| Artículos | 01 OCT 2000

Acceso a Internet vía Satélite

Tags: Histórico
Javier Cáceres.
Tras ADSL y las redes HFC (de cable), aparece un nuevo jugador en la escena del acceso a Internet a alta velocidad tanto para usuarios profesionales como para PYMES: el acceso a Internet vía satélite. Desvelamos los pros y los contras de esta tan novedosa como interesante tecnología.

Los satélites artificiales tienen su origen, como tantos otros desarrollos tecnológicos, en la famosa guerra fría que mantuvieron la URSS y EE.UU. desde el final de la segunda guerra mundial hasta bien entrada la década de los 80. Como sucediera en la mayoría de los casos durante ese período, fueron los soviéticos los que se adelantaron a los americanos en este campo tecnológico. El 4 de Octubre de 1957, desde la base de Baikonur en Kazakhstan fue lanzado el primer satélite artificial de la historia: el famosísimo Sputnik. A este lanzamiento siguieron réplicas americanas y contrarréplicas rusas durante un tiempo. Esta situación se mantuvo hasta que a algún visionario se le ocurrió que los satélites artificiales podrían tener aspiraciones más altas que las de emitir un tan eterno como inútil “bip-bip” del espacio a la tierra.
Desde los 60 hasta nuestros días, se han lanzado satélites de todo tipo (científicos, meteorológicos, militares, de comunicaciones, de televisión, etc.), hasta llegar a los cientos que hoy planean a miles de kilómetros por encima de nuestras cabezas. La base de la utilidad de los satélites radica en que situados a tal altura pueden recibir o recopilar datos para luego retransmitirlos a una amplia área geográfica que se conoce como superficie de cobertura o huella. Es decir, si queremos distribuir una señal en un territorio, no tenemos que ir instalando repetidores cada cierto número de kilómetros. Una estación de enlace y un satélite son suficientes. Concretamente, los satélites de telecomunicaciones y televisión reciben información proveniente de la estación de enlace situada en la Tierra, la filtran, la amplifican y la retransmiten de nuevo al área que cubre debido a su posición. Las antenas parabólicas de los suscriptores del servicio habrán de ser más grandes cuanto más alejadas del centro de la “huella” se encuentren. Tales antenas reciben la señal de alta frecuencia, la convierten en una señal transportable de menor frecuencia y la envían a través de un cable al receptor adecuado, el cual demodula la señal en forma de secuencias de vídeo, audio, datos, o cualquier combinación de los tres.
En la actualidad los satélites que retransmiten la señal de canales de televisión han demostrado más que sobradamente su rentabilidad y eficacia. En el mundo se cuentan por cientos de millones las empresas y hogares que reciben todo tipo de contenidos desde más allá de las nubes. Si bien fue inicialmente una tecnología muy cara para el mercado doméstico, la progresiva popularidad que fueron alcanzando las plataformas de televisión vía satélite (a menudo de pago), han acabado reduciendo el coste de los receptores y el resto del material preciso a un límite más que asequible. Para recibir la señal de un sistema de satélites, la antena parabólica ha de estar correctamente orientada al punto donde se supone se encuentran en el cielo. A este punto se le suele hacer referencia en coordenadas (por ejemplo, para Europa, los satélites Astra se localizan en 19,2º Este). En el Viejo Continente operan principalmente tres familias o sistemas de satélites: Astra, Eutelsat e Hispasat. Éstos, aparte de emitir contenidos audiovisuales, comienzan a ofrecer soluciones de conectividad IP. Con un simple módem, una tarjeta de satélite y una cuenta en alguno de los proveedores de Internet vía satélite, si bien no vamos a mejorar la velocidad a la que enviamos datos a la Red, vamos a poder recibirlos a la increíble velocidad límite de 2 Mbps. Todo ello a un precio mínimo.

De analógico a digital
El elemento clave de todo satélite de comunicaciones es el transpondedor (transponder). Si cuenta con alguna experiencia previa en el campo de la televisión por satélite, es posible que lo haya oído nombrar con anterioridad, pues es un término muy común. Un transpondedor es un elemento que forma parte físicamente de la estructura del satélite. Se podría decir que es el corazón de todo satélite de comunicaciones: la unidad de recepción-emisión. Una especie de “caja” que recibe una señal de la estación de enlace en tierra, convierte tal frecuencia a su frecuencia de emisión que posteriormente envía de nuevo a toda su área de cobertura en tierra (huella). Cada satélite va equipado con un determinado número de transpondedores, normalmente entre 10 y 25 unidades. A su vez, el tipo de transpondedor y la potencia van relacionados con la frecuencia base a la que emita. Los hay de banda KU (los más comunes), L, C, e incluso KA (ver tabla de bandas). Sobre la frecuencia base, cada transpondedor dispone de un ancho de banda, que no es más que un rango de frecuencias. A mayor rango de frecuencia, mayor capacidad de transmitir información sobre ese “canal”. Lo normal es que cada transpondedor disponga de un ancho de banda que oscila entre los 33 y los 72 MHz.
Conceptualmente, los satélites actuales siguen recibiendo y emitiendo señales en alta frecuencia, tal y como lo hacían los primeros modelos. Lo que sí ha cambiado estos últimos años es el formato de esa “onda” que transmiten, pasando de ser una señal analógica pura y dura a, como no podría ser de otro modo, seguir siendo una señal analógica, pero en este caso conteniendo toda la información precisa en formato digital. Las transmisiones de TV “analógicas” vía satélite requieren del orden de 27 a 36 MHz para transmitir vídeo y audio en una frecuencia modulada (FM). Esto satura la capacidad (ancho de banda) de los transpondedores del satélite rápidamente. A medida que creció la demanda y por tanto la oferta de nuevos canales de televisión y radio, la industria del satélite concluyó que tenía que encontrar un método para sacar más provecho al ancho de banda disponible. La solución pasaba por codificar tanto datos como secuencias audiovisuales con un sistema de compresión eficiente. Se acabó optando por definir un estándar para todo lo relacionado con la transmisión de contenidos en formato digital (DVB), que establecía MPEG-2 como estándar para la compresión de vídeo y audio digital.
Esto planteó en su día no pocos problemas, todos ellos resueltos en uno u otro punto del estándar DVB del que hablaremos más adelante. El primero y más importante era la integridad de la señal. Las transmisiones vía satélite son inherentemente ruidosas. Aun a riesgo de caer en excesivos tecnicismos, no podemos dejar de destacar el excepcionalmente complejo sistema de modulación definido por DVB-S. El sistema físico elegido para la generación de la onda (modulación) es el QPSK (Quadrature Phase Shift Keying). Su funcionamiento es demasiado complejo y describirlo en profundidad escapa a los objetivos del presente artículo. Baste saber que su finalidad es transformar ceros y unos en una onda analógica sobre una frecuencia determinada. Como esa onda puede sufrir múltiples variaciones debido al ruido, los datos que se codifican i

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