| Artículos | 01 MAR 2004

Administración de redes (I)

Tags: Histórico
Estrategia
Juan Bláquez.
Tradicionalmente, en la gestión de la red informática no hay una clara diferenciación entre el soporte y la administración. Lo que importa es que el sistema funcione. Bajo esta premisa, el soporte se convierte en la actividad fundamental y muchas veces única de sus técnicos. Sin embargo, en la práctica, cualquier red que prescinda de la administración sólo consigue dispersar los esfuerzos del soporte, elevar los gastos de mantenimiento y, lo que es peor, perder la confianza y buena imagen de los usuarios en su informática.

Limitarse a conjugar los distintos componentes implicados en la conectividad de una red sin más esperanza que la de que el sistema funcione es una filosofía de trabajo temeraria para cualquier administrador de sistemas. Rara es la red en la que sus técnicos no se pasan el día saltando de un ordenador a otro, solucionando pequeños y grandes problemas como buenamente creen más conveniente. Son ordenadores donde se instalan o dejan de instalar programas o servicios sin criterio sobre su necesidad, configuración y aprovechamiento, mientras los usuarios utilizan su PC y otros recursos como mejor les viene en cada momento. En ese afán de que las cosas funcionen ya, no se entran a valorar los distintos aspectos implicados en la gestión de la red y las necesidades se cubren derrochando tiempo, esfuerzo y dedicación, por lo que a nadie extraña que los “informáticos” tengan horarios eternos y siempre estén ocupados, mientras los usuarios perciben el ordenador, no como una herramienta de productividad, sino como fuente de innumerables inconvenientes en su manejo.
Los fabricantes de software suelen tener en cuenta la problemática asociada a la gestión de redes y suelen desarrollar sus programas para que contribuyan a facilitar las tareas de mantenimiento, cuando no diseñan programas específicos para realizarlas. Sin embargo, una buena gestión de red no consiste en instalar y utilizar herramientas que faciliten la labor. Un factor de mayor importancia que estos programas para una administración cómoda, está localizado en disponer de un plan claro de gestión que oriente el trabajo de los técnicos y, por qué no, de los usuarios. Elaborar y aplicar una estrategia que fije criterios de administración y manejo de los distintos aspectos de la gestión informática permite reducir considerablemente el trabajo diario e identificar cuáles son las necesidades reales a cubrir, distinguiendo lo importante de lo urgente.
A muy pocos administradores de sistemas se les escapan las ventajas de trabajar según un plan. Pero la mayoría de ellos piensan que el establecimiento de una estrategia de gestión es sólo adecuada para grandes redes, donde resulta imprescindible para que puedan funcionar y que, además, pueden permitirse el lujo de invertir en las herramientas que les permiten implementarlo. Las redes modestas no tienen por qué renunciar a estos beneficios, puesto que una estrategia de gestión debe indicar qué se quiere hacer. Cosa distinta a como se hace, donde tienen que ser considerados los recursos disponibles. Un plan de gestión puede establecer que todos los ordenadores de usuario tengan la misma configuración de programas. Otra cuestión es cómo conseguir esa uniformidad; se puede adquirir un programa que se encargue de clonar ordenadores a partir de un modelo, utilizar las herramientas de sistema operativo que incluyen este tipo de funcionalidades o, simplemente, redactar un documento esquemático que utilizará como guía el personal encargado de esta función, en el que se describa cuáles son los programas a instalar y los parámetros de sus configuraciones. Una facilidad, como se ve, que no tiene por qué ser exclusiva de entornos complejos, ni requiere desorbitadas inversiones de dinero tiempo o esfuerzo.
Indudablemente, los beneficios de una administración conducida por directrices no son inmediatos. Requiere de una inversión mínima de tiempo y trabajo para identificar las características del sistema, conocer las herramientas que se pueden aplicar, establecer las pautas que mejor se adapten al entorno y diseñar los métodos para ponerlo en práctica. En este sentido, desde estas páginas proponemos una breve serie de artículos que intentarán descubrirle las áreas de gestión básicas, tomando como base las redes Windows 2000/2003 y las herramientas que incorpora para facilitar y mejorar su gestión. Lógicamente, por razones obvias de espacio, no es posible profundizar todo lo que sería deseable en cada una de ellas y el propósito de cada artículo será dar las pistas necesarias para que el lector pueda tomar conciencia de estas ventajas, entrar en contacto con las herramientas que tiene disponibles y que le sirva de punto de partida para su particular implantación.

Reducir esfuerzo
Con la idea de aplicar una gestión sensata, el primer objetivo que conviene alcanzar es simplificar el esfuerzo necesario para realizar las tareas. En las redes fundadas bajo la tecnología Microsoft se puede optar por organizarlas como grupo de trabajo o como dominio. Ambos modelos permiten la perfecta compartición de servicios y recursos en la red, pero con distinta filosofía. La decisión de adoptar uno u otro modelo afecta directamente al modo en que debe realizarse su administración y al esfuerzo que hay que emplear en su mantenimiento, por lo que en la estrategia de gestión que se estudie resulta ineludible sopesar los efectos que tendrá la aplicación de cada uno de estos modelos.
En una red de grupo de trabajo, los ordenadores se interconectan compartiendo unos servicios y recursos que deben ser manejados independientemente unos de otros, en cada equipo. Esto no ocurre en una red articulada en torno a un dominio, que conforma un área de administración única para todos los elementos que lo componen, ya sean equipos o usuarios. Los servicios y recursos pueden administrarse desde un único punto y los usuarios definidos pueden operar frente a cualquiera de ellos. Definido el usuario de dominio Jlopez, el usuario podrá iniciar sesión en cualquier equipo del dominio y acceder a cualquier recurso disponible en el sistema, según los privilegios que se le hayan otorgado. Esta circunstancia no se da en una red organizada como grupo de trabajo, donde el usuario Jlopez sólo podrá iniciar sesión o acceder a los recursos de los equipos en los que se haya definido dicha cuenta. Como se puede observar en la Tabla A, una red según el modelo de trabajo en grupo implica un mayor esfuerzo de cara a establecer una administración cómoda, sobre todo en lo que se refiere a operaciones triviales, como puede ser la gestión de usuarios y grupos, la gestión de contraseñas o la asignación de permisos a ficheros, por poner algunos ejemplos inmediatos.
La diferencia de esfuerzo para gestionar la red desde un dominio frente a un grupo de trabajo es notoria, puesto que desde un dominio Windows 2000, con el Directorio Activo se dispone de herramientas específicamente diseñadas para proporcionar esa comodidad. En el grupo de trabajo, aun siendo la misma plataforma, esas herramientas no están disponibles y llegar a emularlas sólo sirve para derrochar unos bríos que bien pueden emplearse con mejor aprovechamiento en conocer la filosofía y manejo del Directorio Activo, un componente que cada vez toma más importancia en las redes Microsoft.
En el Directorio Activo, a diferencia del dominio NT, los usuarios y equipos se orga

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