| Artículos | 01 ABR 2004

Administración de redes (II)

Tags: Histórico
Servicios de infraestructura
Juan Bláquez.
El ordenador, y la red informática, no dejan de ser una herramienta puesta a disposición de los usuarios para que su trabajo sea más fácil y productivo. Además de procesadores de texto, hojas de cálculo y otras herramientas ofimáticas, existe otro software que contribuye de manera silenciosa a la consecución de ese objetivo y hace más fácil el trabajo del personal técnico: los servicios de infraestructura de red. Para Windows no pasa desapercibida su importancia y de serie incluye un amplio surtido de estos servicios. De los más importantes haremos un somero repaso en este artículo, destacando los beneficios de su utilización.

La gestión de la red informática no queda circunscrita a dar altas, bajas o modificaciones en las cuentas de usuario. Estas tareas, así como otras entre las que puede figurar la asignación de permisos a ficheros, qué duda cabe, son importantes para el buen uso de los recursos de la red. Sin embargo, estas labores que podrían considerarse “burocráticas”, poca influencia tienen en un aspecto crucial de la forma en la que el usuario percibe su informática y que no es otro que el rendimiento. Conseguir que sea rápida la respuesta que el usuario obtiene de los programas y servicios que utiliza no es una cuestión que se resuelva únicamente adquiriendo potentes servidores, ni inflando de memoria RAM y procesador a los equipos de sobremesa. Conseguir unos buenos rendimientos en la red, pasa por disponer de equipos apropiados, sin duda, pero también necesita la instalación y adecuada configuración de otros servicios cuyo propósito es que todos los ordenadores implicados en la red se entiendan mejor y más rápidamente. Unos servicios que, además, permiten simplificar la administración de la red y reducir el esfuerzo que hay que dedicar a su mantenimiento. Servicios que no hay que desmerecer, puesto que con ellos, de una u otra manera, todos salen ganando.

Direcciones IP: una preocupación menos
La adopción de TCP/IP como modelo para cualquier red implica que debe utilizarse el método de identificación de equipos que utiliza esta pila de protocolos. Esta identificación es representada por la manida dirección IP y la máscara de subred. Los parámetros de configuración deben ser exclusivos de cada ordenador que participe en la red. La asignación manual de estos datos identificativos es un proceso que se realiza, en Windows, configurando las propiedades del protocolo TCP/IP dentro de las propiedades del entorno de red. una operación carente de dificultad y asequible para cualquier operador. En una red pequeña, esta configuración no tiene por qué suponer un trabajo esforzado. Pero no ocurre lo mismo en una red grande, donde esta sencilla operación puede representar una elevada carga de trabajo de soporte, por lo que la asignación de direcciones IP es una tarea que normalmente se encuentra automatizada en las redes en las que se dan un gran número de equipos, mediante Dynamic Host Configuration Protocol, Protocolo de Configuración Dinámica de Host, familiarmente DHCP. Es obvio que DHCP simplifica la configuración de los equipos y reduce el trabajo de los administradores, porque esos mismos beneficios no pueden ser trasladables a las redes pequeñas. Disponer de un servidor DHCP es independiente de la estructura de red utilizada y su tamaño. Es útil en grupo de trabajo y en Dominio, por lo que, independientemente del modelo establecido y su tamaño, montar este servicio debe ser considerado por los administradores como una herramienta que simplifica el trabajo y hace que el sistema sea mucho más ágil y flexible para adaptarse a los cambios. Si hay que instalar un nuevo equipo en la red, la asignación de su IP está ya realizado con sólo pinchar el ordenador a la red. Que la salida a Internet cambia, pues con realizar el cambio en el servidor DHCP, todos los ordenadores, al reinicializar, se darán por enterados de la modificación. Unas facilidades que se consiguen con una inversión mínima de tiempo de instalación, aprendizaje y sin ningún coste económico adicional.
DHCP viene incorporado de serie en las ediciones Servidor de Windows y sólo es necesario realizar una sencilla instalación para disponer de él. Invertir 15 minutos en instalar y configurar este servicio evita que cualquier operación relacionada con la configuración IP de los equipos clientes obligue a dedicar un técnico a su realización, proporcionándole información precisa sobre qué datos tiene que consignar en cada intervención. O, lo que es peor, tener que dar instrucciones al usuario para que lo realice él.
Instalar un servidor DHCP es tan sencillo como acudir al panel de control, seleccionar Agregar o quitar programas » Componentes de Windows, localizar los servicios de red y seleccionar los servicios de DHCP. Windows tardará poco menos de dos minutos en montar el servicio. Una vez montado, sólo falta configurarlo para que el servidor recién instalado, comience a repartir direcciones. Para ello, dentro de herramientas administrativas, aparecerá la consola de gestión de DHCP. Hay que seleccionar el servidor, y crear un ámbito, el conjunto de direcciones que el servidor controlará o, si se prefiere, la lista de direcciones que irá asignando a los clientes según estos lo soliciten en su arranque. Una operación que se realiza mediante un sencillo asistente que guía durante este proceso de definición, que además permite fijar otros parámetros de la configuración de TCP/IP, como puede ser la dirección del router por defecto, los servidores DNS que deben utilizar para acceder a Internet y otros. Estas configuraciones se conocen como “opciones de ámbito”. Terminada esta operación, basta con activar el ámbito creado para que sea operativo y, en el caso de que este servidor DHCP opere en un entorno del Directorio Activo, autorizarlo, sencilla acción que se realiza desde la misma interfaz de gestión, en las opciones disponibles en la raíz de la consola.
Por último, para que todo funcione correctamente hay que configurar los equipos de usuario para que pidan su configuración IP al servidor, simplemente indicando en las propiedades de TCP/IP que obtengan estos parámetros automáticamente.

Traducir los nombres
Una vez que los ordenadores disponen de la dirección IP, ya pueden operar perfectamente en la red. Ahora bien, cuando el usuario accede a un recurso, no lo hace indicando una dirección, lo hace referenciando el nombre de la máquina donde se encuentra ese recurso: \\Servidor\recurso o servidor.dominio.dominio. Para que los nombres dados a los equipos puedan funcionar es necesario algún mecanismo que traduzca esos nombres a direcciones IP, verdadera identificación de los ordenadores en TCP/IP. Esta labor de traducción es el cometido del servidor DNS, Domain Name Service.
Una red que no tenga instalado un servidor DNS funcionará sin mayores contratiempos, puesto que este servicio no es la única forma de conseguir la resolución de nombres a direcciones IP. Un ordenador puede conseguir esta traducción, bien consultando su propia tabla (el archiconocido fichero Host), o bien preguntando a todos los equipos de la red, mediante broadcast. Ambos mecanismos son perfectamente válidos para conseguir este propósito, pero no ofrecen los mejores resultados de rendimiento y gestión. El servidor DNS incrementa el rendimiento de la red, puesto que los

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