| Artículos | 01 DIC 1998

Ciberespacio: ¿Un paraiso ... o un infierno fiscal virtual?

Tags: Histórico
Alvaro de Juan.

En julio de 1997 el Presidente Clinton describió el comercio electrónico como El Salvaje Oeste de la economía global . Siguiendo con el símil presidencial, cabe indicar que la afluencia de colonos en Internet crece actualmente a un ritmo exponencial, instigados por esta nueva fiebre del oro que cuenta entre sus atractivos con la relativa igualdad de condiciones en que se encuentran los grandes y pequeños competidores y, por qué no decirlo, su aparente impunidad tributaria .

Con la finalidad de atajar este último aspecto, la doctrina fiscal internacional se ha dividido en dos frentes . Por un lado están los que consideran que los vigentes principios de fiscalidad internacional son plenamente aplicables a la problemática surgida del comercio electrónico, del mismo modo que lo fueron en su día a las ventas por correo o a las denominadas teletiendas . Sin embargo, otra corriente de opinión ( cada día con mayor número de adeptos ) se decanta por la necesaria revisión de tales conceptos fiscales tradicionales basados hasta ahora en la presencia física de las personas, el transporte material de las mercancías y la localización de la fuente de ingresos . Conceptos, todos ellos, que se vuelven vaporosos en el ciberespacio .

Un aspecto importante a la hora de analizar la situación fiscal de una transacción electrónica es conocer los elementos que la integran y los objetivos que persigue el comerciante virtual . Todavía mucha gente se refiere al ciberespacio como a una especie de ectoplasma que se materializa por medio de un módem . La realidad es bien distinta, y las oportunidades fiscales legítimas ( e ilegítimas ) que ofrece son innumerables, si bien ( y esto es algo que no suele mencionarse ) los peligros de doble imposición y sobreimposición también abundan, siendo muy necesaria una meditada planificación fiscal internacional para ciertos casos .

En este sentido, no se insta a estudiar la normativa fiscal interna de los más de 200 países conectados a Internet, pero sí es necesario conocer los postulados y resoluciones de los foros más importantes en la materia: EE . UU, la OCDE y la Unión Europea, con el fin de obtener una idea clara ( si es que ello es posible ) de las repercusiones fiscales que entraña el comercio electrónico .

El gran reto planteado a las autoridades fiscales de los diferentes países consiste en encontrar un método impositivo que grave aquellas transacciones llevadas a cabo en un medio como es Internet, el cual carece de un centro de control y donde las transacciones comerciales se realizan fácilmente de forma casi anónima y directa, sin apenas dejar rastro y con la posibilidad de codificar el contenido de las mismas .

Ante semejante panorama, y una vez rechazada en noviembre de 1997 durante la mesa redonda celebrada en Turku ( Finlandia ) la propuesta europea de crear un bit tax, la mayoría de la comunidad fiscal internacional aboga por una reforma fiscal basada en los principios de neutralidad, justicia, seguridad jurídica y no sobreimposición .

Los aspectos fiscales del comercio electrónico tienen repercusión tanto en el ámbito de la tributación directa como indirecta . Nos referiremos principalmente al tratamiento que actualmente ofrece la OCDE ( elegida por consenso como el órgano dirigente de la cuestión ) , sin perjuicio de pertinentes aclaraciones accesorias .

Imaginemos, por ejemplo, una pequeña tienda de libros sobre plantas silvestres situada cerca del Monte Perdido que decide anunciarse y vender sus productos, en formato celulósico o digitalizado, a través de Internet .

La piedra de toque de la fiscalidad directa consistirá en dilucidar si dicha tienda virtual es constitutiva de un establecimiento permanente ( un lugar fijo de negocios mediante el cual una empresa realiza toda o parte de su actividad ) y, por tanto, susceptible de ser gravado por los beneficios generados por el mismo en el Estado donde se aprecie tal circunstancia .

Parece descartable, tal como opina la mayoría de la doctrina, que la simple página web de la tienda pudiera ser constitutivo de un establecimiento permanente . Poca estabilidad ( lugar fijo ) puede tener un conjunto de volatilizables bits accesibles desde cualquier punto de la Red . Esta es claramente la postura norteamericana, que en su Informe del Tesoro declara la necesidad de una suficiente presencia o nexo para la imposición en su territorio .

Sin embargo, no todas las jurisdicciones parecen dispuestas a que se produzca una fuga transfronteriza de capitales por este procedimiento y han lanzado una andanada de advertencia contra aquellos cibernautas que se aventuren por sus lares con intenciones comerciales . Puro fuego de artificio si tenemos en cuenta la gran dificultad ( que no imposibilidad ) que supone para las autoridades fiscales el detectar y rastrear las múltiples transacciones que diariamente se realizan por Internet dentro de su jurisdicción .

Por otra parte, si por ejemplo la tienda en el Pirineo vendiera al departamento sobre botánica medicinal de la Universidad de Helsinki su enciclopedia ilustrada de tres tomos sobre el hinojo transalpino, su repercusión fiscal será equivalente a la típica venta por correo . Sin embargo, si lo que dicha Universidad solicita es la versión digitalizada ( enviada por Internet ) de dicha enciclopedia junto con el derecho de reproducirla para su distribución, puede que la contraprestación ya no se considere como beneficio empresarial sino como un pago por el uso o la concesión de uso de un derecho . Es decir, como un canon que en muchos países se encuentra sometido a un impuesto en la fuente para cuya imposición no se precisa la presencia física del vendedor . No es indiferente, por tanto, la forma ni el destino de la venta .

El segundo tema a tratar en materia de tributación directa es la posible consideración como establecimiento permanente del servidor utilizado para alojar la página web del comerciante . La respuesta a esta cuestión está en función del lugar donde se encuentre dicho servidor y de si el mismo se tiene en propiedad o simplemente se ha alquilado a un proveedor de servicios de Internet .

Utilizando el ejemplo anterior, si la pequeña librería decide facilitar a sus clientes la conexión a lo largo del círculo eclíptico ( aprovechando las horas valle de los diferentes husos horarios ) e instala su página web en servidores ( puntos de presencia o servidores-espejo ) localizados, por ejemplo, en Alemania, Australia y las Islas Caimán, las repercusiones fiscales pueden ser distintas bajo el prisma de la vigente normativa emanada de la OCDE y de la interpretación que de la misma haga cada Estado .

Por consiguiente, lo primero a discernir es si el servidor per se es susceptible de considerarse un establecimiento permanente . En concreto, nos referimos al caso en que el servidor realizara funciones más allá de las puramente publicitarias, preparatorias o auxiliares . Como comprobaremos en los ejemplos citados, el posicionamiento de los países es variado .

En el caso descrito; en Alemania, la Corte Federal alemana ( Bundesfinanzhof ) dictó, en octubre de 1996, una Resolución que ha levantado cierta suspicacia entre expertos de la materia, puesto que en la misma se declaraba constitutivo de establecimiento permanente al oleoducto de una empresa holandesa que transcurría bajo suelo germano . Muchos han entendido que el peligro de que dicha interpretación se extienda a los servidores de Internet es inminente . Pero no hay que alarmarse, otros países europeos han mostrado su interés en hacerse con el rentable negocio que genera el comercio electrónico y, así, existen voces en Gran Bretaña que claman por ofrecer ventajas fiscales y jurídicas con el fin de atraer a las empresas involucradas en éste medio . El que estos clamores encu

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