| Artículos | 01 ABR 1996

Arqueometalurgia

Tags: Histórico
Jose Mª Fernández Rúa.

Un equipo de científicos del Grupo de Investigación de Tecnología Mecánica, de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense, dirigidos por el profesor Criado, trabajan con ayuda de avanzados programas informáticos, los principios metalúrgicos que hicieron del acero de Damasco un material fuera de lo común. Las armas formadas en este acero atemorizaron a los cruzados y su secreto se mantuvo oculto para los europeos hasta que, en el año 1819, Michael Faraday y, dos años después, Jean Robert Breant, desvelaron que su resistencia, tenacidad y fuerza dependian del alto contenido de carbono. No obstante y a pesar de que esta característica era parte del secreto, existen otros componentes que es necesario tener en cuenta para obtener éxito en la fabricación de las mejores espadas que han existido.

Durante siglos las espadas forjadas con el acero de Damasco llenaron de fascinación y frustración la mente de los herreros europeos, quienes en vano se esforzaron por reproducir sus excelentes propiedades mecánicas y su bello aspecto externo damasquinado. Sin embargo, si esto es cierto para el resto de Europa, no lo fue para la Península Ibérica, al igual que para otras partes del mundo musulmán, ya que la distribución geográfica de estas espadas siguió la propagación de la fe islámica. A nuestro país llegaron de las manos de los formidables guerreros sirios, sobre todo durante el Califato de Córdoba.

En la primera planta de la Facultad de Ciencias Químicas, en el campus de la Complutense, Antonio Criado, director del Grupo de Investigación de Tecnología Mecánica, y sus colaboradores (entre ellos Juan Antonio Martínez y Rafael Calabrés) trabajan en un ambicioso proyecto que tiene el objetivo principal de desvelar los principios metalúrgicos que hicieron de este acero un material fuera de lo común. Estos científicos analizan las estructuras metalográficas con ayuda de Microscopia Electrónica de Barrido y Difracción de Rayos X. Paralelamente se estudia su relación con las propiedades mecánicas que de ellas se derivan.

Entre el trabajo realizado figura el examen de algunas espadas bien conocidas como la "Tizona" del Cid o la "Greta" de Boabdil. También han estudiado numerosas damasquinas y toledanas, en su mayor parte pertenecientes a la colección del Museo del Ejército.

Desde hace unos meses, estos científicos reproducen el acero de Damasco con el que se han forjado algunos ejemplares de puñales y armas cortas, siguiendo la tradición de los herreros medievales. Y lo llevan a cabo con la inestimable colaboración de Juan Pozón que, en su herrería cordobesa de Cerro Muriano y en el más puro estilo de fragua tradicional, forja y templa el acero.

Una vez fabricadas, estas piezas son sometidas a pormenorizados análisis y ensayos para comprobar el éxito obtenido. Las buenas cualidades del acero de Damasco, como se desprende de los estudios realizados hasta el momento, se derivan de la forja en caliente de aceros de muy alto contenido en carbono, a temperaturas entre el "rojo sangre" (650 grados centígrados) y el "rojo cereza" (850 grados centígrados).

De esta forma se tritura la frágil red de carbono de hierro que rodea los cristales del acero. Más tarde se produce la operación del temple, muy crítica también, ya que no debe superarse durante el calentamiento una temperatura de 750 grados centígrados.

De esta forma -explica el profesor Criado- se regeneran los frágiles cristales de centita en los límites de grano (cristales) de la austenita. El rango de temperatura de forja en caliente tan bajo, que no supera nunca el "rojo sangre" es el que mantuvo su prolongado secreto, ya que los europeos estaban acostumbrados al hábito de trabajo de forjar aceros de bajo contenido en carbono a temperaturas muy elevadas.

El éxito no estaba en adquirir el acero base, los llamados "wootz", que eran una realidad para los comerciantes europeos quienes lo importaban de India o Persia, sino el trabajo de conformación plástica y el temple a las temperaturas adecuadas. Muchos de los datos científicos que están consiguiendo ahora estos científicos de la Complutense tienen una clara relación con las misteriosas "recetas mágicas" de la época.

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