| Artículos | 01 MAY 1995

Agonía y muerte de la letra impresa

Tags: Histórico
Eloy Anguiano.

El creciente papel de Internet como medio para la difusión de información resulta especialmente notorio a la luz de lo que puede que sea una crisis en los sistemas tradicionales de edición. A medida que la información crece, se particulariza y detalla, el número de publicaciones especializadas también crece. Las bibliotecas y hemerotecas se las ven y se las desean para dar cabida a esa gran cantidad de información.

Uno de los ejemplos más claros y que pueden ser el motor de esta crisis y de esta posible revolución es la información científica. El caudal de esta información se duplica aproximadamente cada 12 años. En un artículo difundido a través de Internet dedicado a las publicaciones tradicionales, Andrew M. Odlyzko afirmaba que casi la mitad del casi millón de artículos publicados en toda la historia de las matemáticas ha sido publicada en los últimos 10 años. Este coste de publicación de los editores junto con el reducido grupo de destinatarios encarece sobremanera estas revistas.

El costo y la demora en la recepción de la información se han convertido en un atolladero para la comunicación especializada. Sólo las grandes publicaciones de difusión general pueden mantener los costos en niveles razonables y los canales de distribución lo suficientemente rápidos para que la demora sea pequeña. Como dato, es importante destacar que los precios de las revistas científicas se han visto duplicados con holgura desde 1986 hasta 1993, es decir sólo en siete años. Este aumento de costo no tiene visos de parar, sino al contrario, las tendencias actuales parecen ser de un incremento aún más fuerte del coste final.

Es curioso comprobar que la suscripción anual a algunas revistas científicas puede llegar a costar casi tanto como un coche. Evidentemente, ante este aumento de coste, las hemerotecas universitarias y de centros de investigación y desarrollo están limitando el número de revistas a las que permanecen sbscritos con el fin de mantener sus gastos. Evidentemente, este procedimiento disminuye la capacidad de comunicación científica y aumenta los costes de edición (puesto que a menor tirada mayor gasto unitario). De hecho, si la situación sigue a este ritmo, se llegará al caso absurdo de que una sola hemeroteca estará suscrita a una revista y todos las demás dispondrán de ella por préstamo interbibliotecario.

Sin embargo, en los últimos años ha surgido un canal alternativo de publicación. Las propias personas que escriben los artículos pueden componer y confeccionar tipográficamente sus artículos y distribuir una publicación periódica directamente desde sus puntos de enlace con Internet. Para hacerse una idea de la fuerte ilusión que ha provocado este nuevo medio de distribución entre la comunidad científica, se puede hacer una comparación de las ediciones de 1991 y de 1994 del Directory of Electronic Journals, Newsletters and Academic Discussion Lists, publicada por la Asociación de Bibliotecas de Investigación. En 1991 había en este índice cerca de 110 revistas electrónicas y en 1994 había aumentado hasta 440. El coste material de estas revistas es mínimo puesto que muchas de ellas no ocupan más de 50 megabytes en disco, cuyo coste ronda las 10.000 pesetas. El coste por lector sería entonces de unas 10 ó 20 pesetas. Una cantidad absolutamente irrisoria y menor incluso que el coste que supondrían las fotocopias utilizadas en los prestamos interbibliotecarios.

Tanto las sociedades profesionales como las publicaciones científicas y técnicas han comenzado a trazar sus políticas respectivas con el fin de no quedarse atrás en esta carrera. Por ejemplo, la Sociedad Americana de Física proyecta hacer circular la versión electrónica del Physical Review Letters (una de las revistas más prestigiosas en física) junto con la versión impresa. Teniendo en cuenta que esta revista es de gran difusión y de bajo coste es todo un paso inicativo del futuro de las revistas especializadas.

Los ejemplos presentados con revistas científicas no se halla sólo restringido a éstas. En los últimos meses, revistas de divulgación internacional tan vanales como el Play Boy han introducido los números de sus revistas en la red Internet. Esta posibilidad de acceso a estas revistas ha supuesto un verdadero escándalo en Estados Unidos. Este escándalo es relativamente razonable puesto que la red Internet no hace distinción de edades, siendo de libre para cualquier usuario que conozca la dirección adecuada.

Es evidente que la red Internet necesita una organización de acceso a documentos con el fin de limitar algunos usos no adecuados de éstos. Esta limitación en el acceso a ciertos documentos podría ser, por ejemplo, con palabras clave conocidas sólo por algunos usuarios. Es incluso más importante el organizar la localización de los documentos de una forma razonable. Esta afirmación se debe a que la organización actual de estos documentos no se halla regulada por ninguna organización y por tanto está muy dispersa y es difícilmente localizable. Esta organización deberá correr a cargo de alguna asociación internacional que no existe actualmente pero que la situación reclama.

Tambien las bibliotecas y los depósitos habituales de revistas se verán afectados por este desplazamiento natural en los medios de distribución. Los ordenadores donde residirán los libros y revistas podrán estar en casas particulares, empresas o laboratorios y no en un edificio y unas salas perfectamente ordenadas y con catálogos para la busqueda de información

Ante esta situación es interesante que el lector realice especulaciones propias. ¿Qué sucederá en los próximos años?, ¿pasarán estas tendencias que se están imponiendo en la prensa especializada a la prensa general, incluso a los diarios? o ¿cambiarán los libros de formato y serán libros electrónicos, mucho más baratos y ecológicos?, ¿se halla preparada la sociedad para esta revolución?. Estas y otras preguntas son de difícil contestación en la actualidad, pero ante la posible revolución general que es posible que conlleve este cambio en los métodos de edición y distribución de información, sería interesante que todos fueramos preparándonos psicológica y técnicamente.

Bibliografía

En este número dedicado a la información electrónica no podía dejar de dar las referencias de la misma forma. Si alguien quiere obtener más información podrá hacerlo en las siguientes direcciones accesibles a traves de clientes de World Wide Web como el Mosaic.

Los Alamos E-Print Archives. Disponible en World Wide Web con la dirección http://xxx.lanl.gov/

Stevan Harnad's Electronic Archive. Disponible en World Wid Web con la dirección http://www.princeton.edu/~harnad/

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