en ese país, el 81 por ciento de las compañías está elaborando políticas de teletrabajo y el 67 por ciento prevé que este sistema de trabajo se incremente en los próximos dos años.

De acuerdo con la consultora de recursos humanos WorldatWork, cerca de 12,5 millones de empleados estadounidenses ya teletrabajan al menos una vez a la semana desde su casa. Si contáramos también a aquellos que siempre hacen sus funciones laborales fuera de la oficina, entonces el dato asciende a los 29 millones de personas durante 2006, lo que supone un crecimiento del 10 por ciento respecto a los datos de 2005.

Además, los cálculos pronostican que estos números vayan creciendo con el paso del tiempo, en la medida en que más empresas se den cuenta de los beneficios del teletrabajo. “Los programas de teletrabajo suelen empezar con un empleado que pide hacer parte de sus tareas fuera de la oficina, aunque sea uno o dos días al mes. Después, esta forma de trabajar se amplía al resto del personal”, explica Rose Stanley, máxima ejecutiva de WorldatWork. Por eso, esta responsable entiende que el lugar de trabajo ya nunca será el mismo, lo que obliga a los gestores a establecer políticas que permitan el teletrabajo, porque cada vez se va a demandar más.

Primeras experiencias
Las primeras empresas que optan por estas soluciones son aquellas que tienen una fuerza laboral muy distribuida y que tienen recursos limitados.

Por ejemplo, Linda Casey, responsable de McKesson Health Solutions, asegura que los programas de teletrabajo han ayudado a encontrar nuevos clientes, a retener a los empleados más valiosos y a recortar costes fijos. McKesson, que da trabajo a enfermeras en centros de llamadas para ofrecer servicios médicos, mantiene un programa de teletrabajo del que disfrutan entre el 80 y el 85 por ciento de sus empleados. Algo que, según sus datos, le ha permitido crecer hasta los 800 agentes en apenas cuatro años.

Por eso, y con este bagaje, Casey entiende que, aunque muchas compañías pueden mostrarse reticentes a iniciar el teletrabajo, lo cierto es que cuando se acomete un proyecto de este tipo no hay vuelta atrás. “Los beneficios que se observan, tanto para el empleado como para el empleador, son tan grandes que es algo que las compañías no pueden obviar”. Entre estos beneficios se encuentran el ahorro económico o el incremento de la eficiencia.

Sin embargo, un proyecto de esta envergadura no es para todos los públicos. Hay empleados que necesitan más interacción social o que trabajan mejor con la presión de tener al jefe al lado suyo. “El teletrabajo es como un matrimonio: tiene que estar basado en la confianza mutua”, ejemplifica Casey.

Comunicaciones virtuales
Las comunicaciones claras juegan un gran papel en el éxito del teletrabajo, según muchos expertos. Los empresarios deben sentarse con los trabajadores para determinar cómo se consultarán los unos a los otros, cómo se completará el trabajo y cómo se medirá el rendimiento de cada empleado sin estar mucho tiempo cara a cara con el responsable. De ahí que las diferentes líneas de comunicación tienen que ser abiertas.

Los gestores necesitan documentar las políticas de teletrabajo, en las que queden claras las expectativas del responsable en materia de comunicación. Por ejemplo, se deberá comprobar la disponibilidad de los empleados que teletrabajen, por teléfono o por correo electrónico, una vez al día, a la semana o cada vez que se determine. Pero, además, el responsable necesita saber confiar en los trabajadores cuando estos no se encuentran en la oficina.

No en vano, la principal preocupación de los gestores es perder el control sobre la productividad de sus empleados, sobre todo cuando no pueden verles porque no están en su oficina. Y, sin embargo, para muchos expertos, quienes teletrabajan tienen menos distracciones y tienden a ser más productivos. ¿Por qué? “Las personas que trabajan en casa temen la percepción de otros compañeros de que, en realidad, no están trabajando, por lo que suelen hacer más y trabajar más duro para que nadie ponga en duda su labor”, señala Jack Nilles, cofundador y presidente de la consultora JALA International.

Otro de los retos del teletrabajo afecta también a las tecnologías disponibles. De hecho, quienes trabajan fuera de la oficina tienen que estar igual de equipados que el resto de los compañeros de trabajo, tanto en lo que a conexiones de banda ancha se refiere como posibilidades de acceso seguro. Para ello, a veces, tampoco hay que olvidar la necesaria formación.

Por supuesto, herramientas como mensajería instantánea y teléfonos móviles serán cada vez más un estándar cuando se acometan proyectos de teletrabajo, sobre todo en la medida en que las nuevas generaciones, muy acostumbradas al uso de las tecnologías, se vayan incorporando al mercado laboral.

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