ACTUALIDAD | Noticias | 03 JUL 2017

Los desconectados, o cómo ir en busca del tiempo perdido en Internet

¿Vivir desconectados de Internet y las Redes Sociales nos hará más felices? ¿Hay una tendencia cada vez mayor hacia un modo de vida más lento, donde los móviles y la conexión wifi quedan en un segundo plano?
desconectados
Patricia Figuero

¿Qué pasaría si nos desconectáramos por completo de Internet? ¿Si dijéramos adiós a las redes sociales? ¿El ego virtual en peligro de extinción, likes en caza y captura, mensajes de S.O.S. enviados por morse a los amigos de toda la vida?

¿Qué pasaría?
Se han hecho experimentos sobre el tema. Hasta se habla de una nueva tribu urbana, Los Desconectados, en ese intento por etiquetarlo todo, hasta lo que no quiere ser capturado. En realidad, más que de una tribu se trata de una tendencia. O quizá un deseo surgido de aquellos que han comprendido que pasaban demasiado tiempo en Internet o mirando su móvil o interactuando con personas a las que apenas conocían. Atrapados en las nuevas tecnologías, alejados de la vida real. Y ahora han decidido apartarse de eso y conectarse con ellos mismos, con su gente, con la alegría del tiempo lento y el cálido abrazo. Así de simple.

Los llamados desconectados (aunque yo, más bien, les llamaría vividores) son personas de entre 29 y 45 años que han dicho basta. Gente que se ha hecho algunas de las grandes preguntas: ¿Dónde sucede la vida? ¿Qué es lo que realmente me hace feliz? Y que han decidido buscar las respuestas más allá de Internet. 

Enric Puig, profesor de Filosofía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) es autor del libro "La gran adicción". En él reflexiona sobre ese enganche insano a Internet, presentando además casos de personas que han decidido desconectar y lograr ser más felices. En palabras del propio Puig: "cuando el usuario medio abre su teléfono o su navegador, todo responde a la misma lógica subyacente: enviar información a no se sabe muy bien quién y recibir información de no se sabe muy bien quién. Compartir. Pero cuando compartimos somos trabajadores sin salario para un jefe anónimo, generamos contenido para las plataformas y, por tanto, tráfico y visitas. Esa vorágine engancha". 

Precisamente, los desconectados son conscientes no solo de que Internet engancha, sino también de la comercialización que se produce con los datos de los usuarios. Un negocio del que se niegan a formar parte.

En su nueva vida de carne y hueso, estas personas suelen hacer uso de teléfonos móviles de la "Prehistoria Tecnológica" que únicamente sirven para llamadas telefónicas y mensajes de texto. Han restringido el uso de Internet a tareas básicas como chequear su cuenta bancaria, realizar la declaración de la Renta o consultar su correo electrónico. Lo curioso de todo esto es que muchos de ellos dicen haber estado enganchados a la tecnología (video juegos, redes sociales, etc.). Ahora afirman que no pretenden alejarse de la vida social y, de hecho, aseguran que su desconexión voluntaria no les ha apartado de sus relaciones familiares y sociales ni perjudicado en el mundo laboral, sino todo lo contrario.

Además, tampoco se trata de desconectarse para irse a vivir al campo o hacerse ermitaño y retirarse a una montaña sin agua corriente ni luz eléctrica. En su mayoría, los desconectados son gente de ciudad, nativos digitales que aseguran que se han apartado de Internet principalmente por salud mental.

En general parece que esta tendencia hacia una vida en slow motion está ganando adeptos. Es lo que tiene tomarse un café con la vida o compartir una charla intensa, cara a cara con alguien. En Francia, sin ir más lejos, apoyan esta idea y, desde el pasado 1 de enero, los franceses tienen derecho a desconectarse fuera del horario de trabajo. Se trata de una de las nuevas medidas de la polémica reforma laboral, aprobada precisamente para acabar con el estrés. Según datos del 2012, los últimos publicados, en el país galo un 20% de la población vive desconectada, casi un 4% lo hace de manera voluntaria, afirmando que los principales motivos para ello provienen de cuestiones de privacidad y por agotamiento de su vida virtual.

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