| Artículos | 01 MAR 2001

Adictos a la Red

Tags: Histórico
Fco.Javier Pulido.
La aparición de Internet como medio de información y comunicación masivo en los últimos años de la década de los 90 ha provocado una adopción de nuevas formas de vida que hasta ahora no se conocían, llegándose a comparar este momento histórico con la llegada de la imprenta.

La introducción de la tarifa plana y la multiplicación del parque de los ordenadores personales a nivel mundial ha propiciado que Internet haya perdido su antiguo papel de herramienta de investigación en las universidades para convertirse en el eje de la vida de muchas personas, puesto que permite tres posibilidades -búsqueda de información individualizada, socialización y comunicación interactivas, y válvula de escape ante determinadas situaciones-, que no se habían dado nunca en un medio de estas características.
Sin embargo, desde el momento en que Internet empezó a adquirir fama mundial, hubo un nutrido grupo de psicólogos y sociólogos que alertaron sobre los efectos negativos de la Red, pronosticando un incremento aterrador de adictos a Internet. Nace así el IAD o Internet Addiction Disorder, a partir de una lista de correo moderada por Ivan Goldberg en 1995. El concepto es adoptado por la doctora Kimberly Young en su libro “Internet Addiction: the emergence of a new clinical Disorder”. Según la doctora Young, el IAD se define a partir de los criterios diagnósticos del DSM-IV para el Juego Patológico. En este sentido “se describe un trastorno de características adictivas/compulsivas caracterizado por la existencia de tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia”. Sin embargo, el desarrollo de esos estudios ha ido paralelo al de la propia Red, por lo que, cinco años después, no parecen demasiado fiables, siendo en parte provocados por la obsesión de hablar de nuevas drogas de los 90 o del siglo XXI. En el polo contrario, existe un número indeterminado de personas que han reconocido haber sido despedidas del trabajo o abandonado los estudios como consecuencia del uso abusivo de Internet. La polémica sobre si la Red crea o no adicción está servida.

Elementos adictivos en la Red
Existe un consenso general entre los expertos en Nuevas Tecnologías en cuanto a la identificación de los elementos potencialmente adictivos en la Red: compras a través de la Red, cibersexo, chat y juegos online.
En el primero de los casos, a diferencia de lo que sucede en otros países no hay motivo para pensar que las compras a través de la Red puedan generar en nuestro país una cantidad considerable de adictos. Según la encuesta realizada por la Asociación para la Investigación de los medios de comunicación (AIMC), el número de usuarios que reconocía haber comprado algún objeto mediante Internet en 1999 era de un 39,4%. Aunque esta tendencia sigue en aumento, se puede considerar al internauta español como un comprador esporádico, puesto que sólo el 10,4% de los usuarios reconoce haber comprado cuatro o más artículos online.
En cuanto a la adicción a las páginas de carácter pornográfico, un estudio realizado en el año 2000 por psicólogos de las universidades de Stanford y Duquesne estimaba que 200.000 internautas eran adictos al cibersexo en Estados Unidos. Sin embargo, una lectura más atenta del informe demostraba que estaba basado en un test realizado online a 13.500 navegantes, con tan sólo 10 preguntas. Según este estudio, pasar más de 11 horas semanales visitando las más de 8.000 direcciones pornográficas de la Red puede ser considerado como adicción al sexo a través de la Red. En este punto, psicólogos españoles como Fernando del Río matizan que la adicción al cibersexo no existe, sino que la Red es, simplemente, un medio para desarrollar adicciones. En este sentido se expresan autores como el profesor Echeburúa que, aun admitiendo casos de adicción a Internet por sí mismos, consideran que en la mayoría de los casos sólo se trata de un lugar donde alimentar adicciones latentes. También se pone en duda en los últimos tiempos que el tiempo medio de exposición a estas páginas sea fiable. En la mayoría de los casos las páginas de carácter sexual o pornográficas son páginas de pago o que requieren sistema de verificación, que no muchos usuarios se atreven a aceptar por miedo a la seguridad de las transacciones electrónicas. Así, después de las primeras semanas en las que se buscan recursos de carácter gratuito, surge cierto desencanto.
No todos los recursos que ofrece actualmente la Red tienen la misma capacidad adictiva. Son los juegos en Red y los chats los elementos potencialmente más peligrosos. ¿Qué los hace tan atractivos? En el caso de los chats se trata de salas estructuradas según temas comunes a los usuarios de un canal. El hecho de que se mantenga cierto anonimato (se accede con un “nick” o apodo), provoca que se produzca cierta desinhibición y se establezcan rápidamente relaciones afectivas.
Si bien es cierto que hay un número de usuarios que merece ser estudiado, lo cierto es que el chat puede ser un medio de reforzar personalidad y ampliar círculos (muchos de los usuarios hacen “quedadas” donde se conocen en persona). El límite parece encontrarse situado entre el uso intenso de la tecnología y las consecuencias negativas de la misma. Según el doctor Estallo, asistimos a un fenómeno similar al que ocurrió con la irrupción de los juegos. Ciertas personalidades experimentan al entrar en chat una fascinación inicial que hace que los tiempos de conexión se disparen. En la mayoría de los casos, el efecto suele desvanecerse pasados unos meses, y el usuario, bien reduce drásticamente su uso, bien abandona el chat.

Síntomas de la adicción
Al ser la aparición de Internet posterior a la edición del DSM-IV, no se reconocen de manera científica en España una serie de síntomas que pudieran delatar la presencia de la adicción en una persona. A pesar de que los estudios realizados a nivel internacional coinciden en establecer como síntoma inequívoco de adicción a la Red el tiempo pasado por los cibernautas frente a la pantalla, no parece existir consenso en cuanto al número de horas de conexión que puede ser considerado “normal”, y las cifras fluctúan, desde las 19 horas semanales señaladas por Víctor Brenner como promedio del grupo de usuarios patológicos a las 8,5 horas por semana propuestas por Morahan-Martin y Schumaker.
El psiquiatra Ivan Goldberg en 1995 fue el primero en establecer un conjunto de criterios para considerar a una persona adicta a Internet. Entre ellos están: necesidad de incrementar las cantidades de tiempo de conexión a Internet para aumentar la satisfacción; síndrome de abstinencia, acompañado de propósitos incumplidos de controlar el uso de Internet; inversión de una gran cantidad de tiempo en actividades relacionadas con la Red (descarga de nuevos programas de chat, organización sistemática del material descargado, etc.); reducción de las actividades sociales, ocupacionales o recreativas; y uso constante de Internet a pesar de ser fuente de problemas en el entorno (abandono de familiares o amigos, privación de sueño o sentimiento de pérdida de control).
Otro de los intentos para el diagnóstico de la adicción a la Red corre a cargo de David Greenfield, que en su cues

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